El discurso del capitalista
Deseo loco y voraz

“La gente lo avala” (Dicho por el hermano de una detenida al azar por la Gendarmería durante la represión del jueves 14)

“La necesidad de creer es una de las semillas de la desgracia” (Del Jaján Ben Israel en Herejes, de Leonardo Padura)


Lo explicitó y practicó Durán Barba: las pasiones y sentimientos pueden más que los argumentos. “Con los maestros no”. “Con los abuelos, no”. Más allá de que apoyos políticos y grados de popularidad resulten zigzagueantes en la opinión pública, por estos tiempos es constante una modalidad de estructuración discursiva, de lazo social dominante, hegemónico. Lacan la llamó “discurso del capitalista”. Su resultado se traduce en simpatías políticas, en ganar voluntades y avales. En la cultura implica la captura por el poder hegemónico de las subjetividades: sus perspectivas morales, ética, y vitales.

Para ejemplo, un botón, un diálogo corriente. Un joven nos dice:

–Nunca fui a votar o fui y anulé el voto.

–¿Y por qué?

–No les creo. Todos te van a cagar. No creo en los políticos.

Interviene otro con razonamientos que prometen reflexión, profundidad, y sobre todo un extenso discurso persuasivo...

–Pero yo no creo, no les creo.

Voy a explicar brevemente desde mi perspectiva cómo opera la creencia y su relación con los anhelos. Y luego planto un postulado, tal vez polémico, sobre el funcionamiento del discurso capitalista y la subjetividad neoliberal:

Mi postulado:

El discurso capitalista queda comandado por un deseo loco y voraz, apoyado en la orden inequívoca de un amo obsceno y feroz. El resto de plus de gozar que produce va consumiendo al sujeto de ese deseo. A diferencia de los tiempos en que Marx explicó la plusvalía, el trabajador no pierde goce, sino que ese goce “desnaturalizado” lo pierde a él mismo como sujeto.

Ahora me explico. En primer lugar voy a plantear el mecanismo de la llamada desestimación o renegación, imprescindible para que el discurso capitalista se imponga sin necesidad de un régimen totalitario. En segundo lugar desarrollo el lugar del sujeto y el del amo en el discurso del capitalista.

1. Sobre la creencia: sin crédulos, el discurso del capitalista no funcionaría: resulta imprescindible la implicación del deseo del sujeto. Ahora se llama “posverdad”.

Según Octave Mannoni, a quien sigo en esta explicación, el fenómeno de la creencia abarca también a la magia y a la superstición. Tiene que sobrevivir al “desmentido de la experiencia”. Su sostén es el deseo, no la fe. Si la realidad desmiente al deseo y el deseo subsiste es que alguien es su garante: periodista, mago. Está gobernada por las leyes del inconsciente, no hay pedagogía ni argumento contra la creencia. La propaganda funciona en base a la creencia subjetiva.

“No hay creencia en la magia, sino magia de la creencia” (O. Mannoni). Es decir, primero opera un repudio de la realidad, no admitir la realidad que sin embargo se conoce. Luego la impostura no aparece como tal sino que recae sobre el crédulo: “¿vos creés?” Sin crédulos la llamada “manipulación” no funciona.

2. Sobre el sujeto del discurso del capitalista. Postulé más arriba a un sujeto de un deseo loco y voraz. Voy a citar al Maestro (Lacan), respondiendo a M. Safouan, durante el seminario del 10/6/19641.

“Comprenda que el objeto del deseo es la causa del deseo, y este objeto causa del deseo es el objeto de la pulsión, es decir, el objeto en torno al cual gira la pulsión. (...) No es que el deseo se enganche al objeto de la pulsión, el deseo da la vuelta a su alrededor, en tanto que accionado en la pulsión. Pero todo deseo no está forzosamente accionado en la pulsión. También hay deseos vacíos, deseos locos...”

Por ejemplo, un deseo accionado en la pulsión podría ser el de dedicarse a la pintura, como el personaje de la novela “Herejes”, actividad prohibida por la religión judía rabínica. Por ejercerla fue excomulgado en 1648. Un deseo loco es el de la pareja del Banco, Marcos y Claudia: comienzan por desear un vestido y compran, compran, cada vez más, ahora ya están por sacar un crédito hipotecario para comprar una casa.

Entonces ese deseo loco está agenciando el discurso, lo comanda. Su verdad es esa voz, en nuestro ejemplo, que le dice que no olviden lo que son, son los de tal Banco y no otra cosa. No hay varias formas de interpretar esa orden de ser, o mirá si fueras destapador de cloacas. ¡No! Sos eso (se escribe S1, uno insensato, uno Amo). Es por eso que postulo que se trata de la orden obscena y feroz del Amo, no se presta a equívoco ninguno y no puede satisfacerse jamás con nada. Una de las caras del Amo se llama Mercado. Máximo beneficio para el capital financiero. 

Y ¿por qué someterse a esa orden, por qué dejarse tomar por un deseo loco? Hay una fuente de angustia, diría de terror en la época en que vivimos. Lo sepamos o no, es algo así como lo fue la excomunión, verse exiliado de la tribu humana, convertirse en un cadáver flotando en el mar o en un mendigo deambulando por una ciudad ajena. Es la exclusión. 

Por terror a la exclusión de la sociedad (de consumo), el sujeto se ve llevado a consumirse.

* Psicoanalista. Autora de Niños y analistas en análisis. El tren de los adolescentes, con G. Díaz. Conductora de Cosa de locos. Radio Asamblea   FM94.1 

1. Lacan, J.: Sem. 11, Barral Editores, 1977. Pág. 247.

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