CONTRATAPA

Fetiches africanos

 Por Mario Goloboff *

El llamado “Renacimiento de Harlem”, el resurgir de la comunidad y el arte negros en los Estados Unidos, que estaban ciertamente aplastados hacia los años ‘20, incluyó la música, siempre en primer lugar, la literatura, la pintura, la fotografía, en un mismo haz. Tres obras literarias clave plasmaron esta nueva mirada sobre la creatividad afroamericana: Harlem Shadows (1922 ), de Claude McKay, se convirtió en una de las primeras obras afroamericanas publicadas por una editorial de alcance nacional; Cane (1923), de Jean Toomer, fue una novela experimental, combinaba poesía y prosa en historias cortas o viñetas que contaban vivencias de los inmigrantes negros en USA, en la Georgia rural, en Chicago y en Washington. Por último, Confusion (1924), la primera novela de Jessie Fauset, representaba la vida de la clase media negra desde un punto de vista femenino.

Entre los escritores, quedaron inscriptos el gran Langston Hughes, poeta y novelista (aparte de algún libro suyo que conocimos aquí, de la jugada Editorial Lautaro, dos poemas de él fueron traducidos por Jorge Luis Borges), la mencionada Jessie Fauset, editora, poeta, ensayista y novelista, Countee Cullen, poeta, el jamaicano Claude McKay, Arna Bontemps poeta; entre los músicos, Louis Armstrong, Duke Ellington, George Murphy “Pops” Foster, Fletcher Henderson, Luis Russell. Entre los plásticos, quien más se destaca es Lois Mailou Jones. Ella fue pintora, maestra, profesora, e influyó mucho, sobre todo en las mujeres negras, durante su prolongada y fructífera carrera. Nació en Boston, en 1905, de madre cosmetóloga y padre cuidador de edificios que devino abogado, entre los primeros afronorteamericanos en obtener ese título; falleció en junio de 1998, a los 93 años, y está enterrada en una isla pequeña de Massachusetts que se llama Martha’s Vineyard (con una superficie de 226 km² y una longitud de 33 km), en el cementerio Oak Bluffs. Fue una de las primeras que supo combinar formas artísticas originalmente africanas con las del arte europeo y americano. En 1953, en el sur de Francia, se casó con el artista haitiano Louis Vergniaud Père-Noel, con quien había mantenido una relación epistolar durante casi veinte años.

A principios de los ‘30, empezó a reflejar las influencias de la tradición africana. Dibujaba máscaras y en 1938 terminó una de sus obras cumbre, “Los fetiches”, óleo sobre tela que mide 64.7 x 54.0 cm, y se halla hoy en el Smithsonian American Art Museum. Se trata de una suerte de danza de máscaras, probablemente cinco, de diferentes tribus africanas, danza a la que parece convocarse y a la que se supone un ritmo autóctono, lo que acentuaría su carácter étnico. Pero lo que verdaderamente produce un giro en la carrera, en la obra y en la concepción general de esta artista es su visita a Francia y sus contactos no solo con el arte francés y europeo, y con lo que ellos estaban recogiendo del Surrealismo, sino con el mundo, los problemas y los actores del pensamiento de la “Négritude”, que venían de las colonias y de los llamados territorios de ultramar. El poeta Aimé Césaire creó el término en el número 3 de la revista L’étudiant noir, en 1935, concepto con el que pretendía reivindicar la identidad negra y su cultura frente a la francesa dominante y no pocas veces opresora, que se servía de ella en la administración colonial. El concepto fue retomado por Léopold Sédar Senghor (intelectual que con el tiempo llegaría a ser presidente de Senegal), quien lo profundizó, en el sentido de oponer el raciocinio helénico a la emoción negra.

Desde hacía tiempo, maestros y amigos aconsejaban a Lois que para seguir con éxito su carrera y su vocación debía viajar al exterior, aunque ella lo desoía. Una amiga mayor, y maestra, Meta Fuller, notable artista que había estudiado con Auguste Rodin, la entusiasmó por París. Al final, le llegó una oportunidad, no de las mejores, pero propicia, y aceptó. “En 1937 tuve mi primer año sabático en la Universidad de Howard. Ese mismo año recibí la invitación para una residencia de estudios de la Académie Julian de París. Así, el sueño que Meta Warrick Fuller y Harry T. Burleigh habían instilado en mí venía a hacerse realidad”./…/ “En la oportunidad, le pedí al Dr. Carter G. Woodson (historiador afronorteamericano de gran prestigio, periodista, fundador de la Association for the Study of African American Life and History) que me diera ilustraciones mías de sus libros y de sus periódicos, The Journal of Negro History y The Negro History Bulletin”. Llegó pues a París y tuvo la oportunidad de que sus obras se aceptaran para ser expuestas en el Salon des Artistes Français, en la Galerie Charpentier, y en la Galerie de Paris. Al recordar aquella época, comentaba: “Los franceses eran muy inspiradores. Me decían que tenía mucho talento, que era maravillosa. El color de mi piel no importaba en París, y creo que por esta y por otras razones, empecé a pensar que realmente tenía talento para la pintura”. Esa estadía le permitió también aprender a pintar “puertas afuera”, en la mejor tradición francesa, salir al campo y al paisaje, o a las calles, incorporar el aire libre a su pintura. Durante un año, produjo allí una treintena de acuarelas.

A su retorno, encuentra un clima muy cerrado y la resistencia a admitir la exposición de artistas afroamericanos en las salas urbanas, o demoras inexplicadas, incluso cuando se trata de algunos que, como ella, ganan concursos juzgados por blancos. Viaja luego a Haití, pinta entusiastamente y retorna con frecuencia al país para seguir haciéndolo y familiarizarse con la vida y el arte de ese mundo tan diferente y sometido. Hacia principios de los ‘50, su obra empieza a difundirse en todos los Estados de Norteamérica, también expone en New York y en la importante Corcoran Gallery of Art, la institución cultural de origen privado más grande de Washington D.C., (clausurada en 2014 por crisis económica). Es profesora invitada por el Centro de Arte de Port-au-Prince; son conocidas muchas acuarelas y óleos suyos inspirados en Haití; de ellos, resalta el llamativo color, y su personal apropiación y adaptación de principios del Cubismo. En 1970-1971 utiliza otro año sabático de la Universidad de Howard para viajar por catorce países africanos en los que enriquece su visión y su experiencia y, además, va construyendo un archivo de creadores africanos para la Universidad. Las pinturas Ode to Kinshasa y Ubi Girl from Tai, ambas de1972, son exponentes mayúsculos de su calidad.

Con ser importantísimas su presencia y su acción, estas formaban parte de un movimiento colectivo e internacional, compuesto por muchos focos principales y otros menos, ni siquiera concertado, ni siquiera coordinado, pero muy coherente, entre los cuales se destacaban los de la Negritud, impulsados por poetas, músicos, pintores, y aquéllos dirigidos contra la colonización francesa, o la anglo norteamericana en el Caribe. El papel que jugó Lois fue comprendido cabalmente al cabo de su larga vida y enseñanzas, y ella dio cuenta de él con estas palabras: “Lo artístico afroamericano es importante en la historia del arte, y yo creo haberlo demostrado trabajando y pintando, aquí, y por todas partes en el mundo”.

* Escritor, docente universitario.

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