ECONOMIA › EL MERCOSUR Y LA UNION EUROPEA SIGUEN NEGOCIANDO UN ACUERDO DE LIBERALIZACION

Una negociación comercial empantanada

Durante los últimos diez años, Europa responsabilizaba a Argentina por la falta de avances, pero ahora son los propios europeos los que se volvieron más escépticos por la crisis económica y el crecimiento de sectores proteccionistas.

Como si fuera un juego de suma cero, las gestiones entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) para firmar el mega-acuerdo de libre comercio no terminan de tomar velocidad: durante los últimos diez años el freno se debió a la posición argentina, ahora la política europea entibia la mesa de negociación. Desde 2004, los europeos le echaron la culpa al sesgo supuestamente aislacionista de la Argentina, que se negaba a avanzar en la liberalización del comercio incluso a pesar de la oposición de Brasil, que siempre vio con buenos ojos el acuerdo. La interminable crisis económica en el Viejo Continente, el Brexit, el crecimiento de la derecha y la polémica por el reciente acuerdo con Canadá volvieron a los líderes europeos más escépticos. De todas maneras, la manija de la negociación está en la Comisión Europea, en donde el neoliberalismo sigue intacto. El Mercosur quiere que en el próximo intercambio de ofertas la UE incluya carne, vinos y etanol. El riesgo para la Argentina se concentra en medicamentos, bienes de capital, autos y autopartes.

Esta semana, la canciller, Susana Malcorra, recibió a una delegación del Parlamento Europeo para explicarle la posición argentina con respecto al acuerdo. “El presidente Mauricio Macri tiene un par de viajes previstos a Europa el año que viene y es posible que visite Bruselas, ya que este es un tema de alta prioridad para él; si ve que puede tener un impacto en la evolución del diálogo, no cabe duda de que estará disponible para hacerse una escapada”, planteó en conferencia de prensa Malcorra.

Página/12 consultó sobre el tema a Paul-Emile Dupret, asesor de Helmut Scholz, eurodiputado por el partido de izquierda alemana Die Linke. “El Gobierno argentino tiene muchas ganas de firmar el acuerdo, hay mucho apetito. Pero si en Europa hay falta de transparencia para conocer las ofertas y que se debatan en sociedad, aquí es mucho peor”.

La posición de la administración de Macri es opuesta a la que mostraba el kirchnerismo. El gobierno anterior fue reacio a avanzar en la negociación del acuerdo incluso contrariando a Brasil. A pesar de la sintonía política con Lula y Dilma, el país vecino siempre presentó una postura más agresiva en términos comerciales. Durante ese período, los líderes europeos le echaban la culpa al gobierno argentino de la falta de avance. El acuerdo tiene varios capítulos. En el de bienes, consiste en una liberalización arancelaria progresiva del 90 por ciento del comercio entre ambos bloques. También hay una serie de beneficios en las compras públicas y temas vinculados a la propiedad intelectual.

Por primera vez desde el primer intercambio de ofertas hace más de 10 años, el Mercosur está abroquelado en una posición ofensiva, con la idea de avanzar en la firma del acuerdo. En mayo hubo un intercambio de ofertas aunque relativamente austeras de ambas partes. Argentina propuso plazos muy largos para sectores sensibles y excluyó textiles e indumentaria. Por su parte, la UE excluyó de la liberalización productos como etanol (que Brasil exporta) y carne y vinos, en donde la Argentina es competitiva. En definitiva, la última oferta de la UE representa un retroceso frente a lo puesto en la mesa de negociación en 2004.

Sucede que la política interna de la UE se complejizó en los últimos años en relación a la agenda de liberalización. La extensión de la crisis económica hizo que creciera el escepticismo sobre las bondades de la integración regional, con el Brexit como su máxima manifestación. Un buen ejemplo del clima de época en el Viejo Continente se manifestó con el acuerdo (recientemente firmado) de libre comercio entre la UE y Canadá. En el último tiempo, las negociaciones de ese convenio despertaron movilizaciones populares de rechazo e incluso la firma quedó en peligro por la oposición de la región de Valonia (Bélgica). El acuerdo con el Mercosur no tiene esa presencia en la agenda pública y prácticamente no representa riesgo para el empleo. Si sufre cierta oposición en sectores del agro, que puede complicar eventualmente la ratificación política que el acuerdo deberá tener por parte de los Estados nacionales y provinciales. Más allá de la política, las riendas de la negociación siguen en manos de funcionarios con fe ciega en el libre mercado que se desempeñan en la Comisión Europea.

Un punto interesante de la oferta del Mercosur es que Brasil no excluyó de la liberalización al sector textil y del calzado. Su lectura es que la UE no es tan competitiva en esos sectores, que su producción se concentra en la alta gama y en cambio importan desde China los artículos de consumo popular. Los negociadores del Mercosur piensan que con reglas de origen bien definidas, esos sectores podrían ser liberalizados. El mayor riesgo industrial se presenta en el sector de químicos, bienes de capital, autopartes y medicamentos, en donde la UE es muy competitiva. Por fuera de los agroalimentos, la Argentina tiene poco para ganar.

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La canciller Susana Malcorra se reunió esta semana con representantes europeos.
Imagen: DyN
 
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