Nacido hace 52 años en Santa María, una ciudad del Estado de Rio Grande do Sul, Paulo Pimenta es diputado nacional del Partido de los Trabajadores, cargo que ocupó por primera vez en 2003, cuando Luiz Inácio Lula da Silva estrenó su mandato. El PT le encomendó ser el contacto con los comités de solidaridad en el exterior. En el caso argentino no se puede quejar: pasó por Buenos Aires para inaugurar el Comité Argentino de Solidaridad con Lula y una semana después ya se formó el Comité Argentino de Solidaridad Lula Presidente. 

“¿Sigue sin haber Plan B?”, le preguntó PáginaI12 a Pimenta en una oficina de la Central de Trabajadores Argentinos. 

“Hay. Solo que el Plan A es Lula, el Plan B es Lula, el Plan C es Lula, el Plan d es Lula...Y no es solo una decisión electoral. Aceptar una elección sin la participación de Lula sería admitir la criminalización. Legitimaríamos unas elecciones que desde nuestro punto de vista serían un fraude. A la vez, nos quitaría legitimidad en la denuncia del golpe.” 

De la primera reunión con Pimenta participaron, entre otros, el anfitrión Hugo Yasky y su compañero Pedro Wasiejko, el ex canciller Jorge Taiana, el ex ministro de Trabajo Carlos Tomada, el ex vicepresidente Amado Boudou, los diputados  Daniel Filmus y Guillermo Carmona, la ex embajadora Alicia Castro, los parlamentarios Mercosur Oscar Laborde, Fernanda Gil Lozano, Edgardo Esteban y Julia Perié, el rector de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo Nicolás Trotta, el latinoamericanista Jorge Rachid y la dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Teresa Piñero. La mayoría de ellos volvió a reunirse el viernes último en la UMET, con el añadido del dirigente docente Roberto Baradel y del ex embajador en el Vaticano Eduardo Valdés. 

Laborde, organizador del comité, dijo a este diario que harán un acto en Buenos Aires con Pimenta en el que hablará Lula por videoconferencia, que participarán de la caravana lulista en Sao Borja el 21 de marzo y que estarán presentes cuando se encuentren Lula y el ex presidente uruguayo Pepe Mujica en Santana do Livramento y Rivera el 21 de marzo. Unos días después, el 26, realizarán un seminario internacional sobre la democracia en la región con la presencia de Lula en Foz do Iguazú. 

–¿Tienen estimaciones de cuánto alcanzaría el voto en blanco si Lula no fuera aceptado como candidato?

–Podría llegar hasta el 70 por ciento. Y obviamente los candidatos obtendrían un porcentaje bajo, quizás por debajo de un 10 por ciento cada uno.

–Hoy el ultraderechista Jair Bolsonaro aparece con un 16 o 18 por ciento de intención de voto. 

–Pero no consigue ser el candidato de los golpistas. Están en problemas: cualquier presidente electo con el 70 por ciento de votos blancos y nulos no tendría ninguna autoridad. Si no hay una elección verdaderamente libre, si el proyecto vencedor no conquista ese derecho mediante el voto, la crisis se hará cada vez peor. Las elecciones suponen un pacto de legitimidad. Reconocen el terreno común de una elección limpia. 

–Los sondeos muestran a Lula ganando en primera vuelta y ya con un 62 por ciento en el ballottage. Pero ese apoyo pasivo no parece traducirse en un respaldo masivo a escala de todo Brasil.

–¿Usted habla de movilizaciones, por ejemplo?

Exactamente.

–La sociedad brasileña fue sometida a un proceso que llevó a movilizaciones importantes que pedían el alejamiento de Dilma. Eso dejó una cicatriz muy grande. Mucha gente salió a la calle convencida de que sin Dilma habría más combate a la corrupción, crecería la economía otra vez, habría más desarrollo... Pero se vio frustrada en sus expectativas. Al día siguiente de su derrocamiento una pandilla de bandidos se hizo del poder y aumentó el desempleo. La movilización no se da en el punto que desearíamos porque hay una especie de anestesia. Quizás esa anestesia se vaya diluyendo con el tiempo y con las medidas concretas del gobierno Temer.

–Como si fuera una confrontación entre aquellas ilusiones y la realidad.

–Sí. Tal vez de ese modo se recupere el sentido de las cosas. Ahora va quedando claro que el golpe cambia la vida. Para peor. En Brasil estamos discutiendo la reforma de la jubilación. El gobierno quiere empeorar el sistema previsional. Disminuir la cobertura y aumentar los años de aportes. Cualquiera lo entiende, porque tiene que ver con el día a día de cada uno. Modificar el uso de los recursos del Présal, de los yacimientos de petróleo ubicados a gran profundidad, es una medida gravísima. Pero se entiende menos. Lo mismo pasa con las previsiones de gasto público. En cambio el tema de la jubilación es palpable y quizás aumente la capacidad de movilización y de resistencia. Le aporto otro dato al análisis sobre las movilizaciones. Brasil es muy diversificado. Sao Paulo no es lo mismo que Estados como Acre o Piauí. Y no se puede lograr la misma repercusión al mismo tiempo. Sabemos que comparado con el de la Argentina y de otros países el índice movilización deja mucho que desear. Vamos a ver si logramos que eso cambie. Lula reúne multitudes donde va.

–¿Qué cosas despierta Lula?

–En él la gente deposita confianza y esperanza. Ni hablar en el Nordeste, donde su caravana de 22 días fue una explosión popular. Hoy Lula está por encima del propio Partido de los Trabajadores y de cualquier partido. Reúne multitudes. Por eso es perseguido. Lula es la única fuerza capaz de derrotar a las élites. Si hace unos meses hubieran puesto los ingredientes en un manual de ciencia política, el pronóstico seguro habría sido la deshidratación de su capital electoral. Pero aumentó. Lula es como la masa para el pan. Cuando más la golpeás, más crece. Gana en todos los escenarios electorales, contra cualquiera. Es la gran piedra en el zapato del golpe. Y va a cumplir 72 años en octubre pero no consiguieron destruir su resistencia. 

–Al mismo tiempo, no dejan de atacarlo con medidas judiciales.

–E incluso sin pruebas. Como tiene 72 años, calculan que cualquier medida que lo deje afuera del proceso electoral será correrlo de la vida pública. Se equivocan. Su caso repercutirá cada vez más dentro y fuera de Brasil. Aumentará en la sociedad la percepción de injusticia y bajará aún más la credibilidad del Poder Judicial. 

–El plazo para la inscripción de las fórmulas vence el 15 de agosto. 

–Es así. A partir de allí se abre un plazo para impugnaciones. Siete días. Hasta podría alargarse a un mes. 

–Un mes más sería 15 de septiembre. La primera vuelta es el 7 de octubre. 

–Tal cual. Si la Justicia electoral no permite la candidatura de Lula iríamos a la Suprema Corte. El punto es que el contenido de la urna electrónica debe ser cerrado un mes antes del 7 de octubre. O sea que la cara de Lula estará presente. ¿Qué pasa si mucha gente igual lo vota el día de las elecciones, la cifra se suma a los blancos y los nulos y el porcentaje es altístimo? 

–¿Impedirá que la Suprema Corte se pronuncie?

–No, pero fallará sobre un presidente, no un candidato.

–¿Sobre un presidente electo?

–Electo, sí. Por eso decimos que el factor Lula define todo. Mire, el 20 de febrero se hará una reunión de fundaciones de varios partidos. La Perseu Abramo, que es del PT, y las fundaciones del Partido Comunista, del Partido Socialista de Brasil, del Partido Democrático Trabalhista y del PSol. Se reunirán en Brasilia para llegar a una base programática convergente. El título del documento de trabajo es “Unidad para reconstruir Brasil”. Queremos llegar a una plataforma única. 

–¿Con qué ejes?

–Una plataforma única con tres áreas básicas. La primera es la defensa de la democracia. Elecciones libres, reglas justas de financiamiento de las campañas, limitación del poder de los grandes medios, control externo del Poder Judicial. Segundo eje, defensa de la soberanía. Preservación del Présal, cambio en el sistema de venta de tierras a extranjeros. Tercer eje, defensa de derechos. Que no destruyan la jubilación y el gasto social. 

–El 7 de octubre no hay solo elecciones presidenciales. También se renueva el Congreso. ¿Qué hará el PT en ese campo? 

–Trabajar para aumentar nuestra bancada. En 2003, cuando asumió, Lula tenía solo el 20 por ciento del Parlamento. Ese objetivo confluirá con la defensa de Lula. Todo es parte de una misma campaña. Lula iniciará una gira más giras. Y se encontrará con Pepe Mujica en Santana do Livramento.

–¿Dónde estará Pepe?

–En Rivera, Uruguay. Usted sabe que la frontera entre Brasil y Uruguay es una calle de las dos ciudades.

–Y que en Santa do Livramento José Hernández escribió parte del Martín Fierro. Es una zona de integración.

–Buen punto para recordar que los procesos nunca abarcan a un solo país. Para entender Brasil hay que mirar hacia la región y hacia el mundo. Es evidente que hay un proceso de reorganización del capital internacional. Un proceso de superconcentración y cambio de reglas. Esto afecta a una zona como Sudamérica, con alimentos, el 20 por ciento del agua potable si se toma solamente la cuenca del Amazonas y 500 mil barriles de petróleo solo contando Brasil y Venezuela. Trabajaban juntos Lula, Néstor Krichner, Hugo Chávez, Cristina, Dilma, Rafael Correa, Evo Morales... Todos. Mientras tanto participaban de cursos en el exterior, recibían financiamiento y eran entrenados cientos de jueces, de jóvenes, de organizaciones no gubernamentales... 

–Los conservadores, sin embargo, están contentos. Dicen que Brasil vuelve a crecer.

–Eso pasa cuando estabas en el subsuelo. El capitalismo es un sistema de ciclos. Baja y sube. Pero endiosar la deflación como solución de la inflación es como festejar que alguien no tiene caries porque perdió todos los dientes. Aumentó mucho el número de gente que vive en situación de calle. Grupos enormes. En nuestros gobiernos ya no vivía gente debajo de los puentes de las autopistas. Ahora están llenos. No me olvido más de una de las reuniones del PT. Cuando iba para la sede, que está cerca de la Praca da Sé en San Pablo, vi un mar de gente durmiendo al aire libre a las ocho y media de la mañana. Con frazadas. Y los que duermen en la playa, en Río, llegaron a un número jamás visto. Se mueren de hambre. Ni siquiera llegan al trabajo intermitente, que ya empezó a regir. Se puede trabajar hasta un máximo de cinco horas por día, con un ingreso total de 7,50 dólares. Si se suman los trechos no se llega a medio salario mínimo por mes. Adiós jubilación o cobertura médico: los aportes son insuficientes. Y lo que no es intermitente es tercerizado. En algunos municipios no contratan profesores. Contratan horas de matemática. Eso no sale en TV Globo. Cuando fueron las manifestaciones de 2013 contra Dilma y por el transporte gratis, Globo hasta levantó su telenovela de la tarde para transmitir las noticias. Por eso creyeron que después la misma gente iba a salir a la calle a vivar a Michel Temer y a votarlo. No pasó ni de lejos. Entonces reforzaron los mecanismos judiciales ilícitos. La forma en que usan la delación premiada es como sucedía con la tortura en tiempos de la dictadura. Apresan a un sospechoso. Lo aíslan. Después apresan a la mujer y a las dos hijas. Más tarde las sueltan y dan este mensaje: “Si no entrás en la delación premiada las volvemos a encarcelar en un mes. Pensalo”. Y para colmo no se puede acordar la delación premiada con cualquier abogado. Descubrimos que hay estudios determinados, como en lo que se llama Panela de Curitiba. El que no firma con ellos no logra nada. 

–A veces los observadores argentinos de la situación brasileña dicen que al menos allá la Justicia se ocupa de todos los partidos.

–No es así. No hay ningún tucano preso. Y hay situaciones escandalosas. Prisiones domiciliarias en mansiones. Un delator de Transpetrol vive en una mansión equivalente a un siete estrellas. Otro, Paulo Roberto, reformó un sitio en Petrópolis. Otro más se aburría y pidió que autorizasen a sus amigos a que pudieran entrar para jugar tenis con él. Porque su mansión tiene cancha de tenis. Otro pidió que autorizasen a entrar gente para jugar al tenis. El ex gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, tiene que afrontar cargos en la Justicia. Que los afronte. Pero que alguien me explique por qué fue trasladado con cadenas y un cinturón de la Edad Media. O que alguien explique la muerte del ex rector de la Universidad Federal de Santa Catarina, Luiz Carlos Cancellier. Al arrestarlo lo encapucharon. Al final de la tarde lo metieron en la celda. Después lo soltaron pero le prohibieron tener contacto con cualquier otro. Fue separado de su cargo. Quedó muy mal. Un día fue a un shopping de Florianopolis y se tiró de un décimo piso.

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