EL PAIS › LAS HISTORIAS Y LOS MOTIVOS DE LOS QUE FUERON A LA PLAZA

Los manifestantes piden unidad

Enrolados en un sindicato o sin pertenencia sindical, los participantes de la movilización de ayer hablan de pérdidas de trabajo y poder adquisitivo y reclaman una dirigencia que enfrente al Gobierno.

“Solo el poderoso movimiento sindical unido puede frenar al hambre”, exclamó el titular de la Central de Trabajadores de la Argentina, Hugo Yasky, al promediar su discurso frente a una Plaza de Mayo colmada de trabajadores, sindicalizados y autoconvocados. Desde uno de los extremos de la plaza, bajo la sombra de un árbol, Cristina e Isabel descruzan sus brazos y aplauden la evaluación del dirigente, que les parece “de lo más lúcido” que escucharon en la tarde. “Acá estamos, muchos compañeros nuestros de trabajo vinieron, pero muchos otros no. ¿De qué sirve que estemos divididos? Nadie nos va a defender mejor que nosotros mismos y la manera de defendernos de estas políticas de hambre es estando acá, en la calle”, agrega Cristina mientras aplaude, con el resto de la masa. Es empleada pública –prefiere que en esta crónica no se diga de qué dependencia–; igual Isabel. Llevan la pechera verde de la Asociación de Trabajadores del Estado. Su opinión la comparten muchos esta tarde, la primera realmente calurosa de la primavera.

Luis es uno de ellos. Llega desde la calle Defensa a paso apurado. Salió de la oficina a las 16 y el tiempo no le alcanzó más que para “arreglarse un poco” –estaba pituco– y caminar hasta la Plaza. La voz de Yasky se escucha a unas cuadras de Hipólito Yrigoyen, pero es ininteligible. Él está preparado: salió de su casa con una radio portátil pegada al oído, sintonizada en alguna radio que transmite al docente en vivo y que solo aleja para escuchar la consulta de Página/12 y responder. “Hay que estar acá, demostrar que este Gobierno nos está haciendo daño, que no lo queremos. Y hay que acompañar sobre todo a los dirigentes que se animan a decirlo y que se cargan el peso de la convocatoria de marchas y manifestaciones como la de hoy. Un poco para demostrarle al Gobierno y otro poco para demostrárselo a los dirigentes que negocian con el Gobierno y que nos están dando la espalda a nosotros, el pueblo”, resume y vuelve al discurso.

“Quienes no están acá son de la clase alta o no se dan cuenta de lo mal que la están pasando, tan mal como la estamos pasando todos los trabajadores”, opina Guillermo. Con Rodolfo están parados en la esquina de Bolívar e Yrigoyen, alejados del “pegote de un cuerpo con otro”, explican. Son taxistas y hoy cambiaron el turno de trabajo –suelen recorrer la ciudad por las tardes– para “poder estar” en la concentración. “Es la primera a la que me sumo en el año porque la verdad es que me resistía un poco a creer los malos augurios que llegaban de todas partes sobre el gobierno de este tipo”, en referencia a Mauricio Macri, reconoce Rodolfo. “No sé cómo se frena, lo que sí sé es que si no frena, vamos a terminar todos muy mal”, suma su mal augurio.

La docencia, en todos los niveles, predomina en la Plaza. Algunos visten pecheras, otros sus guardapolvos o camisolines. Muchos, ni una cosa ni la otra. Dora y Paula son de estas últimas. Provienen de los claustros universitarios y decidieron participar de “la calle” porque están “en contra de todas las medidas que toma Macri y el gobierno”. “Nos están haciendo pelota”, sostiene Dora, que aún ejerce. Paula, que está jubilada, completa a su amiga: “Este gobierno es una mentira permanente que nos va a llevar al 2001 de cabeza”. Pero, al igual que los discursos que provienen desde el escenario, la gestión de Cambiemos no es el único blanco de las críticas: “Hay que estar en la calle porque lo que hizo la CGT no tiene nombre, se alió con el gobierno, sin importar que no solo se precariza el laburo, sino que también desaparece el laburo y ellos ahí, sentados en su mesa, negociando un bonito simbólico”, opina Paula.

Oscar tiene 65 años. Le faltaba poquito para jubilarse, pero en el restaurante en donde trabajó durante los últimos 9 años no quisieron esperar y lo echaron. Dice que le “gusta estar en la calle”, pero señala que hay un contexto próximo que le suma “fuerza”: “A mí me despidieron faltándome muy poco para jubilarme, pero hay muchos compañeros que están siendo despedidos y son más jóvenes, el sindicato que tenemos es una mierda así que estoy en la calle como siempre pero con más fuerza”.

La cuestión laboral también aparece entre los principales motivos que tiene Octavio, de 42 años, para participar de la concentración de las dos CTA. Fue a buscar a su hijo, Ernesto, a la escuela, lo cargó sobre los hombros y caminó la Plaza de Mayo mientras respondía preguntas del niño. “Vine por la dignidad del laburo. Yo soy utilero, trabajo de manera independiente, pero me solidarizo con los asalariados de mi país, que están en bolas. Las paritarias se negociaron muy a la baja y este gobierno no para de dar palos”, resume.

Fabián movilizó con Suteba Moreno –es secretario de Formación Docente– y desconcentró con sus amigos Adrián, docente de escuela pública y Karina, becaria de Conicet. Caminan y evalúan la situación: “La necesidad es la unidad”, coinciden. “Cambiemos es la expresión más grande de la unidad de las élites de poder, entonces a esa fortaleza hay que responderle con unidad”, amplía Fabián. “El único negocio para el campo popular es la unidad, que me parece que está construyendo por abajo de los nombres propios y sin mirar lo que se les ocurre o se les deja de ocurrir a los que manejan cada organización sindical”, suma Adrián y completa: “El proceso de unificación lo llevan a cabo las personas que tienen ganas de vivir mejor, son los trabajadores”. A Karina le da “pena” que “haya un montón de organizaciones que no están acá” porque “más allá de lo que sucede en cada espacio en particular, lo del Gobierno es un ataque al conjunto del pueblo trabajador”. Además de un poco desilusionada, se muestra sorprendida de que ya haya pasado un año de gestión macrista: “se ve que tenemos más paciencia de lo que pensaba o una imposibilidad grande de pensar otras cosas. La fortaleza de Macri tiene que ver con la debilidad del campo popular de no poder generar propuestas”, considera.

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La Plaza de Mayo se llenó ayer de trabajadores sindicalizados y autoconvocados.
 
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