Este miércoles se realizará la última edición del ciclo “Bancate ese defecto”, una tertulia para degustar vinos muy peculiar que se realiza hace algunos meses en el bar Bandera Blanca, una joya que refulge en la ciudad de La Plata.
La historia del bar
A Bandera Blanca lo fundaron Johanna Zánzero, que es filósofa y cocinera, y Julio Ferrand, que es diseñador y lleva adelante la gestión. Le pusieron ese nombre en honor a la canción de Franco Battiato y a otra de sus pasiones, la música. La primera locación del bar fue dentro de un centro cultural, pero hace un año que ya cuentan con local propio.
La Plata, relatan ambos, se caracteriza por ser una ciudad donde la cultura independiente tiene mucho lugar. Ambos se conocieron en centros culturales y vienen del rubro artístico. Los unían sus gustos estéticos, desde la literatura hasta el cine y la música. Pero para ellos, faltaba en la ciudad un lugar que ofertara una propuesta gastronómica menos tradicional.
“Queríamos ofrecer algo conocido, pero con un toque distinto, diferente. Que te diera ánimos de probar cosas nuevas” explica Ferrand. Fue así que, sin saber mucho del rubro, pero siendo disfrutadores del buen comer, decidieron emprender la tarea de fundar un lugar parecido al que les gustaría ir. Ya van tres años desde que decidieron emprender la aventura y buscan nunca quedarse quietos.
Les gusta decir que se dedican a la cocina joven. “La idea es descontracturar la cena, no se trata de pedir un solo plato, si bien tenemos esa opción, sino de compartir y probar distintos sabores. Recuperar el diálogo en la mesa sobre la comida”, explica Zánguero, que está a cargo de la propuesta gastronómica.
Trabajan con productos de estación y proveedores de la Provincia. Los quesos llegan desde Junín, los productos de charcutería de Carlos Casares, las frutas y verduras son del corredor frutihortícola de La Plata. El aceite de oliva lo hacen traer de Mendoza. “Nos interesa mucho la materia prima, que sea de la mejor calidad posible. Obviamente trabajamos con lo que está disponible en cada estación”, agrega Zánguero y explica que buscan conectarse con los distintos productores y ahorrarse los intermediarios. “Una aprende mucho de los productores, va más allá del asunto comercial”, dice Zánguero.
Ambos buscan que su bar funcione como “la casa de un amigo”. Logran que el ambiente invite a la confidencia, el festejo, el disfrute y a la buena charla entre los que se van haciendo habituales. Están muy atentos a que la música y la iluminación sean protagonistas de la velada. Los platos hacen foco en las conservas, los fermentos y los encurtidos. “La idea es poder recuperar algunas técnicas que se fueron perdiendo, sobre todo en la mesa argentina”, explica la cocinera.
Uno de sus platos característicos es el bone con papas, que es un bife de chorizo con unas papas triple cocción. Otra de las estrellas del menú es el espiral de ravioli, pastas rellenas de papines andinos con maní acompañados con una salsa de bagna cauda. Hay opciones vegetarianas, veganas, y hasta menú infantil de calidad, como las salchichas con puré (artesanales de puro cerdo). El flan también es vitoreado por muchos por su untuosidad, ya que se lo cocina a muy baja temperatura para que el huevo cuaje lentamente y guarde cremosidad.
“No venir del rubro gastronómico nos hizo conservar cierta originalidad involuntaria, donde nos permitimos hacer y jugar con platos, ingredientes y estilos de cocina que por ahí no estaban tan expresados acá en la ciudad a diferencia de en Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Nos hizo hacer una carta ambiciosa y con el tiempo fuimos encontrando el equilibrio. Muchos de los platos son reversiones de platos clásicos A la bandera, como decimos nosotros” explica Ferrand, aunque también lejano a snobismos aclara que la comida es comida y puede gustar o no gustar, que no hay teorías, ni miradas esquivas. La apuesta es que la gente pruebe y comente, que se armen discusiones y charlas.
El glamour del barrio
Con esa misma esencia surgió “Bancate ese defecto”, un ciclo de degustaciones de vinos particulares en formato de cata. El título se los dio el tema de Charly García y pareciera hacer mucho sentido con el momento actual, donde se tiende a esconder todo el tiempo la falla, hasta tachar lo particular. En las redes sociales solo hay lugar para lo perfecto, lo bello y lo equilibrado, y todo termina pareciéndose, se le deja de sentir el gusto. Es por eso que desde Bandera Blanca decidieron entonces realizar un ciclo para cuestionar “lo defectuoso”.
En el evento se descorchan entre cinco y diez vinos que escapan a las convenciones. Guardados, de bodegas boutique, imposibles y extintos. Acompañados de una selección especial de la carta. “Es una degustación libre, un tanto anárquica, donde nosotros en una mesa para solo ocho personas elegimos vinos que no tenemos en carta, pero tratamos de que sean defectuosos a los términos estandarizados de lo que conocemos. Eso no significa que sean vinos malos, sí puede pasar que los sabores, los estados o el tiempo de evolución de los vinos no sean los que estamos acostumbrados en el paladar, entonces eso no da pie para mucha charla. Las reuniones son íntimas e informales. Nosotros no somos expertos en vinos, solo grandes degustadores. Solemos invitar a gente más propia del mundo del vino. Productores locales, distribuidores, sommeliers, etc”, cuenta Ferrand, quien agrega que todo vino merece una posibilidad.
La propuesta busca destruir el sentido común que se arma a veces en torno a que un vino más caro, por ejemplo, es mejor, o más viejo, o de tal bodega. Ellos buscan sorprenderse junto a los asistentes, ya que los vinos no los prueban antes. “Es una forma de mantener el paladar abierto a la sorpresa y lo heredamos de las épocas en que, por ejemplo, revolvíamos bateas buscando libros o discos usados y nos maravillabamos con algo que estaba fuera del radar”, dice Ferrand. Al convocar un grupo, logran que se vuelva más accesible “tomar”, en toda su acepción, esos riesgos sin perder un dineral.
El ciclo lo organizan Ferrand junto a Joaquín Guillén, un amigo del bar. La “cata” se acompaña de un picoteo “fuerte” en donde también van presentando distintos platos y maridándolos con la charla y la bebida. “El diálogo es parte de nuestros objetivos. No solo para que la gente elogie o se encante con el vino, sino para que pueda descubrir o conocer que existen otras cosas. La diferencia es ya un buen punto de partida para cualquier debate”, concluye Ferrand.
El ciclo tendrá su última edición este miércoles a las 20hs en Bandera Blanca Bar, en Calle 15 esq. 47, La Plata.
El bar se puede visitar de miércoles a sábado de 19 a 01. La carta y las propuestas culturales se pueden consultar a través de sus redes sociales en @banderablanca.bar.