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OTRAS VOCES

- Federico Schuster (decano de la Facultad de Ciencias Sociales): “El problema de la legitimidad es grave, ya que hay una gran desconfianza hacia la política en general, como resultado, principalmente, del vaciamiento que se produjo desde el ‘83. Nuestro país tiene poco tiempo de construcción política democrática. Los que llegan al gobierno no logran el poder político, ya que son saqueados por el poder económico y financiero. Los ciudadanos cayeron en un gran desencanto porque no encuentran opciones. El movimiento social que se está produciendo desde diciembre de 2001 aún no ha logrado canalizarse en una opción política de poder. Por eso la gente vota sin ninguna confianza en que el país cambie. El que gane en segunda vuelta, al menos, tendrá un elemento adicional para la legitimidad de su gobierno. Sin embargo, va a asumir en un clima nada fácil, sin entusiasmo por parte de la sociedad y con un gran nivel de demanda en poco tiempo de gestión. El nuevo presidente tendrá que demostrar una gran capacidad política para sostenerse en el poder”.
- Emilio De Ipola (sociólogo y ensayista): “La apatía de gran parte del electorado proviene del hecho de que ninguno de los candidatos que se presentan encarna para ellos una perspectiva de cambio positivo. Son políticos que ya han dado cuenta de su inepcia. Las consecuencias sobre la gobernabilidad son difíciles de predecir. Hay una desconfianza en la política de los partidos y podría haber una suerte de escisión entre los políticos y la sociedad. Ya han surgido movimientos sociales, con perspectivas políticas o sin ellas. Algunos apuntan a apropiarse del Estado, mientras que otros prefieren mantener la escisión y luchar desde el campo de lo social autónomamente. Estos movimientos tienen que tener instancias de negociación con el gobierno. Algunas de las asambleas de barrio han ido decayendo, pero las que continúan pueden hacerlo de manera más organizada. La perspectiva no es muy clara. Es difícil que estos movimientos duren, pero si lo hacen es porque se burocratizan -no lo digo peyorativamente- y terminan adoptando estructuras similares a las de los partidos a los que ellos combaten”.
- Analía del Franco (Consultora Analogías): “Todavía hay un tercio de la sociedad que no sabe a quién votará. Es lo primero que responden en las encuestas, aunque después elijan entre los candidatos que se les ofrecen. En principio creo que esto irá variando durante estos diez días que faltan para las elecciones y que la gente irá reflexionando a quién votar. Esta falta de deseo de votar quizás pueda revertirse en el ballottage. La segunda vuelta apasionará más a la gente, que se comprometerá con un voto más estratégico. La sociedad tiene un gran escepticismo en la política y en los gobiernos, lo que hace que no se creen demasiadas espectativas. Por eso me parece que con el próximo presidente ocurrirá lo mismo que con Duhalde. No será una situación tan dramática, sino que seguirá un gran distanciamiento entre la dirigencia y la sociedad, que apoyará algunas cosas y rechazará otras”.
- Norberto Galasso (historiador y escritor): “En los últimos tiempos las mayorías populares han venido sufriendo cada vez más defraudaciones, el gobierno de dirigentes que durante sus campañas han prometido programas que luego no cumplieron: Frondizi, Alfonsín, Menem y De la Rúa. Dirigentes de los dos grandes partidos históricos que claudicaron ante los grandes poderes económicos. El pueblo está cansado de estos títeres. Encima la izquierda es muy abstracta y se preocupa más por lo externo que por larealidad nacional. La nueva protesta del “que se vayan todos” no encuentra un cauce político, un frente común y nuevo, con gente comprometida éticamente. Esto traerá como consecuencia problemas graves. Un gobierno nuevo que no va a cumplir con lo que prometió, que será débil y que sin consenso penderá de un hilo y provocará inestabilidad. No se puede descartar que no vuelva a ocurrir lo que pasó con el gobierno de De la Rúa en diciembre de 2001”.
- Ricardo Rouvier (Consultora Rouvier y Asociados): “No hay demasiado entusiasmo cívico ni en las elecciones ni en los candidatos. Esto se debe a la profunda crisis política que atraviesa el país y sus instituciones. El radicalismo está licuado y el justicialismo está dividido. No hay un escenario homogéneo para generar espectativas en la gente y las ofertas que existen son dispersas e individuales. Esta indiferencia del electorado provocará que el nuevo presidente posea una legitimidad limitada y necesite realizar una alianza política y parlamentaria para poder gobernar esta Argentina”.
- Manuel Mora y Araujo (Mora y Araujo y Asociados): “No es que la mayoría de la gente esté convencida de qué candidato elegirá. Lo que existe, por ahora, es una intención de voto. A pesar de la apatía, la gente cree que se puede gobernar si luego el político elegido negocia en busca de un consenso. Es claro que este país no puede gobernarse sin alianzas. La falta de convencimiento y la gran división del electorado tiene relación con la profunda crisis de liderazgo y la pérdida de confianza que se está produciendo en el país”.

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