ESPECTáCULOS

Aquellas lágrimas negras

“Nosotros no hicimos nada pensando en que, a lo mejor, era una cosa que pudiera gustar. Fue por amor a la música”, repite Bebo Valdés cada vez que se le pregunta por el origen de Lágrimas negras. Aquel disco no sólo armó un revuelo importante en todo el mundo sino que recordó al gran público que Chucho Valdés, el reconocido fundador de Irakere, tiene un padre que también es pianista y que hizo historia en la música tradicional cubana.
“Cuando fuimos a hacer Lágrimas negras, en el estudio era todo emoción. Hacíamos una toma y Fernando (Trueba) nos pedía otra de seguridad. Pero a la hora de editar, nos quedábamos siempre con la primera toma”, recuerda Valdés de la grabación de aquel disco, y no ahorra elogios para la actuación de su compañero de fórmula, Diego el Cigala. “Fuimos a casa de Javier Colina y me pusieron un pianito en las piernas, de esos que tocan los muñecos. Cuando hicimos la guajira, ésa fue una de las primeras cosas que a mí me subió. Nosotros le llamamos feeling, una palabra inglesa que es un error. Esa cosa que Diego (el Cigala) hace en Vete de mí, por ejemplo, la forma en que sube a las notas que te llegan al corazón, luego te pone unos finales que apenas te hacen llorar... Es un mensaje que te envía, que tú lo sientes y lo recibes en tu cuerpo. Yo le juro por la luz que está alumbrando, que en ese estudio, cuando terminamos la sesión, lloró hasta el apuntador”.

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