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Los feos y los colectiveros

Horacio Salgán se define una y otra vez como un hombre afortunado. Otra de sus suertes, dice, fue haberlos descubierto a Edmundo Rivero y a Roberto Goyeneche, los dos cantores más famosos de su orquesta. “Rivero no respondía a lo que en la época se esperaba de un cantor”, describe Salgán. “Por un lado porque parecía que su voz era muy grave. Pero además lo común era buscar un cantor con una imagen... favorable. ¡Y no era el caso de Rivero! (risas). Por eso nos echaron de Radio El Mundo, porque decían que los dos éramos muy feos, y él cantaba mal y yo tocaba peor. ¡Eramos feos hasta por radio! (risas).”

–¿Cuán resistido fue en un comienzo Rivero?

–Si le digo que por no tener dónde cantar se dedicó a acompañar a otros cantores, porque él tocaba bien la guitarra, se va a dar una idea de cuán resistido fue. Yo lo escuché una mañana en radio La Voz del Aire, y me di cuenta de que allí había alguien que tenía un gran valor. Lo cité en Radio El Mundo. Cuando lo vi dije: no, evidentemente no es el galán que se espera que esté al frente de una orquesta. Pero cuando lo escuché cantar me convencí: yo por este tipo me juego. No era que yo no supiera que había que poner un galán, claro. Pero soy un enamorado de la verdad dentro de la música, de lo cierto, lo demás es secundario. ¡A mí qué me importaba si era lindo o feo, si no lo quería para casarme!

–Y a Goyeneche, ¿cómo llegó?

–Cuando Horacio Deval se retira de mi orquesta, empiezo a probar cantores para sustituirlo. Y un día aparece Goyeneche, que era colectivero. Al principio Goyeneche venía, cantaba dos o tres vueltas con la orquesta, y después salía dos o tres vueltas con el colectivo. ¡Era un cantor de muchas vueltas!

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