Opinión
Robo de la voluntad popular

El papel de los medios de comunicación antes, durante y después del proceso electoral en Honduras no es para nada sorpresivo. Su desempeño cuasi terrorista, de manipulación y creación de matrices nutridas de rumores y embustes, se produjo con la puntualidad de un mecanismo de relojería suizo.

Esos medios publicaron por meses encuestas falsas, que le daban a Juan Orlando Hernández ventajas de hasta 20 puntos, que pretendían posicionarlo como presidente antes del proceso. Estos mismos medios se alinearon con la campaña de terror varios días antes de las elecciones, dirigidos por JJ Rendón, Otto Reich, Robert Carmona y otros sicarios de la opinión pública, para provocar el abstencionismo entre la población.

Esos medios callaron el hecho de que el espurio Tribunal Electoral dejó sin votar a miles de hondureños, cerrando las urnas apresuradamente el día de la elección, y, además, ante el retraso en los datos oficiales, publicaron resultados de una boca de urna que daba ganador a Hernández por 10 puntos, para promover el desaliento entre los simpatizantes de la alianza.

Podemos afirmar que la derecha continental montó en Honduras una enorme “operación psicológica” en este país, para crear la percepción de un ganador distinto al electo por las mayorías. Ahora bien, todo esto es normal en nuestra América Latina, donde somos muy proclives a creer en la canalla mediática; lo extraordinario es que la victoria inobjetable de la Alianza de oposición contra la Dictadura.

Por supuesto, el asunto está lejos de encontrar una salida, el pueblo sigue manifestándose en todo el país, mejorando sus formas de lucha y adquiriendo más flexibilidad en sus estructuras organizativas. Ante esto, el régimen ha respondido con bestialidad, con un saldo de 15 víctimas mortales, asesinadas por las fuerzas represivas del Estado.

Mientras la cacería humana continúa, el pueblo incrementa la lucha. Al mismo tiempo, el Partido de gobierno infiltra saboteadores en las manifestaciones que se dedican al saqueo, mientras los medios gritan frenéticamente que se está destruyendo la sacrosanta “propiedad privada”, pero no mencionan a los caídos, mucho menos se refieren a sus asesinos, que deambulan por las calles del país como jauría sedienta de sangre.

En un ambiente marcado por la persecución, la violencia criminal del régimen, y la manipulación mediática, la victoria de la Alianza es algo extraordinario, pues en ella se marca una batalla total entre el golpismo bipartidista, la derecha más brutal de Washington, y las víctimas del golpe de Estado que han soportado la calamidad por ocho años.

Además, se reivindica la figura histórica de Manuel Zelaya Rosales quien, a pesar de los ataques furiosos y sostenidos de toda la derecha del continente, mantiene vigente una lucha sin precedentes al lado del pueblo hondureño, en esta tierra que los yanquis quieren de portaaviones, y que los hondureños queremos como patria en paz y para todos.

Es importante que los pueblos latinoamericanos vuelvan los ojos hacia Honduras en este momento. Del mismo modo que aquí iniciaron la ola de Golpes de Estado contra gobiernos populares, están inaugurando una nueva forma de robo de la voluntad popular, que ya podemos anticipar aplicarán en muchos de los procesos electorales de la región en los años venideros. De muchas formas, la lucha del pueblo hondureño es hoy la lucha de todos.

* Analista político hondureño.