ESPECTáCULOS

Héroes y superpelículas

Si Ariel Dorfman siguiese interesado en los dibujos animados, tal vez escribiese su versión de Para ver a Los Increíbles. Algo que viene sucediendo igual como respuesta al éxito de una película que cuenta la historia de un superhéroe que debe esconderse como una persona normal, hasta que se da cuenta de que debe seguir siendo un superhéroe, una síntesis que algunos han querido leer como ideal para los Estados Unidos de Bush. “Es una manera de verlo, pero creo que no es una lectura apropiada de mi película. Para muchos, en realidad, Bush es más parecido a Síndrome, porque está interesado en parecer un superhéroe, no en serlo”, explica Bird. “La verdad es que tuve la idea para esta película doce años atrás, así que una lectura de ese tipo es totalmente equivocada. Hay gente que incluso menciona a Ayn Rand y a Nietzsche, gente que pueden ser pensadores inteligentes, pero me parece que les falta sentido del humor y una visión más amplia de la vida.”
–Lo que una película como Los Increíbles está diciendo... ¿no es que hay que atreverse a hacer superpelículas, en vez de dejarse atrapar por la mediocridad de Hollywood?
–Esa es una lectura mucho más apropiada. Si se quiere, Los Increíbles se pregunta por las razones por las que nos metemos en el camino de quienes tienen talento. En Hollywood, si tenés algo específico en la cabeza y defendés una buena idea, sos visto como una persona que no puede trabajar en equipo. Y no es que no sabés trabajar en equipo, ¡sólo querés tener que cambiar algo por alguna buena razón! Mientras que acá en Pixar aceptan a la gente con opiniones fuertes. Siento que es la personificación de un lugar idílico, en el que se quiere que la gente dé lo mejor de sí todo el tiempo, y donde es saludable pelear por lo que crees.

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