EL PAíS › EL DEBATE SOBRE LA UNIVERSIDAD

“Autonomía no es autismo”

 Por Nora Veiras

–El rol del sistema universitario es central en la investigación y este año se está debatiendo una nueva Ley de Educación Superior. ¿Cuáles deben ser los ejes de esa nueva ley en armonía con este nuevo ministerio?

–La universidad pública tiene que asumir que no es gratuita sino que está siendo subsidiada por un 95 por ciento de la población que no tiene acceso a la educación universitaria. No basta con decir que la universidad pública está al servicio de las necesidades sociales si uno no dice cuáles son. En las universidades de los países desarrollados se ha incorporado el concepto de innovación, el contribuir a la creación de empresas, al desarrollo económico como una asignatura ineludible de la universidad. En Noruega fijaron por ley que una de las funciones de la universidad es contribuir al desarrollo tecnológico del país. Eso no está incorporado en el imaginario argentino porque no ha sido un rol evidente. Hoy por hoy la universidad tiene que tener una coherencia de objetivos con el Estado: hay una política de Estado que fija objetivos en el desarrollo científico-tecnológico, la universidad debe tener una política coherente para formar los recursos humanos necesarios para que ese desarrollo tenga lugar.

–¿Qué proyectos van a impulsar?

–Estamos por lanzar un plan para apoyar la formación de gerentes tecnológicos, es decir, individuos capaces de acoplar la tecnología o el conocimiento con la mejora de la competitividad de las empresas o la creación de nuevas empresas. Tenemos abogados, macroeconomistas, administradores de empresas tradicionales y tenemos científicos y tecnólogos que no saben ni siquiera escribir un cheque. Creo que hay un cambio cultural fuerte que tiene que darse en las universidades: es saber que si hay una demanda social concreta es la de que la universidad contribuya a la inclusión social favoreciendo un modelo de desarrollo económico que requiera de un alto nivel educativo. Esto implica pensar cuáles son las prioridades en materia de matrícula.

–Ante ese planteo es muy probable que la universidad reivindique la defensa de su autonomía...

–La autonomía implica que la universidad debe ser un lugar de pensamiento crítico, debe tener independencia de opinión, no debe estar sujeta a ningún tipo de presión del gobierno de turno, respecto de su financiamiento, condicionado determinada posición. Tampoco debería haber influencia partidaria en los organismos de gobierno de las universidades, debería primar un criterio de excelencia académica. Autonomía no implica autismo universitario, la universidad tiene que tomar en cuenta las necesidades del país y cuál va a ser la inserción de ese profesional que está formando. Si uno ve la proporción de enrolados en distintas carreras no guarda mucha relación con lo que estamos planteando como un objetivo de país que basa su desarrollo futuro en la tecnología, el conocimiento o la industria de mayor valor agregado. Es una problemática compleja. Si uno analiza por qué hay tan baja matriculación en las carreras científicas, probablemente uno se dé cuenta de que uno de los problemas es la aversión a las matemática en la mayor parte de los estudiantes cuando terminan el secundario. Difícilmente logremos tener más ingenieros o programadores si todo el mundo piensa que la matemática es una disciplina inaccesible.

–¿En qué se está fallando?

–Creo que en lo que estamos fallando es en ese aspecto diría dionisíaco que tiene la ciencia. Nietzsche hablaba de lo apolíneo y lo dionisíaco, acá hemos insistido mucho en lo apolíneo, en lo racional, en lo riguroso. Y la ciencia es una actividad lúdica, es muy divertido hacer ciencia. Lo que pasa es que es un secreto muy bien guardado para que no haya tanta competencia, pero en la medida en que podamos transmitir ese placer del conocimiento y contribuir al desarrollo, me cuesta pensar en una combinación tan atractiva. Creo que tenemos jóvenes tanto o más creativos que aquellos que crearon Google en la Universidad de Stanford. La Presidenta dijo en aquella charla en Nueva York que si tuviéramos tantos estudiantes de ciencias como jugadores de fútbol tendríamos más de un Maradona. Pasa por ampliar la base y promover este entusiasmo. La creación de un ministerio es una señal en sí, marca un rumbo. Muchos dicen que si se creó un ministerio, debe ser importante. Se está apostando a eso.

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