ECONOMíA

Neoliberales con viejas y nuevas caras

Pablo Rojo.
Dolarización

Fue uno de los almuerzos del Club del Petróleo con menos concurrencia de los últimos años. La presencia de Pablo Espartaco Rojo, que se autotituló integrante de “un grupo de economistas que está trabajando para el doctor Menem”, no logró convocar tampoco a las principales figuras del sector. Rojo defendió ayer el proyecto de dolarizar la economía, preguntándose “quién puede pensar hoy en reconstruir el sistema de ahorro y crédito sin una moneda fuerte y confiable”. Propuso la conformación de “fideicomisos sobre los créditos de cada banco para restituir los depósitos bancarios” y si con ello no alcanzara “de última, es el Estado el que debe responder como causante del problema”, agregó. Para la reconfiguración del sistema, planteó “una solución dual”, generando una banca transaccional “que no presta” y un segundo subsistema “focalizado en la captación del ahorro a largo plazo”, en el que “los ahorros captados en dólares se presten en dólares y a empresas de sectores transables, en condiciones de devolverlos en la misma moneda”. Un sistema de crédito exclusivo, podría decirse, para empresas exportadoras o productoras de commodities. Rojo propuso que el tipo de cambio entre el dólar y el peso –que sólo regiría para operaciones menores hasta la dolarización total– fuera fijado por un directorio del Banco Central “de gran prestigio”. Un concurrente le preguntó por qué habría que confiar en ese directorio “cuando el antecedente es que en los ‘90 se eligió una Corte Suprema que se manejó según la conveniencia del gobierno” menemista. “En la convertibilidad –respondió Rojo–, la paridad cambiaria estaba fijada por ley y ello no impidió que por una resolución de Economía se la eliminara”, indicando con ello que no había regla totalmente segura o confiable. Un mensaje que sonó como un “créanme, que no los voy a defraudar”.

Patricia Bullrich.
Viejas recetas

No pedir nuevos créditos a los organismos financieros internacionales, eliminar las retenciones a las exportaciones y los aportes patronales, “liderar” las negociaciones para integrarse en el ALCA, profundizar el sistema de jubilaciones privadas, devolver a los ahorristas sus depósitos en dólares pero con cargo al Estado constituyen las “Bases para un capitalismo popular”, según el programa económico que presentó Patricia Bullrich.
En el camino de conseguir el apoyo de las mayorías, Bullrich propuso junto con su equipo económico –integrado, entre otros, por el economista Marco Rebozov, la ex secretaria de comercio Débora Giorgi y el ex director del Banco Central Hernán del Villar– un plan centrado en dos objetivos: la creación de empleo y la regeneración de la confianza en las instituciones económico-financieras. La propuesta de los Bullrich Boys & Girls reedita algunas de las más conocidas recetas de la década del 90: la solvencia fiscal, el Estado mínimo, la limitación de las funciones de la banca pública, la profundización de la reforma previsional y la reducción de impuestos “distorsivos”.
Sin embargo, estas líneas rectoras chocaron con algunas de las especificaciones realizadas por los expositores. Si se bajan los impuestos, se eliminan las retenciones y se profundiza el sistema de jubilación privada, principal causante del déficit estructural de los ‘90, no queda claro de dónde saldrán los fondos para, “sin tomar nuevos créditos”, pagar la deuda pública “en un plazo acotado” luego de aumentarla haciendo cargo al Erario de la devolución de los depósitos en dólares. Sólo algunos interrogantes del reelaborado “capitalismo popular”.

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