Como el dos por uno para reducir la condena de los asesinos, en mayo de 2017, el caso del criminal masivo Miguel Osvaldo Etchecolatz se parece cada vez más a un gran test. Pone a prueba la reacción social, el criterio para administrar justicia y con qué instrumentos se planta cada sector frente a la primera línea de los jefes de la dictadura. A ese test se puede incorporar una novedad: el fallo de Casación que cuestionó –de hecho– los argumentos para sostener la legitimidad de la prisión domiciliaria.

Etchecolatz no fue una pieza cualquiera de la represión. Revistó como uno de los principales oficiales de Inteligencia del país. Ocupó la Dirección de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Dirigió nada menos que 29 campos de concentración y sus respectivas patotas. Pertenece a una fuerza que, en democracia, nunca terminó de ser reformada. Y articuló su poder con el de un grupo de civiles, entonces jóvenes de treinta y tantos años, que luego mantuvieron su influencia en democracia. Uno de ellos es Roberto Durrieu padre, fiscal de la provincia de Buenos Aires cuando el general Ramón Camps era el jefe de la represión y en democracia presidente del llamado Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Una ONG privada y exclusiva que reúne a los grandes estudios y hoy opera junto al sector más duro del gobierno de Mauricio Macri.

La Cámara Nacional de Casación Penal llegó al fallo sobre Etchecolatz mediante su sala de feria, integrada por los jueces Alejandro Slokar, Juan Carlos Geminiani y Carlos Mahiques. En el fuero penal la Casación es la máxima instancia. 

Los camaristas fallaron ante un recurso presentado por el defensor público coadyuvante Daniel Carlos Ranuschio luego de que el Tribunal Oral en lo Criminal número 6 de la Ciudad de Buenos Aires no hiciera lugar a un pedido de excarcelación Los jueces del TOF 6 son Julio Panelo, José Martínez Sobrino y Herminio Fernando Canero.

La Casación tuvo en cuenta un criterio: cualquier resolución que niegue la exarcelación puede resultar equiparable “a sentencias definitivas”. La explicación es que “pueden ocasionar un perjuicio de imposible reparación ulterior al afectar un derecho que exige tutela judicial inmediata”. Una resolución restrictiva limita la libertad del imputado antes del fallo final de la causa. 

Después de aclarar esa postura jurídica, Slokar, Geminiani y Maquiques consideraron que el recurso en favor de Etchecolatz “no logra rebatir” lo dispuesto por el TOF 6. Aquí va la cita que la Casación hizo de la posición del tribunal oral 6: “Las particulares características y trascendencia de los graves delitos por los cuales ha sido requerida la elevación a juicio del encausado Etchecolatz hace presumir a los suscriptos la existencia palpable de un peligro de fuga o un entorpecimiento en el desarrollo de la causa (en caso) de aceptar la soltura del nombrado, poniendo en peligro la actividad procesal cumplida hasta el momento”. 

Recordó la Casación lo que a su vez recordó el TOF 6: todavía deben prestar declaración cien testigos. 

Etchecolatz entre otros delitos carga con el secuestro de los adolescentes de La Noche de los Lápices, seis de los cuales no aparecieron nunca. 

Cuando su defensa le había pedido al TOF el cese de la preventiva, el tribunal contestó que las circunstancias eran las mismas. Y agregó: “Adoptar, en este estado del proceso, un temperamento distinto al que se viene arribando sobre las medidas coercitivas de la libertad de los imputados, implicaría aumentar considerablemente la posibilidad de que aquellos riesgos procesales verificados en cada caso para mantenerlos cautelarmente detenidos, adquieran todavía mayor virtualidad”. 

El objetivo del tribunal era “conjurar cualquier eventualidad que impida el normal desenvolvimiento del proceso”.

La alusión de los jueces de Casación a “las particulares características y trascendencia de los graves delitos” de Etchecolatz se produce justo pocos días después de que los redactores de esa frase, los jueces del TOF 6, resolvieran permitir la prisión domiciliaria de Etchecolatz en una casa de Mar del Plata. Lo hicieron el 27 de diciembre y desataron un vendaval.

La excarcelación no es lo mismo que la prisión domiciliaria pero “las particulares características y trascendencia de los graves delitos” suenan como argumentos pertinentes para ambos casos. 

En cuanto a la fecha, Etchecolatz parece haber buscado encontrar a las querellas con las defensas bajas. O con las querellas bajas. 

Violencia

PáginaI12 pidió su opinión al titular de la Procuraduría de Crímenes de Lesa Humanidad, Jorge Auat. 

Auat respondió que las presentaciones las encabezará la fiscal Ángeles Ramos, quien asumió la acusación en el juicio que libra el TOF 6 contra Etchecolatz por 125 delitos de lesa humanidad en la División Cuatrerismo de La Matanza y la comisaría primera de Monte Grande. 

En términos generales el procurador especializado se preguntó si existe la infraestructura suficiente para controlar la prisión domiciliaria, porque no es una excarcelación, si el riesgo personal está despejado cuando no hay agencia federal ni provincial en condiciones de ejercer el control y si está claro el régimen y el tipo de visitas y el régimen y el tipo de uso de telefonía e Internet. 

–El caso de Etchecolatz es emblemático –dijo Auat a este diario.

–¿Por qué emblemático?

–Porque integró el primer plano de los represores de la dictadura

–¿En casos emblemáticos se agrega, en su opinión, algún componente especial?

–Sí. ¿Cuál es la finalidad de la pena? Lo preventivo desde el punto de vista histórico. Evitar que la sociedad olvide. Ayudarla a que no olvide. Se habla a veces de reconciliación, pero con impunidad no hay reconciliación. La impunidad es parte del olvido. Deja de prevenir la repetición de algo. 

–¿Este tipo de cosas no pone en tensión al propio Derecho?  

–Por supuesto que sí. Y es natural que así sea. Entonces, dentro de esa tensión, yo me pregunto: si deshumanizo el proceso judicial en un caso como el de Etchecolatz, ¿no me estaré olvidando del tratamiento emblemático para figuras como la suya? ¿No me estaré olvidando del valor humanista de la prevención? Etchecolatz ejerció la violencia desde su puesto de director de Investigaciones en la Bonaerense. Habría que interrogarse si Etchecolatz en su casa no es una nueva forma de la violencia. 

Hitler

“Mientras Jorge Julio López permanezca desaparecido y el Estado no determine la verdad de lo que le ocurrió, la prisión en una unidad penitenciaria del ex comisario Etchecolatz es imprescindible”, señaló el Centro de Estudios Legales y Sociales en una de las tantas discusiones por la domiciliaria para el represor, en 2016. Añadió el organismo de derechos humanos: “Una de las líneas de la investigación sobre la desaparición de López involucra a Etchecolatz, quien además tuvo actitudes provocadoras relacionadas con la desaparición de López durante las audiencias de otro juicio. Además, cuando estuvo detenido en su domicilio en 2006, al ex comisario se le revocó el arresto domiciliario por la tenencia de un arma de fuego”.

“Jorge Julio López secuestrar”, decía un papel que Etchecolatz puso ostensiblemente sobre su rodilla antes de que le leyeran la sentencia a perpetua por el campo de concentración de La Cacha, en 2014. El testigo López había sido secuestrado en 2006.

Condenado a 21 años de prisión en 1986 por los 91 delitos de tormento cometidos como mano derecha de Camps, jefe de la Policía Bonaerense, el comisario general Etchecolatz quedó libre por el fallo de la Corte Suprema que aplicó la Ley de Obediencia Debida de 1987. Después del período de impunidad que siguió a las causas de los comandantes en 1985 y del circuito Camps en 1986 fue condenado por tormentos, desapariciones y asesinatos.

“Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos”, dijo Mariana Dopazo, que fue su hija y en 2016 consiguió en la Justicia el cambio de apellido. “Cada vez que él volvía de la Jefatura de Policía de La Plata, nos encerrábamos a rezar en el armario con mi hermano Juan, para pedir que se muriera en el viaje”, escribió en una carta difundida a través de la revista La Garganta Poderosa. 

“Es como si Hitler estuviera preso y lo liberásemos porque se convirtió en un viejito de ochenta y pico”, dijo antes de una de las marchas masivas de Mar del Plata Rubén López, hijo de Jorge Julio López.

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