EL PAíS

Moby Dick

Por H. V.

El itinerario organizado por la editorial Fandango y el profesor Claudio Tognonato incluía Milán, Turín y Roma. También figuraba Faenza, una pequeña ciudad en la Emilia-Romagna. En mi infinita ignorancia nunca la había oído nombrar. Las horas pasadas allí la semana última harán difícil olvidarla. Medio centenar de kilómetros al sudeste de Bologna, Faenza apenas pasa de los cincuenta mil habitantes. Uno de ellos nos esperaba en la estación de ferrocarril. Era Renzo Bertaccini, propietario de la librería Moby Dick, sobre la calle XX de Setiembre. Ese día, en 1870, las tropas italianas culminaron la labor del risorgimento y proclamaron la unidad del Reino, con la anexión de Roma, hasta entonces cabeza de los Estados Pontificios. El 20 de setiembre es hasta hoy la gran fecha de celebración laica en Italia.

Músico y editor, Bertaccini atesora una colección de ballenas de distintos materiales, una por cada una de las muy diversas batallas culturales que dan sentido a su vida, ya sea contra la presencia italiana en la invasión a Irak o contra la venta de Harry Potter en cadenas de supermercados, antes de su entrega a las pequeñas librerías y con grandes descuentos. Al subir al tren sólo sabíamos que Faenza era la ciudad de Pío Laghi, aquel nuncio apostólico en la Argentina entre 1974 y 1980, que jugaba al tenis con Massera y se oponía a cualquier presión externa sobre la dictadura porque consideraba a Videla y Viola buenos católicos que estaban sacando al país a flote desde el fango de la violencia y la corrupción. Presentar allí un libro como El Silencio, sobre el desempeño del nuncio en el denominado proceso de reeducación de prisioneros de la Marina, sólo algunos de los cuales sobrevivirían, no era jugar de local. Nacido en la vecina Forlì, Laghi es una personalidad venerada en Faenza, ciudad de origen etrusco, famosa desde el Renacimiento por sus cerámicas, y hasta hoy organizada a la sombra del Duomo que en 1502 capturó la atención de Leonardo, como documenta su cuaderno de viaje. Allí fue ordenado sacerdote en 1946 y obispo en 1969. Pero la comuna es gobernada desde hace unos años por la izquierda y Laghi es otra de las ballenas blancas que el capitán Ahab Bertaccini persigue con obsesión.

Recién al llegar supimos de la existencia de Elda Casadio, que nació en Faenza cuatro años después que Laghi. Allí se casó con un soldado polaco de los ejércitos aliados que combatieron en Italia a los ocupantes alemanes. El primer hijo de la pareja, Estanislao Kowal, nació el 17 de febrero de 1945, pero no en Faenza, asediada por los bombardeos aéreos, sino en Forlì, la diócesis natal de Laghi. Al año siguiente, el matrimonio con el bebé emigraron a la Argentina. Elda Casadio conocería a Pío Laghi treinta años después. Quince hombres armados irrumpieron en el taller mecánico de Estanislao el 28 de mayo de 1976 y se lo llevaron a la rastra. –Monseñor, soy de Faenza –dijo la mujer al presentarse ante el nuncio apostólico y narrarle lo sucedido. Los incursores también habían secuestrado a su nuera, que reapareció dos semanas después.

Después de escuchar su relato, Laghi le preguntó:

–¿Su hijo no sería comunista?

–No. Pero, si lo fuera ¿se justificaría lo que le hicieron?

No volvió a saberse de Estanislao y desde el año siguiente, Elda Casadio fue una de las mujeres que comenzaron a caminar en círculos en torno de la Pirámide de Mayo. No podía borrar de su memoria la última imagen de Estanislao: dentro de un auto, maniatado, con una mordaza en la boca y una pistola apoyada en la nuca. Volvió a acercarse a Laghi un par de años después, luego de una ceremonia religiosa en el cementerio de Faenza. El nuncio no la recordaba.

–Vivo en la Argentina y soy la madre de un desaparecido.

–Yo ayudé a muchos italianos.

–Puede ser. Pero por mi hijito no hizo nada.

–No puedo hacer nada, tengo las manos atadas –le dijo Laghi.

Pese a su desarrollo industrial, las raíces campesinas de Faenza están a la vista. Allí funcionó el mayor orfanato de la región y eso se refleja en los apellidos de las personas. Por eso Elda se llama Casadio, igual que el alcalde de la Ciudad, y Servadei es el apellido del asesor de cultura del Municipio, que lo representa en los actos de solidaridad con los desaparecidos argentinos. Las vidas paralelas de Laghi y Elda Casadio han despertado un interés por la Argentina, que para muchos es de identificación con las víctimas de la barbarie y aversión hacia los responsables y sus cómplices, sobre todo si unos y otros tienen apellidos italianos. Desde hace años, Bertaccini postula a Elda Casadio para la distinción honoraria que se concede al “Faentino lejano”. El 28 de marzo de este año se lo otorgaron por unanimidad, pero no podrá asistir al acto de entrega, el mes próximo, porque murió en su casa de Bernal el 29 de marzo. Tenía 80 años y su corazón no resistió la paliza que le dieron durante un asalto. El domingo pasado durante la solemnidad de la Virgen Beata de las Gracias, patrona de Faenza, la diócesis festejó los 60 años de Laghi con el sacerdocio. Elda Casadio ya no está, pero el domingo un par de zapatos femeninos amanecieron pegados sobre la escalinata del Duomo, y un grupo de jóvenes distribuyó un volante con su historia y una pregunta: “¿Qué festeja hoy la Iglesia?”.

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