EL PAíS › CóMO VIVIERON LOS HINCHAS LAS HORAS PREVIAS AL DEBUT

Al Maracaná, en subte y en camiseta

 Por Facundo Martínez

Página12 En Brasil

Desde Río de Janeiro

El Mundial no deja de sorprender. Lo hecho por los hinchas argentinos durante el banderazo del sábado en las playas de Copacabana fue superado ayer en lo que fue el arribo de miles y miles de hinchas al estadio Maracaná, donde los argentinos “volvieron a ser locales”, por cantidad y por el despliegue colorido de disfraces, pinturas, gorros, pelucas y camisetas de la Selección de diferentes modelos.

Ya desde la mañana temprano, en las inmediaciones del legendario estadio mundialista, se vio una gran cantidad de argentinos que, vestidos con la celeste y blanca, eran solicitados para alguna fotografía por los brasileños que, como todos los domingos, hacían ejercicios físicos o caminatas matutinas.

En la avenida costera de Copacabana, la invasión era total. Bajo un sol de verano, los hinchas coparon las playas desplegando sus banderas que flameaban por la brisa que llegaba del mar, mientras que los comerciantes argentinos, la mayoría buscavidas y manteros, se reproducían a lo largo de las veredas de la avenida Atlántica ofreciendo merchandising, réplicas de camisetas argentinas oficiales, que se podían adquirir por 90 reales (450 pesos) o toallones playeros con los colores de la Selección por los que un grupo de hinchas de Belgrano de Córdoba pedían unos 50 reales (200 pesos). Los bosnios, en cambio, elegían los bares antes que las calles y se concentraban en grupos pequeños. “Estamos muy contentos de estar aquí. Es una locura. Vamos a salir 2-2”, le comenta uno de ellos a este cronista, y agrega que “después del partido, le gustaría cambiar la suya, la 9 de Dzeko, por una camiseta de Messi”.

El viaje en metro desde Copacabana hasta el Maracaná fue un capítulo aparte. A los 13, en los pasillos de la estación Cardeal Arcoverde, de la línea 1, no cabía un alfiler. Los argentinos llegaban en grupos y se amontonaban en las boleterías donde con 3,10 (12 pesos) y una combinación en la estación Central, para abordar otro metro de la línea 2, se llegaba hasta la estación Maracaná, desde cuya boca de salida se podía ver el mítico escenario que albergará el próximo 13 de julio el partido final de esta Copa del Mundo.

Pero no todo fue alegría para los hinchas argentinos que cantaban, saltaban y cargaban a los brasileños, tal como lo habían hecho en la jornada previa. La desbordante alegría, la enorme emoción de estar ahí se volvió llanto y desilusión. “Me acaban de robar la entrada, me acaban de robar la entrada. La tenía en el bolsillo y ya no la tengo, pero qué pelotudo que soy”, gritaba un hincha de unos 50 años, que estaba acompañado por un hijo que casi inmediatamente comenzó a llorar. Otro hincha, al que le habían abierto la mochila, revisaba si le faltaba algo apenas unos metros antes de pasar los molinetes. “Acá son rapidísimos”, se quejaba.

La falta de tickets para ingresar al estadio fue el principal problema de cientos de hinchas que buscaban cómo ingresar al estadio. Dos extranjeros mostraban carteles en los que pedían que alguien les vendiera entradas. Y ya en los alrededores del estadio, se podían ver a brasileños pidiendo comprar tickets a viva voz.

Un pareja de argentinos que llegó a Río procedente de Cañuelas, “haciendo la argentina, con un vuelo a Foz de Iguaçú y otro interno, y vuelta en micro, todo por 2700 pesos”, preguntaba si en el estadio se podían llegar a alterar las ubicaciones para poder ver el partido juntos, ya que sus entradas tenían diferentes ubicaciones.

En el ingreso al Maracaná, donde el operativo de seguridad era imponente, con policía montada y efectivos de la policía militar desparramados por todos los playones de las puertas de ingreso, la previa de la fiesta de las tribunas tuvo todo el color que suele mostrar un Mundial.

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