EL PAíS › OPINION

Braden o Perón

Por Alicia Castro *

Corría el año 1945. Al final de la Segunda Gran Guerra el mundo contemplaba un cambio en el eje imperial: los Estados Unidos emergían como la nueva potencia rectora del mundo, relegando a la exhausta Gran Bretaña a un papel más discreto. Lejos de la diplomacia inglesa, Spruille Braden, embajador norteamericano en la Argentina, empezó a intervenir en la política interna de nuestro país. La Argentina, desde una posición soberana, iniciaba un proceso de sustitución de importaciones, desarrollo científico y tecnológico, expansión de su mercado interno, nacionalización de los servicios públicos, control del comercio exterior y desarrollo de los derechos sociales y laborales. La Argentina comenzó a pensarse a sí misma, con una industria independiente, obreros con salarios dignos, aguinaldo y vacaciones, alfabetización masiva, gran difusión de la escuela pública; comenzaba a estructurarse la clase media más poderosa y homogénea de América latina.
Representante del poder imperial, Braden acompañó la causa de los grupos económicos que defendían el régimen de la Argentina agroexportadora. Los partidos políticos tradicionales, los abogados de las compañías extranjeras, la burguesía librecambista comenzaron a fraguar la reacción contra las conquistas obreras consagradas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. El 19 de septiembre de 1945 se realizó la “Marcha de la Constitución y la Libertad” de la cual Braden participó personalmente. La demostración de fuerzas rindió sus frutos, Perón fue removido de sus cargos y conducido a la Isla Martín García en calidad de detenido.
El 17 de octubre las masas irrumpieron en el escenario político tomando la Plaza de Mayo en reclamo de la libertad de su líder. Perón fue liberado por la movilización popular y se convocó a elecciones libres. Braden, desde su estratégico puesto de Secretario Adjunto de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, impulsó una campaña contra el Movimiento Nacional referenciado en la candidatura de Perón. La Argentina quedó dividida: la Unión Democrática, expresión política del país semicolonial y, por otro, el Frente Nacional, de carácter antiimperialista, expresión de las masas trabajadoras y de los sectores que pugnaban por sentar las bases de un proceso emancipador.
Perón sintetizó, en un famoso discurso, la disyuntiva de la hora: “Si por un designio fatal del destino triunfaran las fuerzas regresivas de la oposición, alentadas y dirigidas por Spruille Braden, será una realidad terrible para los trabajadores argentinos la situación de angustia, miseria y oprobio que el mencionado ex embajador pretendió imponer... la disyuntiva en esta hora trascendental es ésta: o Braden o Perón”.
La antinomia que resumió una época sigue vigente.
La dependencia de la Argentina al proyecto neocolonial de los Estados Unidos hunde hoy a millones de trabajadores sin trabajo en la miseria y la desolación. Esta es la opción que señalé en la Cámara de Diputados el día que llevé la bandera de los Estados Unidos al estrado. Los argentinos podemos recupera nuestra identidad. La Argentina puede reactivar su industria y poner en marcha el proyecto de soberanía política, independencia económica y justicia social que nos signó como Nación.
* Diputada de la Nación. Secretaria general del Sindicato de Aeronavegentes.

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