EL MUNDO › OPINION

¿Un sistema electoral ejemplar?

 Por Carlos Escude*

El martes 5 de febrero, “supermartes” para los norteamericanos, se celebraron elecciones primarias en veinticuatro estados de los Estados Unidos. El evento ha sido calificado de ejemplar por muchos analistas. ¿Lo es realmente? En las primarias, el pueblo vota para determinar cuántos delegados representarán a los precandidatos en la Convención Nacional de cada uno de los partidos. Antes de ello, las autoridades de cada partido han decidido cuántos delegados asistirán a las respectivas convenciones, y de ese total adjudican a cada Estado un número que (con excepciones) es proporcional a su población. A la vez, las reglas por las que los delegados correspondientes a cada Estado se reparten entre los precandidatos son de una complicación asombrosa. Difieren según el Estado y según el partido. El Partido Demócrata, por ejemplo, adjudica 441 delegados a California, mientras el Republicano le adjudica 173.

Nos concentraremos en los demócratas de California, un caso “fácil”. Para ellos (a diferencia de los republicanos) rige la representación proporcional. De los 441 delegados demócratas, 241 se adjudican a los precandidatos en función de los votos sacados en cada uno de los distritos legislativos del Estado. Como en California hay 53 distritos, ayer hubo allí 53 resultados separados.

Por otra parte, hay distritos de diferentes tamaños. Los chicos reparten cuatro delegados. Si en uno de éstos, un precandidato saca el 40 por ciento de los votos y el otro el 60, los delegados se reparten por partes iguales: 2 y 2. Para sacar una ventaja de 3 delegados a 1, es preciso que el vencedor saque, como mínimo, el 62 por ciento. Así, construir una mayoría es difícil. De aquel total de 441 delegados, hay otros 129 que se reparten proporcionalmente sobre la base de los votos de cada precandidato, no ya en cada distrito individualmente, sino en el total del Estado. También en este caso es difícil construir una mayoría. Pero hay un importante remanente de 71 delegados cuya selección no depende de la elección. Estos asisten a la convención partidaria con libertad para votar a quien más les plazca. Es el margen de maniobra que la oligarquía del partido se reserva para emergencias. Normalmente, estos “superdelegados” votan por el precandidato más votado. Pero no están obligados a hacerlo. Y como construir mayorías electoralmente es muy difícil, los superdelegados son el último árbitro en el proceso de selección de candidatos.

Los estados que participaron en las primarias del martes aportan 1081 delegados a la convención republicana y 2064 a la demócrata. De los 1081 republicanos, 192 son superdelegados, tanto como el 17 por ciento. Y de los 2064 demócratas, 478 lo son: el 23 por ciento.

Como mecanismo de control, el sistema es en verdad eximio.

* Director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad CEMA.

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