EL PAIS › LAS MADRES Y LOS 30 AÑOS DE LOS PAÑUELOS BLANCOS

Reconocerse en la multitud

La Asociación de Madres de Plaza de Mayo recordará en Luján el aniversario de la aparición de los pañuelos. Ayer, Hebe de Bonafini recordó la historia y criticó a Bergoglio y a la Iglesia.

 Por Alejandra Dandan

“Porque todos los años se hace para octubre la noche de los jóvenes, y por eso fuimos, porque a nosotras era como que había que taparnos.”

Elvira Triana no estaba allí ese día, pero sabe bien que ese domingo 7 de octubre de 1977, mientras las organizaciones católicas movilizaban a sus jóvenes hacia Luján, unas cien mujeres se metieron entre la gente con la única certeza de que estaban allí para reclamar por sus hijos, aquellos que empezaban a desaparecer. Aún no eran las Madres de Plaza de Mayo, como se las conoció después, ni las Locas de la Plaza. Eran mujeres que ni siquiera se conocían bien y se ataron los pañales de sus hijos en las cabezas porque necesitaban “reconocerse en la multitud”.

Treinta años después de la primera vez que aquellas madres usaron sus simbólicos pañuelos blancos, la Asociación de Madres de Plaza de Mayo volvió a recordarla. Lo hicieron ayer, en una conferencia de prensa en la que además anunciaron que los pañuelos volverán el domingo a Luján. El intendente Miguel Prince, aliado de las Madres para estas cosas, les prometió embanderar la Basílica con cientos de pañuelos. La instalación no sólo será conmemorativa: para las Madres es una reactualización de un reclamo a la cúpula de la Iglesia Católica que aún sigue vigente.

“La Iglesia que se calló ante los crímenes más aberrantes –dijo Hebe de Bonafini en la conferencia mientras leía un comunicado de la Asociación–, la que participó activamente en la tortura de nuestros hijos, no es la iglesia del pueblo, la de los padres palotinos, de Mugica y Angelelli. La que colaboró, la que nos mintió, la que nos dio la espalda es la Iglesia de Bergoglio y la derecha, la que apaña a los curas violadores, la que se queda muda ante el juicio a Von Wernich, pero vomita todo su odio cuando habla contra el aborto.”

En ese texto, Hebe recordó que esa Iglesia las rechazó luego de la primera entrada a Luján. Intentaron volver al año siguiente con sus pañuelos blancos y no las dejaron comulgar. ¿Por qué usaron los pañuelos?

“No nos conocíamos nosotras –contó Hebe–. Sólo sabíamos nuestros sobrenombres, Pachi, Rosa y nos decíamos cómo nos vamos a encontrar entre un millón de personas. Entonces, una dijo: ‘Llevemos un bastón’. Otra, ‘llevemos un moño’; otra dijo un pañuelo rojo, otra dijo azul, todos colores que no se ven de noche, y seguíamos cambiando de color. Hasta que una dijo: ‘¿Por qué no usamos pañuelos blancos que de noche se ven?’. Y alguien dijo que podíamos hacerlos con un poco de tela, porque ya no faltaba nada, todo esto se discutía un día antes. Al final, alguien se le ocurrió: ‘¿Y si nos ponemos un pañal de nuestros hijos?’. En aquella época todavía había pañales de telas. Una fue con pañal, otra con batita de gasa.”

Para entonces, la Iglesia Católica solía movilizar a su gente para reforzar la idea de la calma. Las Madres no conseguían aire para denunciar lo que pasaba. Pero aquello funcionó. “Tiempo después, mi papá y mi marido, que vendían vino por la zona –siguió Hebe–, se encontraban con que todo el mundo hablaba de unas mujeres de pañuelo blanco que habían ido a pedirles a los santos por los desaparecidos.”

Luján tuvo para las Madres dos momentos importantes. Una, esa vez con los primeros pañuelos blancos. La otra se dio cuando decidieron aparecer de forma sorpresiva en la Basílica en una misa del arzobispo Antonio Plaza, activo colaborador de las Fuerzas Armadas. La cúpula de la Iglesia había hecho una convocatoria a la Basílica para demostrar que el país estaba igual que siempre, que no pasaba nada. Las Madres cosieron y cortaron pañuelos y se los guardaron de a cientos en las carteras mientras se preparaban para llegar. Cuando los veinticinco obispos católicos que acompañaban en la celebración a Plaza empezaron con la misa, un grupo de Madres empezó a golpear con martillos las paredes de la catedral.

“Yo me subí al altar y le entregué a cada obispo un documento y se armó un lío espantoso, teníamos que dar cuenta y tuvimos la suerte de que el diario El Civismo de Luján lo sacó”, recordó Hebe. Cuando los sacerdotes se opusieron, las Madres les dijeron por qué iban a sacar los pañuelos si en la Iglesia había espadas y botas de militares entre las ofrendas.

A partir de Luján el pañuelo empezó a tener otra connotación para las Madres. “No lo usábamos todavía en la Plaza de Mayo, pero lo empezamos a usar para actos, para que se viera que estábamos, y nos dimos cuenta de que el pañuelo tenía mucha presencia. Entonces lo empezamos a poner en la Plaza y nos dimos cuenta de que eso era como si tuviéramos puestos a nuestros hijos.”

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La conducción de la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo dio una rueda de prensa.
Imagen: Télam
 
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