EL PAíS › LA HISTORIA DEL ESPIA LEGASCUE Y TELLELDIN

El espía que vino de Paraná

Por Daniel Enz *

Cuando el agente de la Side Isaac García declaró en el caso AMIA comenzó a aparecer la pista del dinero que recibió el acusado Carlos Telleldín. El espía 54.589/53, cuyo nombre de guerra es Ismael Garabar, fue el primero en admitir que la secretaría hizo el pago con fondos propios y explicó el mecanismo utilizado. En su declaración mencionó a un personaje poco conocido, dueño de una carrera larga y oscura. Juan Carlos Legascue, entrerriano, jubilado judicial, es un “inorgánico” de la Side que participó, según García, en el “operativo seducción” de Telleldín.
Legascue es un habitué de los cafés de la peatonal San Martín, en pleno centro de Paraná. Hace por lo menos 25 años que es espía, integrado durante la dictadura militar. Hijo de un sargento del Ejército, Legascue se recibió de abogado en Santa Fe, y de inmediato se incorporó al juzgado de Instrucción a cargo de Silvano Santander (h) en la justicia provincial. Santander siempre fue un hombre comprometido con la defensa de los derechos humanos, al punto de que el 20 de mayo de 1976 fue cesanteado por el gobierno militar en Entre Ríos. Su delito fue tratar de defender a un reconocido médico psiquiatra de Paraná, Eduardo Barbagelata, a quien habían cesanteado.
Legascue no tuvo problemas con los militares: su militancia estaba en la derecha peronista que, en Paraná, lideraba Alberto Ottalagano. Antes del golpe y recomendado por un influyente, fue secretario de la Cámara Federal de Apelaciones local, pero al tiempo renunció por diversas irregularidades. Sus contactos todavía servían y a poco volvió al fuero federal como defensor de Cámara. Luego del 24 de marzo de 1976, fue el primer cesanteado de la Justicia Federal en Entre Ríos.
Pero no era una víctima, como quiso parecer. De hecho, fue prontamente nombrado juez federal en Posadas. Pese a la arbitrariedad de la dictadura, Legascue tuvo que renunciar antes de ser removido por un jury, que lo acusaba de apoderarse de dinero depositado en su juzgado y hasta de un velero secuestrado en un juicio. Había durado meses, pero los militares le regalaron una confortable jubilación judicial.
Fue entonces que volvió a Paraná y se integró a la Side, que dependía del Comando de la Segunda Brigada de Caballería Blindada. Los espías de esa época fueron clave para detenciones ilegales y desapariciones forzadas de personas en Paraná, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú.
Legascue es una especie de líder de un grupo de tareas especiales integrado por policías retirados, servicios y ex carapintadas, y su mano derecha es un ex combatiente que habría participado en operaciones en Centroamérica y el Líbano. Quienes lo conocen señalan que “se la pasa viajando” por países centroamericanos, por ser un colaborador de tareas de grupos de espías del exterior. Al declarar en la causa AMIA, admitió sin problemas haber participado en la “operación Telleldín” y dijo que viajaba “por negocios”. Entre los que se contaban estrechos vínculos con Irán antes y después del atentado de 1994.

* De la revista Análisis, de Paraná. Exclusivo para Página/12.

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