LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

Treinta años no es nada

Diego de Charras hace un repaso conmemorativo de la historia de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, cuando se están cumpliendo treinta años de su creación.

 Por Diego de Charras *

El 10 de diciembre de 1985, al calor de la aún latente euforia alfonsinista, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires aprobaba la resolución 1627/85, por la cual se creaba la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social. En sus considerandos planteaba que “la comunicación social es (...) un campo marcadamente problemático –en buena medida experimental– que exige un trabajo riguroso de formación académica y de imaginación creadora”.

Ese carácter problemático nunca abandonó a la carrera de Ciencias de la Comunicación gestada, de un modo u otro, por profesionales de las letras, del periodismo, de la publicidad, de la sociología, de la educación, de la filosofía, de la política, de la historia y de la cultura. Estuvo junto a ella cuando un pequeño grupo de intelectuales, escritores, autodidactas y docentes universitarios, entusiasmados por el Informe Mac Bride de la Unesco –que denunciaba los desequilibrios informativos internacionales–, planteaba la necesidad de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Nomic) y participaba del Consejo para la Consolidación de la Democracia (Cocode). O cuando buena parte de los argentinos confundía a los periodistas con fiscales que denunciaban la corrupción del Estado, y allí la carrera tuvo su primer pico de inscriptos, muchos de los cuales buscaron convertirse en sagaces periodistas de investigación. O cuando hubo que propulsar contra vientos neoliberales una nueva ley de radiodifusión que removiera ese viejo lastre de la dictadura militar que era el decreto-ley 22.285 y denunciar los procesos de concentración y extranjerización de los medios audiovisuales en los noventa. O cuando hubo que bregar para que la teoría y la investigación en comunicación ocuparan un lugar de relevancia en las Ciencias Sociales.

Claro que también había que reconocer que el pasaje de un viejo edificio de la avenida Callao al 900, donde luego se instaló una notoria disquería/restaurante, a una ex maternidad en Marcelo T. de Alvear 2230, lejos de resolver los aspectos problemáticos hacía que eso de dar y recibir clase hacinados se convirtiera en una experiencia de comunicación cada vez más experimental.

Aunque claro, no todo era sufrimiento. Algún placer tenía que tener el asunto para que miles y miles de personas se inclinaran cada año por estudiar esa novel carrera: escuchar a Nicolás Casullo, a Jorge Rivera, a Aníbal Ford, a Margarita Graziano o a Patricia Terrero, entre tantas y tantos otros, sin dudas, redituaba los sacrificios y llevaba, sin descanso, a ese otro lugar que era la imaginación creadora.

Así, y con esas herramientas siempre más teóricas que prácticas, muchos de sus estudiantes se lanzaron a la aventura de poner en marcha medios comunitarios. Mientras tanto, la carrera se mudó a una sede en Parque Centenario, donde pasó trece largos años.

Desde allí, se rechazó el intento de penalización de las emisoras comunitarias durante el gobierno de De la Rúa o el decreto 527/05 de Néstor Kirchner, pero también se puso en marcha la Coalición por una Radiodifusión Democrática, que propuso los ya famosos 21 puntos, o se planteó la necesidad de un observatorio contra la discriminación en radio y televisión, que fue la antesala de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o se constituyó un foro para discutir el borrador de dicha ley.

También en esos años la carrera incorporó el Profesorado en Enseñanza Media y Superior en Comunicación Social, tres maestrías en la especialidad y se triplicó la tasa de graduados, mientras se reducía la tasa de ingreso. Y se mantuvo siempre, reactualizado por el estudiantado, el reclamo por el edificio único. Tomas, marchas y paros por la defensa de la educación pública también fueron y son parte de su fisonomía.

En 2011 la carrera llegó al nuevo edificio en el barrio de Constitución, en 2012 y 2013 al debate y elaboración de un nuevo plan de estudios y en 2014 a la puesta en marcha de su agencia de noticias Anccom (anccom.sociales.uba.ar).

Pero sobre todas las cosas puede decirse que, en sus jóvenes treinta años de historia, la carrera de Ciencias de la Comunicación más grande del país llegó a la madurez institucional que le permite que, de la mano de una rigurosa formación académica, sus graduados reemplacen progresivamente a sus maestros y que su lugar en el terreno de la investigación sea indiscutible a fuerza de la prepotencia de trabajo de sus investigadores y becarios. En estos días esta institución, hija y madre de una heterogeneidad incorregible, se apresta a festejar, en un Congreso Latinoamericano y muchas otras actividades, sus orgullosas tres décadas. Casi nada.

* Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (2014/2016).

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