EL PAíS

La última escala

 Por Mario Wainfeld

La elección de autoridades provinciales en Río Negro culmina una sugestiva serie que comenzó el 13 de marzo en Catamarca. Dos constantes rigieron ese maratón: la aplastante primacía de los oficialismos locales y la del kirchnerismo. Esta última no corre riesgo de ser alterada hoy ya que las dos listas con posibilidades de vencer acompañan a la Casa Rosada: tanto la radical K cuyo candidato es César Barbeito cuanto la justicialista que comanda Carlos Soria.

Ambos sectores aducen contar con encuestas que vaticinan su triunfo, lo que obliga a ser cauto. Las huestes de Soria presagian una diferencia mayor que las de Barbeito.

Para los compañeros peronistas la misión no parece fácil ya que Río Negro es la única provincia gobernada por el radicalismo ininterrumpidamente desde 1983. Ni siquiera en 1995, cuando el Frepaso desplazó a la UCR del segundo lugar en las presidenciales, se cortó la hegemonía. Esa vez el boina blanca Pablo Verani superó por un puñado de votos (alrededor de 600) al peronista Remo Constanzo. Fue un margen ínfimo pero bastó para conservar el feudo.

En 2007, el esquema era similar al actual. Ricardo Saiz (radical K) iba por la continuidad, el senador Miguel Pichetto lo desa-fiaba con los colores del Frente para la Victoria (FpV). Se sostuvo el radicalismo y Pichetto siempre rezongó sobre la falta de “actitud” del kirchnerismo nacional. Según él, tuvo un doble standard ante coyunturas homólogas en Río Negro y en Mendoza. En ésta acompañó a quienes competían con el delfín del gobernador Julio Cobos quien (en ese pasado remoto) era radical K e importante aliado y compañero de fórmula de la Presidenta. Con ese aval, el peronista Celso Jaque les arrebató la provincia a los flamantes aliados en la Concertación Plural. Las quejas de Pichetto sonaban verosímiles. Da la impresión que, en 2011, el gobierno nacional tampoco puso el acelerador a fondo para bancar al “Gringo” Soria. Desde la perspectiva nacional, cualquier veredicto le augura un gobernador con el que se podrá acordar. En las primarias abiertas, la Presidenta rasguñó el 60 por ciento de los votos, cuadruplicando largamente a Ricardo Alfonsín.

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Según el censo 2010, Río Negro tiene una población algo superior a los 630.000 habitantes. Como en Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego, la capital, Viedma, no es la ciudad más importante y más poblada, tiene alrededor de 52.000 habitantes. En rigor, a diferencia de la mayoría de las provincias, no hay en Río Negro una gran ciudad que concentre un porcentaje dominante de la población. Bariloche, la más grande, concentra a algo así como la cuarta parte (108.000 pobladores): la siguen General Roca y Cipolletti. La conformación de las cuatro ciudades pinta una diversidad dentro de un mismo territorio. Bariloche, montañoso y bello centro turístico, de industria textil y con actividades de servicios. General Roca y Cipolletti, localidades del Valle, zona más fértil merced a la laboriosidad de sus pobladores, vinculada a la agricultura. Viedma, la ciudad administrativa, costera al mar. Tan pluricolor la geografía provincial, con diferencias que impactan en la política.

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Oficialistas y opositores rionegrinos son afines al gobierno nacional, así que su pintura sobre los últimos años coincide. Salvo, claro, en la valoración del aporte que hicieron los gobiernos provinciales al crecimiento de la población, del PBI, de la economía regional, al aumento del empleo y la merma de la desigualdad.

De cualquier modo, queda mucho por hacerse. Un dato ilustra esta idea: en Río Negro había, a junio, más de 50.000 chicos beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, que se distribuyen en 29.600 hogares. Un ocho por ciento del total de la población, que requiere un refuerzo en sus ingresos, una marca de todo lo que falta recuperar.

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En Chubut hubo irregularidades serias. Salvo ese manchón, todas las elecciones en provincias tuvieron respuesta masiva, digno comportamiento ciudadano y estimable calidad institucional. Ojalá que en Río Negro se replique la sana costumbre.

La polarización entre los dos principales competidores se imagina muy alta, acaso congreguen juntos un caudal superior al ochenta por ciento del padrón. Si se ratifica esa previsión, confirmará otra constante de las elecciones escalonadas: el FpV es potente en todas, el radicalismo en algunas, las demás fuerzas solo en una o en poquitas.

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