En el fluir de los extraños acontecimientos que azotan a esta parte del mundo, pasan Espert y Milei diciendo que son víctimas de una operación kirchnerista, pasan gerdarmes apaleando a los viejos,
Esta semana, el Poder Legislativo nos recordó que el sistema democrático está tajeado, pero sigue funcionando a tracción política, que es la única que lo mueve.
Hace mucho que insisto, en el espacio pequeño que ocupa mi voz pública, en que hay que hablar. Hablen, no se callen, hablen, lo digo en el mismo idioma pero de muchas formas diferentes.
Ya el año pasado, Milei había dicho que antes de morirse de hambre, a la gente se le iba ocurrir algo.
Unos días antes de que los tres grandes diarios norteamericanos publicaran, esta semana, que la fiscal general Bondi le confirmó a Trump la inclusión de su nombre en los “archivos Epstein”, circuló
Desde hace un tiempo me acecha una idea que, a veces, es una imagen vertiginosamente editada: un día, todas las personas de todas las ciudades del mundo abren sus canillas y no sale nada.
Me pasan cosas con los carteles de agradecimiento que le dejan a Cristina en las paredes de su casa. Esos carteles cobijan la memoria de un país.
Siempre hay que elegir la rabia a la melancolía. El aparato de poder mafioso que nos oprime nos inculca depresión, desde Martínez de Hoz.
Cristina es una criatura humana extraordinaria, una hembra política como no se ha visto otra salvo Evita. Y como dice ella, no porque no tenga defectos.
Simplemente toman lo que quieren. Se sirven. Todo lo que existe sobre la faz de la tierra debe estar disponible para ellos. Lo tangible y lo intangible. Los cuerpos y las mentes.