EL PAíS › BALZA DICE QUE LA TORTURA EN LOS CURSOS TERMINO EN 1991

“Violaba la dignidad del combatiente”

Durante el reportaje no se cansa de aclarar que la tortura en los cursos de comandos militares se terminó en 1991, justo el año en que asumió como jefe del Ejército. Aunque asegura no estar de acuerdo con ese tipo de enseñanza, el general retirado Martín Balza hizo una personal interpretación sobre los tormentos que se aplicaban en tales cursos. “Se los sometía a ellas para prepararlos física y psíquicamente”, dice y rápidamente agrega “pero se los puede preparar de otra manera, a través de una metodología que no sea aberrante”. También detalla que en su gestión “se los entrenaba llevándolos a la selva tres o cuatro días sin comida y sin agua”.
–Cuando usted estuvo a cargo del Ejército, ¿se realizaron cursos donde se aplicaba la tortura?
–De ninguna manera. Es absolutamente falso. Yo asumí a fines de 1991 y ese año no se había realizado el curso. En 1992 se cambió toda la metodología. Si se modificó es porque lo que se estaba aplicando era incorrecto y violatorio de lo elemental que hace a la dignidad del combatiente. Así que esa información que dice que se siguió practicando después del ‘91 es errónea.
–¿Y cómo sabe de la existencia de ese tipo de cursos?
–Cualquiera que esté en el Ejército tiene conocimiento de los cursos. Hay cientos de cursos y el de comandos es uno más.
–¿Uno más? ¿Es igual que cualquier otro curso?
–Es uno más. Pero desde el año ‘91 este curso cambió la metodología con respecto a los interrogatorios. Es necesario que las tropas estén preparadas física y psíquicamente.
–¿Cuál es el sentido de la preparación, como usted la llama, a través de las torturas? ¿No es en realidad una enseñanza para aplicar torturas a otros?
–No, no es para aplicarlas. Es para someterse a sí mismos y estar preparados física y psíquicamente para enfrentar ciertas condiciones. Pero yo creo que existen otras maneras para prepararse. Por eso, a partir del ‘91 ese tipo de metodologías que muestran las fotos, que son del ‘86, dejaron de existir. Desaparecieron.
–¿Y por cuáles se las reemplazó?
–Se somete a los voluntarios a exigencias propias de un ejército especial que nada tienen que ver con estas prácticas aberrantes. Por ejemplo, se los lleva a distintas zonas, de selva o de montaña, donde pasan tres o cuatro días. Allí deben reaccionar a situaciones como falta de alimento o de agua, deben aprender a proveerse de la naturaleza. De esa manera, también se los está sometiendo a exigencias física y psíquicas.
–¿En qué consistían, concretamente, los cursos?
–Yo no soy especialista en cursos de comando, pero tengo entendido que existía un punto de estación dentro de esos cursos que se llamaba de interrogatorio, que tenían ciertas prácticas que no se condicen con la dignidad del soldado. Es un curso que se realiza con oficiales y suboficiales, todos voluntarios. Los implementan todos los ejércitos del mundo y son tropas altamente especializadas que tienen exigencias no sólo psíquicas sino físicas muy grandes. Pero lo importante es que la metodología del curso cambió hace ya 14 años.
–¿Por qué cree que se siguieron aplicando en una Argentina ya en democracia? De 1983 a 1991 pasaron dos gobiernos constitucionales...
–No entiendo qué relación tiene la democracia con esos cursos.
–Que en ellos se están aplicando torturas que están prohibidas.
–No se aplican, se someten a ellas. Además, yo sólo respondo por lo que yo hice y cuando estuve a cargo del Ejército este tipo de cosas no ocurrieron.
–¿Acaso no son responsables los jefes del Ejército, los ministros de Defensa e incluso los presidentes de ese período?
–Habrá que preguntarles a las autoridades de aquel entonces. Yo respondo por mi gestión y no por responsabilidades de otros.

Reportaje: Martina Noailles.

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