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Determinaciones

Dos aportes sobre el periodismo y sus debates actuales. Para Maximiliano Senkiw, el periodismo independiente no es aquel libre de todo tipo de presiones, sino el que actúa con veracidad y franqueza intelectual en medio de un clima de ataduras.

 Por Maximiliano Senkiw *

¿De qué se habla cuando se habla de prensa y periodismo independiente? ¿Frente a qué y quién se es independiente? ¿Contra quién combate el periodista por su independencia? Las preguntas plantean una mirada sobre algunas determinaciones que se disponen al momento de la labor periodística.

En su trabajo publicado bajo el título “Noticia=negociación política”, los periodistas Walter Miceli, Emiliano Albertini y Eugenia Giusti sostienen que “el proceso de valoración y determinación” de la noticia se encuentra sometido a las “negociaciones constantes entre los cronistas, los medios y el resto de los actores” que participan en lo que será la selección de lo publicable. Esta postura plantea un acercamiento a la práctica profesional como la combinación de una serie de negociaciones entre diversos protagonistas: otros medios, los políticos, las fuentes periodísticas, los anunciantes, los lectores y la empresa mediática. Sobre esa arena el periodismo trabaja, sobre tal arena el periodista escribe.

La idea divinizada del periodismo independiente ha calado hondo como consigna de libertad en el oficio de escribir y presentar hechos a un público. Se enarbola la independencia frente a las presiones del poder político y se entroniza la figura del periodista como el defensor de un noble interés ciudadano por sobre otras determinaciones. Es pues el periodista una insignia de la independencia que, con un mínimo y posible umbral de presiones y contaminación, relata los hechos “tal cual ocurren en la realidad”.

Cierto es que, como aseguraban Miceli, Albertini y Giusti, la labor del periodista, más que un acto de soberanía individual exaltada y defensa ciudadana, aparece en sus transformaciones modernas como un proceso de negociación que, si bien no deja de lado su tendencia a construir un discurso independiente y veraz, aparece altamente impactado por diversas instancias.

Por un lado, las fuentes presionan la tarea del periodista en un juego ambivalente de “te doy y no te doy”. Quienes suministran información al cronista se posicionan como vertientes interesadas de las que el periodista depende para obtener y corroborar datos confiables de rutina y también para proveerse de aquel bien tan valorado en el circuito comercial noticioso como es la primicia.

A la fuente se suman otros tres factores interconectados que impactan en la independencia del oficio periodístico: la empresa y la misión empresarial en la que se inserta el periodista, la relación y el lugar que esa empresa mantiene con el escenario mediático (la competencia con otros medios) y la tensión con los anunciantes y los departamentos de marketing. La ecuación intenta ser sencilla: la empresa influye para elaborar cierto estilo de producto periodístico, con ese producto sale a competir por nichos o segmentos de lectores (o audiencia) en el mercado frente a otros proyectos que, en una especie de “fase del espejo lacaniano”, se miran todo el tiempo uno al otro para reconvertir o afianzar sus estrategias. Frente a ese oleaje, el periodista produce su material. Material que, en ciertas ocasiones, debe también complementarse con la planificación que realizan los departamentos de marketing de las empresas periodísticas. La independencia, entonces, no solo se disputa frente al poder político sino también al interior de las redacciones.

El otro factor proviene de la audiencia o público lector y la relación que se establece con el medio. Cada empresa funda ante su público un modo de acercamiento a los hechos que resume una visión de mundo que comparte con los lectores. Será entonces el periodista quien deberá moverse y ensamblar en el “contrato de lectura” establecido por el medio con su público. Aunque no determinante, las características del público también modifican el escenario de la independencia.

Hay pues, en la práctica periodística, factores de influencia que se ejercen al interior de las redacciones y que se sitúan en el carácter negociado que implica la elaboración de noticias (fuentes, empresa, público, anunciantes) que habitualmente se omiten, se reprimen, se velan.

Solo como escudo y recurso para defender la estabilidad y los intereses económicos de las empresas periodísticas, la independencia se vacía de contenido y potencia. Velar esas intenciones, mistificando y refugiándose en la figura del periodismo independiente, no solo es sesgar intencionalmente la mirada sobre un tema de complejidad sino que también representa una muestra de deshonestidad respecto de la propia práctica cotidiana.

El periodismo independiente no es aquel libre de todo tipo de presiones sino aquel que puede contar y actuar con veracidad y franqueza intelectual en medio de un clima de ataduras.

* Periodista, director de Fractura Expuesta.

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