La trayectoria del partido Propuesta Republicana (PRO) constituyó una novedad en la política argentina. En el libro Mundo PRO. Anatomía de un partido fabricado para ganar, los investigadores Gabriel Vommaro Sergio Morresi y Alejandro Bellotti explican que el “PRO es un partido armado de retazos: diferentes razones produjeron la unión de dirigentes de entidades tradicionales como el Partido Justicialista (PJ) y la Unión Cívica Radical (UCR), líderes de otras –minoritarias– como la Unión del Centro Democrático (UCD) y Acción por la República (AR), técnicos y profesionales de fundaciones y ONG, y hombres de negocios que seguían a Mauricio Macri desde el mundo empresario”.

Los dirigentes primigenios gustan definirse como creadores del primer partido político del siglo XXI. De acuerdo con esa visión, el PRO es muy distinto a las alternativas tradicionales. El macrismo sería moderno, pragmático y desideologizado. Precisamente, una de las acusaciones al gobierno anterior era su extrema ideologización. Ese tipo de artilugio discursivo no es nuevo. La caída del Muro de Berlín multiplicó los mensajes políticos que calificaron a la ideología cómo “pieza de museo”. Sin embargo, la cosmovisión ideológica (como el sol) siempre está. Leonardo Boff dice que ella es como la sombra: siempre nos acompaña.

El famoso teólogo brasileño explica que “cada grupo social o clase proyecta una ideología, una visión general de las cosas. La razón es que la cabeza piensa a partir de donde pisan los pies. Si alguien tiene los pies en la favela, tiene una cierta idea del mundo y de la sociedad. Si alguien tiene los pies en un apartamento de lujo junto a la playa, tiene otra idea del mundo y de la sociedad. Conclusión: no solo el individuo, sino también cada grupo social o clase, elaboran inevitablemente su visión de la vida y del mundo a partir de su lugar social. Cada ideología personal o social, así como todo saber, tiene intereses detrás, no siempre explicitados”. Estos diferentes intereses provocan conflictos de mayor o menor intensidad, en todo tiempo y lugar.

En ese sentido, la direccionalidad de las políticas públicas refleja con claridad la ideología del mundo Pro. La reducción del peso del Estado, desregulación económica, apertura comercial, menor participación de los trabajadores en el ingreso (bajo el pretexto de una mayor competitividad), flexibilización laboral, son todos ítems que integran el menú neoliberal.

En otras palabras, “las políticas que lleva adelante el gobierno de Mauricio Macri son políticas de derecha, que es cómo se las llama en todo el mundo”, como dijo Beatriz Sarlo. La afiliación del PRO a la organización internacional que nuclea a los partidos conservadores (la Unión Demócrata Internacional -UDI-) no es una casualidad. 

El ex presidente Néstor Kirchner imaginaba un sistema político argentino estructurado alrededor de dos grandes coaliciones: una de centroizquierda y otra de centroderecha. El patagónico concebía al peronismo como eje estructurador de la centroizquierda, dejando a Macri el rol de líder del otro polo. El actual presidente argentino supo ocupar ese espacio. El panorama no está tan claro del otro lado del espectro político 

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@diegorubinzal