Una literatura para Internet

Imagen: Editions Grasset, 2014

François Bon descubrió Internet en el año 1996, cuando el último grito de la tecnología era el fax y eso que hoy se conoce como la red apenas era un experimento de nerds y de iniciados. Así, entre discados, señales de llamada y chillidos previos a la conexión, al autor le llevó pocos meses crear su propia web: la bautizó Remue y luego Tiers Livre, y desde entonces en ahí donde sucede lo más importante de su trabajo creativo.

La página, dedicada a la literatura, fue uno los primeros sitios online en Francia y uno de los pioneros en publicar materiales sobre libros y escritores. Desde entonces, Bon reflexiona y trabaja sobre la idea de una literatura propia para la red. Pero no solo sobre eso.

Desde www.tierslivre.com <http://www.tierslivre.com/>, el autor de Daewoo maneja un repertorio de actividades que incluyen la ezdición de libros, el dictado de talleres de escritura, la tutoría personal de escritores jóvenes, la lectura interpretativa de H.P. Lovecraft, un resumen de noticias, recomendaciones de “cine, performance, música y otras curiosidades” y un largo etcétera. Por un pago único de 30 euros, las puertas de ese universo de letras digitales se abren de par en par.

¿Existe una literatura para Internet?

  —La paradoja de la publicación en Internet es que, lo que se refiere a la escritura, no cambia. Aún tenemos documentación, notas, correspondencia, que siempre han sido patrimonio del escritor, además de la materia de su trabajo cotidiano, muchas veces documentado como en Flaubert, Kafka, o las miles de cartas que quedan por Proust o Lovecaft, o las 7000 fotografías dejadas por Zola. Ahora bien, lo que cambia es la posibilidad de publicación instantánea, progresiva, y que incluye diferentes componentes importantes: trabajar con la fotografía, el cine, la voz, el propio cuerpo. Si bien estas no son novedades, el libro las opacó por su restricción técnica de objeto impreso. Ahora, la publicación en Internet nos abre este espacio fascinante. ¿También se le pregunta a un astrofísico o a un neurólogo si cree que su trabajo puede prescindir de lo digital? La literatura siempre se ha relacionado con los usos privados de la lectura y de la escritura: hoy están en los teléfonos y en la red. Si queremos que el lenguaje sea relevante para el mundo, ahí es donde debe suceder. Sin elección y sin retorno posible.

Si el camino no tiene regreso, lo mejor es andarlo bien equipado. Bon lleva años explorando otros discursos: además de su producción casi diaria de videos, la fotografía digital comenzó para él también como una web (Tumulte), derivó en un libro publicado en 2006 y hoy en día capitaliza buena parte de su actividad en las redes sociales. Su cuenta de Instagram (fbon) es frondosa y la de Facebook (bonperso) alterna breves noticias sobre su actividad docente con registros fotográficos que compone sobre todo durante sus viajes y desplazamientos.

No le gusta cuando lo definen como “pionero de la literatura en línea”, pero no abundan los casos de hombres o mujeres de letras que trabajen a la vista del lector: Bon comparte sus proyectos, publica sus borradores, recibe comentarios, abandona páginas escritas para recuperarlas luego. Todo eso en público, sin renunciar, claro, a la publicación tradicional. 

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