PLáSTICA › GYULA KOSICE CELEBRA SUS OCHENTA AÑOS

“El futuro llegó hace rato”

Pionero de la primera vanguardia no figurativa de la Argentina, Kosice festeja sus 80, radiante y optimista.

Por Rafael Cippolini *

Sólo existe un creador en la historia del arte argentino que podría aseverar, con total certeza histórica, que su obra haya interesado y sido alabada por personalidades tan emblemáticas del siglo XX (y a la vez tan disímiles entre sí) como Jean Arp, Frank Kupka, Herbert Read, Naum Gabo, Victor Vasarely, Lucio Fontana, Giulio Carlo Argan, Mario Pedrosa, Michel Ragon, Francis Ponge, Jean Cassou, Antonio Berni, Pierre Cabanne, Juan Eduardo Cirlot, Pierre Restany, Ray Bradbury y Pierre Boulez, entre otros. Este genial escultor, poeta y teórico, nacido en Hungría, cumplió ayer 80 años. Su nombre es Gyula Kosice.
Llegó al país a los tres años, junto a sus padres, que huían de una factible guerra mundial, y sus dos hermanos. A los diez años quedó huérfano y ya adolescente descubrió, en casa de su tío, los escritos de Leonardo Da Vinci, quien se convirtió de inmediato en una figura modélica para sus intereses, ya que, desde ese momento, la mixtura de las dimensiones plurales del arte, la ciencia, la tecnología y la vida se incorporaron en la búsqueda de un orden que guiara todas sus obsesiones.
Muy a principios de los años cuarenta comenzó a reunirse en el café Rubí, de Plaza Once, con quienes conformarían en núcleo de la primera vanguardia de arte no figurativo: Rhod Rothfuss, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros; no mucho después, conocería a dos presencias fundamentales en su historia: la fotógrafa Grete Stern, con quien profundizó sus investigaciones sobre la Bauhaus y colaborara en tantos proyectos, y a Diyi Laañ, artista y poeta, el gran amor de su vida.
En el verano de 1944, en las páginas de la pionera revista Arturo, primer órgano oficial del arte concreto, Kosice, a la vez que negaba enfáticamente toda melancolía, aseveraba que el hombre conquistaría el espacio multidimensional. La crítica del momento lo recibió con absoluta indiferencia. Un año después, cuando edita Invención (publicación trilingüe), escribe: “Todo el arte moderno ha sido rebasado por la invención pura. (...) La invención no es un grito, es una disciplina que se refiere a todos los ‘tiempos’ que integran la vivencia total: Filosofía, política, física, inclusive las ciencias latentes”.
Toda su poética, cada uno de sus programas, abdican de la metáfora: la invención será lo inmediato, lo absoluto, lo posible: un presente donde ya brillan todos los futuros. Así se convierte en progenitor de la primera escultura móvil (Röyi) y de las inaugurales estructuras lumínicas realizadas con tubos de gas neón.
Hacia fines de 1945, el grupo estaba escindido: Kosice daría el puntapié inicial del Arte Madí en 1946, con el manifiesto homónimo y una exhibición colectiva en el Instituto Francés de Estudios Superiores. Desde entonces, su concepción del arte y sus obras no han dejado de transformarse y evolucionar, sorprendiéndonos en nuestra felicidad de espectadores.
Tal como oportunamente afirmó Gabriel Pérez-Barreiro, curador del Jack S. Blanton Museum of Art, de la Universidad de Texas, de los artistas que comenzaron a producir en el seno de las vanguardias concretas, “Kosice presenta la tendencia más desconcertante y atrayente de todo su grupo: la libertad de desplazamiento entre tendencias y estilos históricos sin esclavizarse a ninguno. En él existe una reacción casi biológica contra el arte tradicional, combinada con la negación de diferenciar arte y vida”.
Hacia fines de los cincuenta, ya instalado en París, Kosice avanza hacia la concreción de un manifiesto de la arquitectura del agua en la escultura. Poco después, confiesa al crítico Guy Habasque su sueño de una ciudad hidrocinética: “Opino que debería existir un urbanismo espacial, pues el actual ya está caduco. Ya en 1946 vislumbré la posibilidad de que, por una poderosa imantación del terreno, las casas y los edificios podríanser mantenidos en suspensión en el espacio e incluso desplazados en el campo de atracción. Hoy podemos imaginar algo más audaz aún: por ejemplo, ciudades en suspensión mediante un sistema de urbanización hidráulica”.
Las coordenadas de sus avances, desde entonces porveniristas, no dejaron de perfeccionarse; más adelante y al respecto, anunciaría: “Más que el ostensible uso de la cibernética, las computadoras, la informática, los satélites exploradores, los viajes interplanetarios, el hombre va dirigido hacia lo inédito. Esta es una condición esencial, viva y desafiante del ser humano. Se trataría de crear una cultura que rebase los límites de un solo proyecto definido, sin aguardar recompensas de una impredecible mitología cósmica. Probablemente en el tercer milenio pensemos a la velocidad de la luz, y al mismo tiempo nos demoremos empapados de poesía, para oír la palpitación del Universo, a paso de hombre”.
En consecuencia y consonancia con su extenso proyecto, disparados hacia un conocimiento que hace mucho deberíamos denominar kosicianoporvenirista, esto es, una forma de conocer el mundo con el firme propósito de mejorarlo, optimizando asimismo el concepto de mundo como tal, en los años inaugurales de este nuevo siglo, Kosice se sumergió por completo en la concepción de Irvé, una computadora que envía volúmenes reales ocupando el espacio. Nos lo explicita así, en lo que constituye no sólo un emprendimiento que, según el artista, pronto superará su profundidad utópica para diseñar, incluso, una novísima realidad política: “La teletransportación dejará atrás ésta, nuestra civilización de pantalla, con la diferencia de que se amplificarán las comunicaciones, la informática y todos los recursos ficcionales multimediáticos adquirirán presencia efectiva y no virtual en sus tres dimensiones. Es probable que el concepto de Estado sea reemplazado por una administración planetaria de los bienes de la humanidad”.
Durante su larga estadía en Europa, Kosice se entrevistó con muchos de los intelectuales y artistas célebres de ese momento, como Sartre, Malraux, Le Corbusier, Tzara, Giacometti, Max Bill, Munari, Pevsner, Schöffer y Varèse (producto de estos encuentros es su libro Entrevisiones, de 1985). En la mayoría de estos diálogos, Kosice les preguntaba a sus interlocutores: “¿Qué es lo que usted piensa de usted?”. Recuerda hoy que muchas de las respuestas fueron amargas, que denotaban insatisfacción. Contrariamente, y persuadido de que el futuro llegó hace rato, Kosice acaba de cumplir 80 años, radiante y optimista: “El ser humano amplificará sin simulacros lo que piensa e imagina: no morirse, ser más universo”.

* Editor de la revista de artes visuales ramona. Autor del libro Manifiestos argentinos. Políticas de lo visual 1900-2000 (AH 2003).

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Escultura articulada, de Gyula Kosice, 1946.
 
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