EL MUNDO

Los aviones hacen lo que las tropas no pueden en el camino hacia Bagdad

Por Enric González *
Desde Washington

El general Tommy Franks ha apostado decididamente por los ataques aéreos. Su estrategia se parece cada vez más a la empleada en 1991 y a la que él mismo proponía para la actual guerra, antes de que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, impusiera su tesis de que para desbaratar la resistencia iraquí bastarían unos “bombardeos quirúrgicos” y el empujón de una ofensiva terrestre no muy numerosa. En los dos últimos días, las fuerzas invasoras han lanzado unas 3000 bombas de precisión sobre las divisiones de la Guardia Republicana que protegen Bagdad y, según el Pentágono, han conseguido debilitarlas sustancialmente antes de que se reanude el avance de la infantería estadounidense. Según los diarios británicos la gran avanzada hacia Bagdad debería ocurrir “en 48 horas”, que citan al Comando Central Norteamericano (Centcom). Pero las cosas siguen tan complicadas que el director de la Oficina de Presupuesto de la Casa Blanca, Mitch Daniels, admitió que es probable que tenga que pedir más dinero para la guerra en Irak y la lucha antiterrorista, mientras el Congreso agiliza la aprobación de una partida inicial de cerca de 80.000 millones de dólares.
Ayer se produjo el primer encuentro físico entre unidades de la Tercera División de Infantería y la División Nabucodonosor. El Centcom en Qatar afirmó que fue capturado un general iraquí en Kerbala, donde los combates también fueron cuerpo a cuerpo. La Cuarta División de Infantería, que iba a desplazarse por Turquía hacia el norte de Irak antes del permiso denegado por Ankara, ya comenzó a llegar ayer a Kuwait. El general Stanley McChrystal, uno de los portavoces del Pentágono, declaró que hasta la fecha habían sido utilizadas unas 8000 bombas de precisión o, en la jerga militar, “inteligentes”. De las 8000, 3000 habían caído durante el fin de semana y el lunes sobre el grueso de las fuerzas de la Guardia Republicana, desplegadas al sur de Bagdad como dique defensivo de la capital. También habían sido lanzados, en 12 días de campaña, unos 700 misiles Tomahawk. El uso intensivo de misiles había reducido de forma notable el arsenal de 2000 unidades enviado por Estados Unidos a la región.
McChrystal aseguró que la durísima campaña aérea había hecho mella en las tropas de elite iraquíes. “Percibimos síntomas de que su capacidad de combate está ya muy degradada”, dijo. Fuentes militares no identificadas estimaron que la mitad de los carros de combate de la División Medina, la mejor de Irak, habían sido inutilizados. Otra prueba de que el general al mando de las operaciones, Tommy Franks, había decidido atacar más desde el aire y esperar un poco en tierra fue una serie de incursiones sobre Bagdad en las que participaron, por primera vez de forma simultánea, bombarderos B-1, B-2 y B-52. La operación se dirigió, según distintas fuentes, contra centros de mando y comunicaciones militares, la sede del Ministerio de Información y un palacio de Udai Hussein, hijo mayor del presidente iraquí.
El vertiginoso avance protagonizado durante los primeros días de guerra por las principales unidades invasoras, el Tercero de Infantería y el Séptimo de Caballería, había cedido paso a maniobras de reagrupamiento y a operaciones más cautelosas, mientras se fortalecía la larga y frágil ruta de reaprovisionamiento que unía la retaguardia en Kuwait con las tropas ubicadas a sólo 80 kilómetros de Bagdad, y mientras se esperaba la llegada de otros 120.000 soldados. Por el momento, la alianza angloamericana disponía de unos 95.000 efectivos en territorio iraquí.
Los combates más significativos se produjeron ayer en Hindiya, una localidad próxima a Kerbala. Unidades del Tercero de Infantería se adentraron al amanecer en el casco urbano de Hindiya para atacar la sedelocal del partido Baath y expulsar a los paramilitares o fedayines que, supuestamente, se ocultaban en el edificio. El ataque se topó, sin embargo, con fuerzas regulares iraquíes. Según portavoces del Pentágono, el choque fue muy violento y causó la muerte de un soldado estadounidense y de unos 35 soldados iraquíes, que resultaron pertenecer, según testimonios de varios prisioneros, a la División Nabucodonosor de la Guardia Republicana. El coronel David Perkins, al mando de la incursión, dijo estar sorprendido por el hecho de que hubiera guardias republicanos al sur de Kerbala, la ciudad donde, según todos los pronósticos, había de producirse en algún momento el choque decisivo antes de que la ofensiva terrestre alcanzara Bagdad. Según Perkins, en la sede del Baath en Hindiya fue hallado un pequeño arsenal, en el que figuraba una caja de granadas de mano de fabricación estadounidense con la etiqueta “Propiedad del Ministerio de Defensa de Jordania”.
También hubo choques en Najaf, donde, según fuentes anónimas del ejército estadounidense, fueron muertos “al menos un centenar” de combatientes iraquíes, y en Hillá. En Basora, la segunda ciudad del país, se mantuvo la situación caótica de combates y pánico civil iniciado 11 días atrás, casi al comienzo de la guerra. Marines británicos combatían casa por casa en algunos barrios, mientras en otros, según fuentes militares y periodísticas, reinaba una relativa calma. La mayor parte de los dos millones de habitantes seguía sin agua potable y algunos huían de forma desesperada. El conato de rebelión popular contra los líderes locales del régimen de Saddam Hussein, iniciado una semana antes, se había desvanecido. “Basora sigue aún bajo la bota del régimen”, declaró el general Vincent Brooks, jefe de operaciones del Mando Militar Central establecido en Qatar.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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