Opinión
La expropiación del Bauen

El último día de las sesiones ordinarias, el Senado aprobó con 39 votos a favor y 17 en contra la ley que declara de utilidad pública y sujetas a expropiación las instalaciones del edificio del Hotel Bauen, y su entrega en comodato a la cooperativa de trabajo que lo gestiona desde 2003. Esta ley no sólo representa un paso muy significativo para la continuidad y el desarrollo de la cooperativa –que enfrentaba el riesgo de un inminente desalojo–, sino también un importante reconocimiento al rol social desempeñado por las empresas recuperadas. 

En marzo de 2003, un grupo de ex trabajadores del Bauen, acompañado de movimientos de empresas recuperadas y otras organizaciones sociales, puso manos a la obra con el objeto de recuperar el tradicional hotel de Callao y Corrientes, que había cerrado sus puertas a fines de 2001. Con el correr de los meses, los trabajadores fueron reacondicionando el hotel, que de a poco iba recobrando vida. A la par, el pequeño grupo inicial de trabajadores se fue expandiendo, llegando a conformar un colectivo laboral de alrededor de 130 personas. Así, la cooperativa lograba reabrir el hotel y recuperar puestos de trabajo. 

Fueron años duros, de trabajo y de lucha. De invertir trabajo y recursos en el hotel, de organizar de un modo autogestivo el servicio, y de innovar con nuevas actividades sociales, educativas y culturales. En este marco, el Bauen dejó de ser un hotel más y se transformó en un espacio abierto al encuentro de organizaciones sociales, en un foco de vida cultural y política alternativa, en un verdadero emblema de las luchas populares. Desde el primer día, trabajar supuso luchar para evitar el desalojo, las clausuras y lograr la tenencia formal del inmueble. A través de los años, sus trabajadores apelaron a la movilización, a la solidaridad de una multiplicidad de actores sociales, a la lucha en el plano judicial, a la presentación de diversos proyectos de expropiación, entre otras estrategias. A pesar de concitar una amplia legitimidad social, el Bauen no lograba conseguir la tenencia formal del hotel. Recién sobre el final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se consiguió la media sanción de la expropiación consensuada entre diversas fuerzas políticas, sobre la base de un proyecto del diputado Carlos Heller (PSOL), y es este proyecto el que el pasado 30 de noviembre, logra su aprobación en el Senado.

La ley aprobada establece la expropiación de las instalaciones –junto a los bienes muebles y la marca– y su entrega en comodato a la cooperativa para que continúe con la actividad productiva y la generación de puestos de trabajo. Pero además pone como condición que los trabajadores continúen y amplíen la realización de actividades culturales, artísticas, sociales y educativas en el establecimiento; y dediquen una parte de los servicios hoteleros al turismo social y a dar cobertura a derivaciones médicas de jubilados y pensionados de todo el país que requieran traslado a la Ciudad. En el Senado, el bloque de Cambiemos votó en contra. Se escucharon argumentos referentes a un supuesto gasto elevado para un negocio de pocas personas. Claro está que dichos argumentos hablan más de quien lo dice que del objeto de la discusión. Sólo poderosas anteojeras sociales pueden ver al Bauen desde la óptica de la ganancia empresarial. Se trata de una experiencia de trabajo autogestionado, que ha logrado preservar y recuperar puestos de trabajo, pero también dar a ese hotel una función social y solidaria, que la ley aprobada se propone consolidar. Con relación a los fondos necesarios para ejecutar la expropiación, la ley establece que la misma se pague con los créditos contraídos oportunamente y nunca cancelados por los dueños originarios –quienes reclaman la restitución del inmueble– con el ex Banco Nacional de Desarrollo (Banade). Estos créditos habían sido otorgados durante la última dictadura para la construcción del hotel.

En estos días la expropiación del Bauen debe ser promulgada por el presidente Macri. Sus antecedentes no convocan al optimismo. Para muestra basta un botón, o dos. Durante los últimos años de su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, vetó sistemáticamente múltiples leyes de expropiación de empresas recuperadas. Más recientemente, y ya como Presidente de la Nación, vetó la ley antidespidos. No obstante esto, en un momento en el cual el mismo Gobierno reconoce la emergencia social, ¿cómo vetar una ley que no hace más que darle continuidad y consolidar una experiencia exitosa para enfrentar el desempleo? Experiencia que, por cierto, se contrapone a los resultados de las políticas económicas en curso, que han agudizado el desempleo y empeorado la situación social. El Gobierno señala recurrentemente que procura la “pobreza cero” y que sabe aprender de sus errores. A casi un año de haber asumido, la promulgación de la ley de expropiación del Bauen a favor de sus trabajadores y –a través de estos– a favor de la sociedad toda, es una buena oportunidad para que Macri demuestre si existe el tan ponderado aprendizaje.  

* Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas, Instituto Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA).