ESPECTáCULOS

Las explicaciones del caso

Bebo Valdés dice que sigue grabando y componiendo, sobre todo, para que otros continúen el camino que él comenzó a recorrer en la música cubana. Que sus discos lo sobrevivirán, seguirán hablando por él. Quizás estaba pensando en eso cuando acompañó cada tema de Bebo de Cuba con cuidados textos propios, donde explica qué ritmo se interpreta, de dónde proviene, a quién se lo dedica, y hasta recomienda a qué instrumentos prestar atención. El primero de los discos de este tríptico, Suite cubana, presenta una orquesta a la manera de una big band reducida, con músicos como el trompetista Paquito D’Rivera y el contrabajista Andy González. Entre los sesionistas hay un argentino, el trompetista Diego Urcola, radicado en Nueva York, para quien Valdés no ahorra elogios: “Es uno de los mejores trompetas que escuché en mi vida. Aparte de ser muy bueno para improvisar, y también muy buen maestro, es un gran amigo de hace tiempo”. Urcola ya había tocado en Bebo rides again, y aquí su trompeta se destaca en los solos del mambo que Valdés dedica a Cachao López.
El disco tiene una potente introducción con Är ni fröken Pehrson? (en sueco, ¿Es usted la señorita Pehrson?, la esposa de Bebo), “una presentación al estilo Broadway, de la época de Fred Astaire, que se usaba para la entrada y la presentación de un espectáculo”, según detalla, y cierra con el mismo tema en ritmo de conga, “como hacían las comparsas callejeras en mi Habana, que siempre acababan frente al Capitolio y allí se disolvían”. En el medio se suceden ritmos tradicionales cubanos a la Valdés, guiados por brillantes filas de caños: son, bembé, mambo, guaracha-mambo, guajira-montuno, batanga. El segundo disco, El solar de Bebo, trae baladas, descargas, danzas y joropos ejecutados –ahora por once músicos– con menos brillo de metales, más percusión e igual celebración de la música. Los dos discos vienen con un DVD, Cuadernos de Nueva York, con imágenes de la grabación en esa ciudad. Fernando Trueba recuerda: “Tengo cientos de recuerdos inolvidables de esa temporada en el cielo junto a Bebo. Pero si tengo que elegir un momento entre todos, me quedaría con la cara del viejo cuando el primer día de ensayos oyó a la banda arrancar la primera lectura del primer tema. Sus ojos se iluminaron y su sonrisa de niño eterno apareció, irreprimible, en su cara. Era felicidad”.

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