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- Tú trabajas, ellos descansan. Durante el almuerzo, Duhalde intentó sin éxito convencer a los gobernadores de la necesidad de arreglar las cuestiones internas del partido. Afuera, bajó un sol calcinante, dos hombres maduros caminaban a la vera de las fabulosas piscinas del Hotel Casino Iguazú. El primero calzaba lentes súper oscuros y una malla florida. El otro, con un sombrero de paja tipo australiano, pispiaba el paisaje tropical. Nadie sabe de qué conversaron, pero se los vio muy descansados al presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Osvaldo Mércuri, y el ex intendente de Avellaneda, Baldomero “Cacho” Alvarez.
- El indio Solá. Durante la cena del viernes, Duhalde evitó todo tipo de conversación política. Demasiadas esposas, confesaron algunos gobernadores. Pero ello no evitó que la visita del funcionario del Fondo, Anoop Singh, fuera tema de la charla. Eso sí, pero en tono de broma. El gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, se encargó de dar muestras de su capacidad histriónica al imitar el inglés del indio. Duhalde estalló en carcajadas cuando el indio Solá le recriminaba la flotación sucia.
- El estigma de Iguazú. No sólo de política se habló. Entre los gobernadores que supieron integrar el Frente Federal recordaron que semanas antes de la caída de Fernando de la Rúa se habían reunido en este hotel. Entre ellos estaba un siempre sonriente Adolfo Rodríguez Saá. Tras ese encuentro, el puntano fue presidente pero por sólo siete días, luego de perder el respaldo de los gobernadores. Ayer, estos mandatarios se preguntaban –medio en broma, medio en serio– “si la maldición de Iguazú no caería sobre Duhalde”.
- Cruce bonaerense. Algunos creyeron que era una broma pero el gobernador Solá no lo sintió así y de la nada se desató una fuerte discusión con el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández. El funcionario le habría recordado algunas críticas que el indio Anoop Singh le hizo a su gestión. Solá, rápido, le retrucó deslizándole cierta responsabilidad en la aparición de afiches en la provincia de Buenos Aires con una foto de Aldo Rico y la frase por “un gobierno de orden”. La pelea no pasó a mayores, la presencia de Duhalde lo impidió.
- Guardavidas presidencial. De joven supo ser bañero, ocupación que le permitió a conocer a su esposa. Ayer, tras largas horas de conversaciones con los gobernadores justicialistas, Duhalde buscó distenderse. Y nada mejor que la natación. Es por eso que luego de despedir a los mandatarios y una corta siesta, aprovechó las piscinas del hotel para practicar los distintos estilos de natación. Desde la orilla, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, prefería los rayos del sol a la frescura del agua. Ya con el atardecer cerca, llegó el ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli, listo para darse un chapuzón.

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