Petr Václav presenta su película Zaneta, que tuvo estreno mundial en Cannes

“Quería entender el alma de esta gente”

El film del director checo se adentra en las dificultades cotidianas de una joven pareja perteneciente a la etnia romaní, una de las más maltratadas en medio del actual brote xenófobo que azota a Europa.
“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav.“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav.“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav.“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav.“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav.
“Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine”, dice Petr Václav. 
Imagen: Guadalupe Lombardo

Petr Václav se graduó en la Escuela de Cine y TV de Praga, filmó varios documentales en los 90 y debutó en el terreno de la ficción con Marian en 1996. Aquel relato sobre los avatares de un chico gitano que termina en un orfanato le valió el reconocimiento de la crítica y le abrió las puertas para rodar un par de películas más. La última de ellas, Paralelní svety, fue el paréntesis de apertura de una larga pausa que recién concluiría en 2014 con Zaneta. Lanzado internacionalmente en Cannes, y con arribo a la cartelera comercial argentina anunciado para mañana jueves, el film se adentra en las vivencias diarias de una joven pareja perteneciente a la etnia romaní, una de las más maltratadas en medio del actual brote xenófobo que azota a toda Europa, República Checa incluida. El realizador dialogó con PáginaI12 en medio de una visita al país cargada de actividades. La agenda incluyó, además de la presentación de su anteúltimo film (acaba de estrenar We Are Never Alone en Toronto), una participación como jurado en el recientemente culminado Festival de cine de Europa Central y Oriental Al Este del Plata y la búsqueda de locaciones en Ushuaia y Cabo de Hornos para un proyecto sobre el que prefiere no adelantar demasiado.
“Me enteré que en las afueras de Praga había algo muy parecido a los pogroms. En la tele se veían muchas personas yendo hasta allá para insultar. Entonces pensé que tenía que hacer algo porque sabía que nadie lo haría en República Checa. Hay que aclarar que los romaníes no son una minoría allá. Con todo lo que está pasando no los aceptan en ningún lado, no les dan trabajo e incluso muchos los odian sin motivo alguno”, responde Václav cuando se le pregunta por los orígenes del proyecto. Zaneta es el título de un film que bebe de las fuentes del cine social y de aspiraciones realistas de los hermanos Dardenne, con Rosetta como máxima e ineludible referencia, y también el nombre de una jovencísima mujer romaní cuyos días son un auténtico suplicio. En pareja con David y a cargo de una hija y una hermana preadolescente, recorre oficinas públicas en busca de asistencia, batalla por un empleo digno e intenta salvaguardar una economía familiar al borde de la asfixia.
–Los protagonistas no sólo no tenían experiencia previa en cine, sino que la mayoría de ellos ni siquiera son actores. ¿Cómo dio con ellos?
–Estuve dos meses moviéndome y conociendo gente romaní para interiorizarme en el asunto. Escribí el guión muy rápido mientras empezaba un proceso de casting que finalmente duraría siete meses. En ese período vi a miles de hombres y mujeres, y finalmente me quedé con Klaudia Dudová, que hace de Zaneta y era una mujer muy fuerte que yo sabía que estaba a la altura de las circunstancias. Lo mismo me pasó con David Istok. Primero fue una especie de magnetismo y la sensación de que ellos podrían hacerlo porque tenían la voluntad y muy poco miedo de aceptar el desafío. Fue una mezcla de herramientas, capacidad y algo que no me puedo explicar. 
–Zaneta tiene una tenacidad en línea con la del protagonista de su primer largometraje de ficción. ¿Le gustan los personajes fuertes?
–Seguro. Me gustan los personajes complejos y ambivalentes, pero para literatura. En cine, en cambio, me atraen los personajes fuertes. No los superhéroes ni nadie que haga cosas extraordinarias, sino gente con fortaleza que busca manejar sus propios destinos.
–Tanto David como Zaneta van una y otra vez a distintas oficinas públicas y en todas son maltratados. ¿Buscó reflejar una falta de contención?
–Sí, cuando estuve ahí noté una voluntad evidente para sacárselos de encima. Incluso vi una circular que explicaba a los empleados cómo deshacerse de esa “gente molesta”. Ellos dicen que si querés asistencia, tenés que estar, por ejemplo, a las 11 de la mañana en una oficina, pero si llegás más tarde suponen que es porque estás trabajando y no necesitás el apoyo, así que te lo sacan. Pero para estas personas es muy difícil porque se mudan o tienen que tomar muchos colectivos y no pueden pagarlos. Es pura burocracia: hay que ser muy organizado para que te lleguen a dar algo.
–Todos los personajes se mueven en una delgada línea entre lo legal y lo ilegal. Sin embargo, el film nunca toma partido sobre sus acciones. 
–Me parecía muy importante no caer en maniqueísmos y limitarme a observar sus vidas y sus dificultades. La película es en cierto sentido una crítica a la sociedad y a algunos comportamientos de los romaníes, pero como director no puedo juzgarlos; eso ya lo hacen los diarios y el resto de los medios. Quería entender el alma de esas personas. Para mí eso era lo único importante.
–¿Esa idea de entender por sobre juzgar viene de sus orígenes en el terreno documental?
–Puede ser, pero hay que tener en cuenta que “documental” no implica necesariamente entender, y a mí me interesaba eso. En ese sentido, hay una larga tradición de películas de propaganda. Yo quería abolir los límites entre lo documental y la ficción, quería ligarlos.
–Zaneta marcó su regreso a la dirección después de una pausa de trece años, y desde entonces filmó otras dos películas en dos años. ¿Por qué ese ritmo tan irregular?
–Me cuesta explicármelo a mí mismo. Después de mi segunda película tuve muchos problemas para producir, hasta que hice Zaneta y encontré un buen productor que me permitió filmar tres películas de forma muy rápida. Yo ya tenía algunos guiones escritos durante ese parate, así que pude ponerme en marcha. Uno no hace una película solo. Si uno no tiene una buena respuesta, falló; pero si conocés a la gente adecuada, de pronto podés trabajar. Debería haber elegido ser escritor, pero me gusta demasiado el cine.

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