EL PAíS

La fuga

“Mis memorias principales empiezan cuando nos vamos a Paraguay. El tema del cruce de fronteras. Nos pasaron a buscar por el hotel de la Aviación Naval. No sé si sigue siendo un hotel. Es un edificio negro, todo oscuro, que está un poco antes de la ESMA, a la izquierda hacia el centro. Nos reunimos en el bar de ese lugar. Pasaron dos tipos de Inteligencia que vinieron a buscarnos en un auto civil. Cargaron el equipaje en el auto y nos fuimos. Los tres sentados atrás y los dos de Inteligencia adelante. Y fuimos por Zárate-Brazo Largo. Hicimos un trayecto muy largo hasta Asunción. Tuve una linda vida ahí. Me hice amigos de dos chicos chilenos que vivían enfrente. Dos chicos de la escuela, andaba en bici. Después, cuando se empezó a nublar todo es que me dicen que a papá lo estaban buscando por un tema político y que había que tomar ciertos cuidados. Me sacan de la escuela donde estaba y nos llevan a una granja de un conocido. Ahí estuve unos cuantos meses mientras esperaba a ver qué pasaba. Y ahí es como que recuerdo sentirme preocupado, como que sentíamos que estábamos buscados.” Así relata Javier Penino Viñas el inicio de la fuga, la travesía que lo llevará por varios países hasta que en 1998 regresó por su cuenta para recuperar su identidad.

–¿Vildoza era violento en la casa? ¿Con vos?

–No. Jorge y Mónica (los hijos de Vildoza) se quejaban porque decían que conmigo era una mantequita y a ellos los cagaba a pedos. Creo que había un tema de edad. Y también que conmigo tenía un tema psicológico de cuidarme casi obsesivamente. Cuando me enfermaba se ponía frenético si encontraba la ventana abierta. Como que le agarró por ese lado. De ahí tomó la decisión de ir a Brasil, un tiempito, mientras veía con quién se podía vincular en Londres u otros lugares. Terminamos viajando a Alemania y después a Austria.

–¿Como hicieron con los documentos?

–Fuimos a Foz de Iguazú en varias ocasiones. Pero en esa ocasión, paramos en el Hotel Carima del lado brasileño, pasamos por lo que en ese momento era Presidente Stroessner o Ciudad del Este. Cruzamos el puente del lado brasileño y nos quedamos en el hotel como haciendo turismo. Días después vino el tipo de Inteligencia –no era el mismo que nos llevó, era otro– y empezó a entrenarnos con el tema de las nuevas identidades, a tomarnos las huellas, sacarnos las fotos.

–¿Cómo era el “entrenamiento”?

–Era porque cambiaron todas las fechas de cumpleaños. Apellidos, nombres, nombres de los abuelos. Lo que tratan de hacer es similar a la realidad para no patinar demasiado. La fecha de cumpleaños era más o menos cercana. La mía es en septiembre, y era 21, pero para que no quede nada raro como celebrando el cumpleaños en un día distinto. Como chico me parecía divertido. Era como una aventura. Me lo representaron así y así lo sentía.

–¿Cómo terminan en Sudáfrica?

–Logró vincularse con una compañía europea con la que había tenido contacto en Inglaterra (donde fue agregado naval). Era una compañía de electrónica. Sistemas para bancos. Le ofrecieron ir a Sudáfrica para tratar de generar el negocio. Era Sudáfrica o Sri Lanka. Viajó a Sudáfrica para ver qué tal. Se fue solo a ver qué onda. Le gustó mucho y decidió él. Todas esas cosas las decidía él.

–¿Tuvieron contactos en Sudáfrica con la agregaduría naval?

–Cero. Cuando nos fuimos de Paraguay la idea era que la Armada quería romper vínculos porque ya se complicaba mucho mantenernos.

–Pero le seguían pagando.

–Pagando el sueldo de dado de baja, pero eso era algo normal. No era una ayuda rara. En cambio a Paraguay le llevaban plata. Venía un tipo a Paraguay de vez en cuando a visitarlo y le traía dinero. Y en algún momento necesitó una calificación nueva para tramitar una licencia o algo. Le trajeron un certificado de técnico en electrónica, con eso creo que consiguió el otro laburo. Pero desde que nos fuimos de ahí creo que no había una ayuda tan formal. En Sudáfrica sé que lo visitó alguien de Argentina. Pero no sé si era agregado o estaba ahí por otra cosa.

-–¿Cuando murió Vildoza, supuestamente?

–¡Que alguien me crea! El 27 de mayo de 2005.

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