EL MUNDO › TODO EL ARCO POLíTICO FRANCéS REACCIONó ANTE LA NOTICIA

El efecto del escándalo Strauss-Kahn

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Entre la indecencia de algunos juicios precipitados, la tesis de un complot y la sensación de que un bloque de hielo se cayó sobre la cabeza de los socialistas, las reacciones a que dieron lugar el arresto y la inculpación de Dominique Strauss-Kahn abarcan todo el abanico que va de la incredulidad hasta la desesperanza. El director gerente del FMI era la carta ganadora del PS para las elecciones presidenciales de 2012. Desde hace ya mucho tiempo, sondeo tras sondeo, Strauss-Kahn figura como el candidato a quien ningún adversario de la derecha podía derrotar, menos aún el actual presidente, Nicolas Sarkozy. Las encuestas de opinión publicadas un día antes del escándalo de Nueva York lo ubicaban no sólo como el candidato preferido de los socialistas sino también de los franceses. Pero su detención deja huérfanos al partido y los electores. El plazo para la presentación de las candidaturas se vence dentro de un mes y es poco probable que en un lapso tan corto un caso tan escabroso pueda resolverse favorablemente.

La agresión sexual contra una mucama del hotel Sofitel de Nueva York completa un cuadro negro para el socialismo francés con la figura de Dominique Strauss-Kahn en el centro. Unas fotos publicadas hace unos días donde se veía al jefe del FMI en un lujoso Porsche de 100.000 euros empezaron a empañar la imagen del candidato virtual a quien se le reprochó su elevado nivel de vida: un departamento en París –Place de Vosges– de varios millones de euros, mansiones en Marruecos, es decir, posesiones y estilo de vida muy alejados de un socialista. Su detención en Estados Unidos abre el juego dentro del PS al tiempo que despeja el terreno de la derecha, en lo concreto el camino hacia la reelección de Sarkozy. El gobierno francés mantuvo ayer un perfil bajo. En un breve comunicado, el Ejecutivo llamó a que se respetara “el proceso judicial” y puso por delante el derecho “a la presunción de inocencia”. Menos prudente, la jefa de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, estimó que Dominique Strauss-Kahn estaba “desacreditado para siempre”. Un diputado del partido de Sarkozy, la UMP, Bernard Debré, se despachó con un “ha humillado al FMI y también a Francia”. En cambio, Henri de Raincourt, ministro de Cooperación, fue uno de los primeros en evocar la posibilidad de que Dominique Strauss-Kahn hubiese caído “en una trampa”.

Pero todo se desplaza hoy al PS francés. Su actual primera secretaria, Martine Aubry, no ocultó que el escándalo era como un terremoto pero llamó a todos a permanecer “unidos y responsables”. La ex candidata del PS a las elecciones de 2007, Ségolène Royal, declaró que todas las acusaciones “estaban por verificarse”. El rival más serio de Strauss-Kahn en la interna socialista, François Hollande, también pidió “retención”. La mayoría de los amigos o aliados de Strauss-Kahn argumentaban que los cargos contra el director gerente del FMI no coinciden con el hombre que ellos conocen. Sin embargo, el caso vino a romper en mil pedazos la estrategia presidencial del PS. De alguna manera, la sombra del escándalo envuelve a los socialistas, tanto a sus enemigos internos, es el caso de François Hollande, como a quienes estaban unidos por un pacto con él, en este punto concreto Martine Aubry. Jacques Attali, el ex consejero del difunto presidente socialista François Mitterrand, evocó abiertamente la existencia de un “complot” contra Strauss-Kahn pero también una realidad: “Strauss-Kahn no podrá estar presente en las primarias socialistas”.

La probable desaparición de Dominique Strauss-Kahn de la trayectoria presidencial abre una caja de Pandora dentro del PS. Su favoritismo en los sondeos había terminado por federar a un movimiento que no gana una elección presidencial desde 1995. Pero si el rey de los sondeos queda afuera, las ambiciones personales volverán al primer plano. Hay por lo menos media docena de candidatos para la candidatura y uno que, después de Strauss-Kahn, viene ganando adeptos semana tras semana. Se trata del ex primer secretario del PS, François Hollande. Con primaria complicada o sin ella, la ecuación de la victoria socialista se tornó enredada. Habrá que hacer una campaña interna primero y luego frente a un país con el espectro del escándalo Strauss-Kahn detrás de cada puerta. El descrédito global restará puntos a quien defienda las ideas de la rosa. La derecha, hoy prudente, no dudará en abrir el placard de los recuerdos escondidos.

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