La reunión con los rusos

El 26 de mayo de 2017, el día antes de que la comitiva presidencial regresara de su primer viaje al exterior, el Washington Post publicó que durante la transición presidencial, el yerno de Trump Jared Kushner y el embajador de Rusia Sergey Kislyak habían discutido, por pedido de Kushner, la posibilidad de que los rusos montaran un canal privado de comunicación entre el equipo de transición y el Kremlin. El diario citaba a “funcionarios de EE.UU. con conocimiento de informes de inteligencia”. El bando Jarvanka (Jared y su mujer Ivanka Trump) asumieron que la fuente era Steve Bannon. Parte de la ya profunda enemistad entre la Primera Familia y sus aliados contra el equipo de Bannon era el convencimiento de que Bannon había sido una fuente importante en la información sobre los encuentros de Kushner y los rusos. En otras palabras, esto no era una mera interna político sino una pelea a muerte. Para que Bannon viviera, Kushner tenía que ser totalmente desacreditado, acusado, investigado, posiblemente condenado a prisión. A Bannon todo el mundo le decía que era imposible ganarle a la hija y el yerno del presidente electo, pero él no ocultaba su satisfacción porque él iba a lograrlo.

En el despacho oval, frente a su padre, Bannon atacó a Ivanka abiertamente. “Vos”, le apuntó con el dedo mientras Trump miraba, “sos una mentirosa de mierda”. Las amargas quejas de la hija, que en el pasado habían limado de Bannon, esta vez fueron contestadas por el padre con ecuanimidad. “Te dije que esto iba a ser duro, nena”.

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“La posibilidad de que Don Jr (el hijo mayor de Trump) no haya llevado a esos tipos a la oficina de su papá en el piso 26 son exactamente cero”, dijo un asombrado y despectivo Bannon poco después de que se supo de la reunión con los rusos. “Las tres personas más senior de la campana”, siguió diciendo Bannon sin terminar de poder creerlo, “pensaron que era una buena idea tener una reunión con un gobierno extranjero en la Trump Tower, en la sala de conferencias del piso 25, y sin abogados. No llevaron abogados. Hasta si uno no cree que esto es traición, antipatriótico o una pelotudez, y yo creo que es todo esto, uno tiene que llamar de inmediato al FBI. Y si uno no quiere hacer eso, si uno es totalmente amoral, si querés la información de los rusos, los ves en un hotelito en el campo, mandás tus abogados a que escuchen y revisen, y luego ellos le cuentan verbalmente a otro abogado que haga de intermediario, y si vos ves que hay algo que sirve lo filtrás en un sitio como Breitbart o en alguna otro medio más convencional. Vos nunca lo ves, vos nunca estás, porque no hace falta que vayas...”

“Pero esos son los cerebros que tienen...”