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El círculo del poder

Querido Joe:

Ayer por la tarde recibí la visita del doctor Horacio Agulla, quien venía acompañado del señor Harry Steinbreder Jr., que es director de la revista Time para special advertising projects, y un colaborador de éste, el señor Lee Carny. También vino el doctor Rodolfo Martínez, y por nuestra parte lo recibimos Rodolfo, mi hermano, y yo.

El doctor Agulla explicó que vos habías sugerido una lista de empresas a ser visitadas con el objeto de obtener ocho carillas de avisos en el Time a un costo de aproximadamente 300.000 dólares a ser aportados por 30 o 40 empresas, esto es, a razón de ocho a diez mil dólares por empresa, para que esta revista publique en el mismo número un artículo de cuatro carillas en el que se daría una imagen real de la Argentina. Entonces yo mostré algunos ejemplares de Time donde tenía marcados con rojo los infundios que vienen divulgando sobre nuestro país, y les pregunté a los americanos cuánto habían cobrado por publicarlos. Me contestaron que nada, que se trataba de material periodístico habitual, y aclararon que ellos nada tenían que ver con esa área pues su misión específica era la de conseguir avisos. Que entre ambas secciones de Time existe una separación “como entre la iglesia y el Estado” (sic). Le respondí que, como previamente me habían hablado de publicar un artículo que daría la imagen real de la Argentina, yo suponía que Time había cambiado sus puntos de vista, en cuyo caso lo correcto era rectificar los errores sin cobrar por ello porque se trata de un acto que hace a la responsabilidad con que debe ser ejercida la libertad de prensa. Entonces el señor Steinbreder, sin más ambages, me explicó que de lo que se trataba era de comprar un artículo, porque de otro modo no podía publicarse. Ubicado así claramente el problema, le propuse que pagáramos el artículo directamente sin hacer ninguna clase de publicidad porque me parecía un tanto infantil que después de ocho carillas de avisos de empresas argentinas apareciera un artículo diciendo que en nuestro país ya no se comen los chicos crudos como lo han venido sosteniendo hasta ahora. El señor Lee Carny tuvo entonces la ingenuidad de explicarme que ello iba contra la “ética periodística”, por lo cual se veían precisados a facturarnos publicidad. Contesté que, con la misma franqueza con que ellos me habían propuesto el negocio, yo les decía que Ledesma no estaba dispuesta a hacer publicidad en una revista que ha venido deformando la realidad argentina a un punto tal que cabe preguntarse si es sólo atribuible a un error o si es que hay algo más detrás de ello. Que desde ya, los aproximadamente 10.000 dólares que tendría que aportar Ledesma estaban a disposición dado el interés invocado del Ministerio de Economía, por quien siento una profunda admiración por todo lo que está haciendo para la recuperación de la Argentina en medio de enormes dificultades. Que una salida podría ser que Ledesma entregase su aporte a otra empresa que quisiese aparecer en Time, y que sumados ambos aportes esta empresa pudiese hacer un aviso de doble tamaño. El doctor Agulla finalizó este tema diciendo que se trataba de un problema formal y que no habría inconveniente en encontrarle una solución adecuada.

Posteriormente, el señor Steinbreder se explayó sobre la conveniencia para la Argentina de que la prensa internacional hable bien de ella y me recalcó que eso cuesta mucho dinero (por supuesto que hablar mal es gratis). Le contesté que tenía mis serias dudas sobre esa conveniencia porque los argentinos nunca nos hemos sentido tan unidos como ahora porque nos atacan desde afuera. Basta con haber visto cómo aplaudieron a rabiar en las canchas de fútbol al Presidente Videla y las ulteriores manifestaciones populares de adhesión que recibió. No sea que si la prensa extranjera empieza a decir que somos “chicos buenos”, agregué, desaparezca uno de los grandes factores aglutinantes de nuestro presente.

Les dije, para terminar, que había tratado de ser muy sincero para que pudieran llevarse una impresión muy clara de una manera de pensar que no es sólo mía sino de la gran mayoría de los argentinos por lo que a mí me consta, y que si otros empresarios a quienes visitan no les expresan cosas parecidas no crean que es porque opinan de un modo diferente sino simplemente porque son mejor educados. Los dos americanos me agradecieron muy efusivamente la oportunidad que yo les había brindado para tener una conversación en términos tan francos.

Antes de retirarse, en un aparte, el doctor Agulla, a requerimiento mío, me contestó que consideraba que la reunión había sido positiva porque es necesario que quienes nos atacan desde afuera sepan, además de la verdad, que los argentinos estamos indignados. También me aseguró que el artículo a publicarse en Time llevará tu visto bueno porque así ha sido convenido.

Me contó el doctor Agulla que el martes 27 estuvo con los funcionarios de Time hablando dos horas contigo. ¡Pobre de vos! Por si te interesa, te informo que el señor Steinbreder comió anoche en el restaurante Ligure, donde con un baby beef ingirió dos vasos tamaño whisky pero, detalle, conteniendo gin puro. Con el postre se tomó una botella de vino y sus compañeros de mesa tuvieron que sostenerlo discretamente para que pudiera salir del local sin mayores tropiezos.

Recibe un fuerte y cariñoso abrazo de tu amigo, Carlos Pedro [Blaquier]

Esta carta, fechada el 29 de junio de 1978 y con el membrete personal de Blaquier, no fue dirigida a las oficinas del Ministerio de Economía sino al domicilio particular de Martínez de Hoz. Fue reproducida en: Enrique Vázquez, PRN La última, Buenos Aires, Eudeba, 1985, pp. 78-80 y luego en Reynaldo Castro, Con vida los llevaron. Memorias de madres y familiares de detenidos-desaparecidos de San Salvador de Jujuy, Argentina, Buenos Aires, La Rosa Blindada, 2004.

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