EL PAíS › QUE SE DIJO EN EL ENTORNO DEL MINISTRO LAVAGNA

Versiones en un día caliente

Por David Cufré y Claudio Zlotnik

En una reunión de empresarios cercanos a Roberto Lavagna maldecían “la conspiración” del ala política del Gobierno para forzar la renuncia del ministro. Eran casi las siete de la tarde. En ese momento, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde estaban reunidos en la Casa Rosada. Supuestamente, el bonaerense pretendía convencer a su sucesor de no desplazar al ministro de Economía en este momento. Un rato después, desde el equipo económico maldecían “la operación” del Banco Central y de la Jefatura de Gabinete para instalar la idea de que alguien quiere echar a Lavagna o que él quiere dejar el cargo. “Están delirando”, se enojó un allegado al jefe de Hacienda. En la vereda de enfrente, desde los despachos de la Casa Rosada, el enojo era similar. La diferencia es que cargaban todas las “operaciones” en la cuenta del equipo de Lavagna. Finalmente todos coincidieron en que se trataba de jugadas contra el Gobierno en su conjunto.
Lo más curioso de la tarde caliente fue que cada interlocutor creía ver una conspiración. Pero mientras unos decían que era para remover a Lavagna, otros afirmaban que era para afectar al Gobierno con la descripción de una supuesta interna feroz. Al final hubo una suerte de tregua y los voceros oficiales coincidieron en transmitir que “no pasó nada”.
Uno de los temas que cargó la jornada de nervios fue el de la supuesta modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. La reforma sería necesaria para permitir a la autoridad monetaria incrementar sus adelantos a la Tesorería para que, de ese modo, el Gobierno pueda cubrir los vencimientos con el FMI del próximo año. Martín Redrado, presidente del Central, dijo en el Senado que se opone a esa posibilidad. “El Ministerio de Economía no tuvo ni tiene ningún proyecto de modificación de la carta orgánica del Banco Central”, aclaró el portavoz de esa cartera, Armando Torres, a Página/12. La precisión fue para replicar las versiones de que Lavagna fue quien reclamó esos cambios.
“Si no lo hizo y alguien quiso hacer creer que sí, buscaba ocasionarle un daño”, concluyó un empresario que apuesta a la continuidad del ministro. Otra señal del Palacio de Hacienda fue elevar ayer a la firma de Kirchner el proyecto de decreto para lanzar el canje de la deuda. En 900 páginas se reglamenta la propuesta de reestructuración. El texto es el mismo que se elevó a la Comisión de Valores de los Estados Unidos (SEC). Fue una forma de demostrar que no habrá cambios en la oferta a los acreedores.
La reafirmación de la propuesta coincidió con las versiones de que el ala política del Gobierno pretendería la renuncia del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen. Ese habría sido, según un colaborador del ministro, un detonante de la crisis de la semana pasada. La resistencia de Lavagna al pedido de alejamiento de su principal ayudante en la negociación con los acreedores habría provocado el enojo final de Kirchner, quien habría optado por cambiar al equipo económico en su totalidad. La especie fue negada tajantemente desde la Casa Rosada. Un hecho que parece dar credibilidad a la existencia de algún conflicto con la figura de Nielsen es que Lavagna lo defendió públicamente la semana pasada. Fue el último jueves, en la conferencia de la Unión Industrial, cuando dijo que quería “rendirle un homenaje” a su equipo.
También el miércoles de la semana pasada, de acuerdo con otras fuentes vinculadas con Lavagna, el ministro habría ido a la Casa Rosada para entregarle la renuncia a Kirchner. Pero la sangre finalmente no llegó al río. “El miércoles fue un día muy difícil”, admitió un funcionario de Hacienda a este diario. Ayer también.

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