DISCOS › “WAITING FOR THE SIREN’S CALL”

Ian Curtis baila sobre su leyenda

A 25 años del suicidio del líder de Joy Division, el grupo que lo sucedió, New Order, se consolida con su nuevo CD como un clásico del tecnopop.

 Por Roque Casciero

Sucede con todos los héroes trágicos del rock, desde Brian Jones y Nick Drake hasta Kurt Cobain y Jeff Buckley: cada año que pasa desde su desaparición, el mito crece y nuevas generaciones reciben su influencia a través de quienes las tomaron de primera mano. Exactamente eso es lo que pasa en la actualidad con Ian Curtis, el cantante de Joy Division, quien se ahorcó en la cocina de su casa hace 25 años. Hoy, la semilla de la exhibición atroz que propuso en su breve carrera germina en bandas como Franz Ferdinand, Bloc Party e Interpol, cuyos integrantes iban al jardín de infantes (si es que ya habían nacido) cuando Curtis se suicidó mientras escuchaba The Idiot, de Iggy Pop. Y, por supuesto, esa semilla florece en Waiting for the Siren’s Call, el flamante retorno de New Order, el grupo que surgió de las cenizas de Joy Division para inventar el tecnopop.
¿Quién tendrá la culpa de ese traspaso generacional? La respuesta más obvia es: las canciones. En el caso de Joy Division, porque Curtis componía letras torturadas, acordes a su espíritu, que encajaban con el espíritu de la Inglaterra de Margaret Thatcher. El cuarteto que completaban el guitarrista Bernard Albretch (luego rebautizado Sumner), el bajista Peter Hook y el baterista Stephen Morris comenzó a tocar como Warsaw cuando todavía los Sex Pistols escandalizaban a los británicos, pero fue el primero en presentarle una alternativa a la decadencia del punk rock. Por eso, ya rebautizados como Joy Division (así se llamaba a las barracas de los campos de concentración en las que las prisioneras debían prostituirse para regocijo de los nazis), fueron los que pusieron la piedra basal del post punk: ya no había mugre y furia; habían sido reemplazadas por las melodías de la desesperación. Los shows de la banda eran legendarios por los movimientos espásticos de Curtis, que a menudo se confundían con sus ataques de epilepsia.
En la lápida de Curtis figura el profético título de su máximo hit: “Love Will Tear Us Apart”, el amor nos destrozará. La carrera del cantante duró apenas tres años y dejó sólo dos discos de estudio, Unknown Pleasures y Closer. Como suele ocurrir, tras su muerte apareció más material: Still, un disco con rarezas y temas en vivo, una caja con afán completista y una serie de grabaciones de conciertos, además de las compilaciones de rigor. Pero para rastrear la esencia del sonido de la banda alcanza con internarse en los dos álbumes de estudio y en la canción Love Will Tear Us Apart. Aquí, el impacto se sintió primero en ese collage de influencias dispares que fue Sumo, quienes no sólo titularon su disco debut Divididos por la felicidad, sino que tomaron debida nota del sonido del bajo de Peter Hook. Más tarde, otros músicos argentinos formaron grupos llamados Exhibición Atroz u Homenaje A Joy Division, o se contagiaron del post punk existencial del cuarteto (Don Cornelio y La Zona y, más acá, Cienfuegos y Las Pelotas).
Pero también hay otros “culpables” de que el nombre de Joy Division haya llegado con el crédito intacto hasta el presente. Tras la muerte de Curtis, a los miembros sobrevivientes se les hizo cuesta arriba seguir adelante, pero finalmente encontraron su camino como New Order. Y lo hicieron profundizando la tendencia a establecer las melodías con los teclados, mientras que la batería se ponía cada vez más mecánica. Lo que cambió drásticamente fue la atmósfera: de la opresión y la oscuridad que proponía Curtis pasaron a las luces de la discoteca. Sin embargo, los New Order siempre tocaron en vivo canciones de Joy Division, lo que las mantuvo frescas hasta el presente. El proceso desde la aparición de Joy Division hasta el éxito del tecnopop made in New Order está hábilmente recreado en la película La fiesta interminable (24 Hour Party People), de Michael Winterbottom.
En 2001, después de ocho años de silencio, New Order reapareció con un disco sólido titulado Get Ready, en el que se apartaba un tanto de las pistas de baile de las épocas de Tecnicque y Republic y se concentraba más en el formato canción. Ahora el trío repasa ambas fuentes en el flamante Waiting for the Sirens’s Call. Un disco que suena, precisamente, a un disco de New Order, sin que esto signifique dormirse en los laureles. Si ellos fueron quienes comenzaron a unir al rock con la disco, a esta altura bien podrían darse por satisfechos con su estatus de clásicos. Pero todavía lo hacen mejor que la mayor parte de sus seguidores.

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Ian Curtis fue un icono de la era post-punk.
 

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