EL PAíS

Gente con calle

 Por Mario Wainfeld

Uno de los lugares comunes más socorridos de los apologistas del 18F es la irrupción de la ciudadanía, tras años de pasividad. Los llaman “gente”, dejan picando qué son “los otros”.

Si un politólogo noruego recién llegado a la Argentina los escuchara pensaría que en la Argentina de los años recientes flaqueó la acción directa.

Si el mismo académico hubiera escuchado las polémicas de ese tiempo, se sorprendería porque proliferaron quejas por lo contrario: los paros, los cortes de calles y rutas, los piquetes.

En verdad, la apatía (relativa) o mejor la falta de potencia de “la calle” tuvo su cenit en los ’90, epilogó en diciembre de 2001 y desde entonces se mantuvo in crescendo.

La protesta social fue una constante desde principios de siglo. La herramienta, funcional para interpelar a los gobiernos o llamar la atención, fue usada por todos los estamentos sociales. Piquetes de pobres o de propietarios, cacerolas de clase media, paros activos, cortes de la Panamericana en las horas pico por un conflicto de empresa... Los ejemplos sobran y por algo existen. Recordemos algunos picos.

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Una protesta ciudadana por la tragedia de Cromañón llevó a derrocar mediante juicio político al jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, aliado del oficialismo en el segundo distrito electoral del país. No hay muchos ejemplos en la experiencia internacional comparada, si es que hay alguno.

Los vecinalistas de Gualeguaychú cortaron un puente internacional durante un lapso prolongadísimo. Atizaron un conflicto con Uruguay, condicionaron la política internacional argentina. Tampoco es sencillo encontrar precedentes similares.

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Hubo, antes del miércoles, fuertes movidas estrictamente antikirchneristas. (O) ponerle el cuerpo es una gimnasia practicada desde abril de 2004, de la mano de Juan Carlos Blumberg, quien congregó una muchedumbre. Fue una estrella fugaz que ascendió prematuramente y cayó en consonancia.

En 2008, la revuelta de las patronales agropecuarias concentró más adhesiones, fue perdurable. Se embanderó como federal, usó de la acción directa con picardía y enorme lesividad. Organizó dos actos con gran asistencia: en el Monumento de la Bandera en Rosario y frente al Zoológico porteño. Impactó en las elecciones de 2009, las más flojas del kirchnerismo desde 2003. En sus trances más exaltados, tuvo un marcado tinte destituyente. Avivó ilusiones, democráticas y de las otras de la oposición. Tampoco bastó, de cualquier manera es el precedente más similar al 18F.

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El ansia fundacional es una constante en la historia argentina. Nadie está exento, como se ha contado en una reseña que se podría extender muuuucho.

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