DEPORTES › RIVER NO PUDO DOBLEGAR A ESTUDIANTES Y, AUNQUE ESTUVO ARRIBA EN EL MARCADOR, TERMINO EMPATANDO

Fue negocio sólo para el Pincha

El orden y la solidez del puntero del torneo, que con este resultado estiró su invicto a 20 partidos, fueron demasiado escollo para los dirigidos por Gallardo que todavía siguen lejos de su mejor versión. Alario, de penal, y Auzqui, de cabeza, los autores de los goles.

Sonó el último pitazo del árbitro Diego Abal y un pesado manto de silencio y desaliento se depositó sobre el viejo estadio de Huracán. Una multitud riverplatense fue hasta Parque Patricios en la inteligencia que el partido ante el puntero Estudiantes era el momento ideal para que el equipo de Marcelo Gallardo recuperarse aquella vieja identidad perdida. Pero nada de eso sucedió. River volvió a no jugar bien y a no poder manejar un resultado favorable. Ganaba 1-0 con un gol de penal de Lucas Alario a los 43 minutos del primer tiempo. A los 13 del segundo, Carlos Auzqui empato de cabeza para Estudiantes y de allí hasta el cierre, la inexpresividad, las imprecisiones y algunos bajones individuales invadieron la escena para desesperación de una hinchada que hace rato que no ve lo que pretende.

Estudiantes, mientras tanto, sigue sin caerse. Lleva 20 partidos sin perder, y tiene muy en claro que es lo suyo: el orden, la solidez, la aplicación y el equipo como principio y fin de todo. Al equipo de Nelson Vivas no le abundan las luces altas. Pero rara vez da ventajas y parece dispuesto a aprovechar todas las que recibe. Asi hizo su gol: el paraguayo Moreira, con la cancha al revés (debió jugar como lateral izquierdo por la lesión Casco), perdió una pelota sencilla en una salida, el chileno Jeisson Vargas ganó la línea de fondo con un pique veloz y sacó un centro al segundo palo que Auzqui, a la carrera, de cabeza mandó a la red.

Ese gol fue una rápida recompensa a la decisión de Vivas de meter mano y hacer cambios en un equipo que jugaba poco y llegaba menos y que tuvo menos salida por los costados que otras veces. A los 8 minutos, puso a Cavallaro por Solari que en el primer tiempo estrelló un cabezazo en el travesaño y después dejó de funcionar. Y un minuto antes del gol, quemó las naves y canjeó a un defensor (Aguirregaray) por un delantero (Vargas) buscando más poder arriba, donde Viatri volvió a parecer demasiado solo. A la larga, el 1-1 fue un buen negocio para Estudiantes. En ningún tramo del partido, pudo ser claramente más que River.

Y es por eso que el mismo 1-1 dejó al cuadro de Gallardo con una inocultable sensación de insuficiencia. Tuvo más fútbol cuando la pelota pasó por los pies de Gonzalo Martínez, Ignacio Fernández o los de D’Alessandro y hubo tramos del primer tiempo en los que paseó el balón a lo largo y a lo ancho del campo de juego sin que Estudiantes lo pudiera localizar. Pero ninguno de esos aportes pudo volcar decisivamente la balanza para el lado de River. Y tampoco los ingresos de Mora (por Fernández), Larrondo (por Alario) y Andrade (por D’Alessandro) modificaron la ecuación. Un remate de Mina pegó en un palo, un centro cerrado de Moreira dio en el travesaño y otro cabezazo de Mina se fue afuera por poco. O sea: River estuvo más cerca y bien pudo haber ganado. Pero dijeron tan poco sus 30 minutos finales, tan inexpresivo fue su juego, que nadie se fue de Parque Patricios impugnando la justicia de un empate que muchos vivieron, casi, como si hubiera sido una derrota.

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Driussi domina la pelota ante la presión de Schunke y Rodríguez.
Imagen: DyN
 
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