PSICOLOGíA › SOBRE LA PELíCULA TUTTI I SANTI GIORNI

De la teta al canto

 Por Marcelo Augusto Pérez *

Los protagonistas de la película Tutti i santi giorni (dirigida por Paolo Virzi, actualmente en cartel) se aman. Nunca dejan de desearse. Y parecería que el proyecto de un hijo viene a romper el amor como proyecto mismo. Más allá del trazo de comedia que tiene la obra en toda su primera parte (quizá no haya modo de contar la obsesión en la que la protagonista comienza a aventurarse y su novio comienza a alienarse, si no fuese con cierto tono de humor) luego gira al núcleo central: el vacío. Núcleo en donde todos los sujetos estamos girando, donde siempre se vuelve. Si ese vacío no se puede cubrir más que con algo que se transforma en una obsesión, surge el mal síntoma, el síntoma quejoso.

¿Qué sucede cuando la madre se empecina en ser amada por su pareja sólo a condición de dar un hijo? A punto tal que la protagonista, lejos de pensar en seguir siendo mujer, enuncia: “Cuando sea madre no voy a volver a cantar”, como un mérito al que accederá en honor de su maternidad, olvidando que su novio la conoció cantando: olvidando que la teta no puede reemplazar a la voz (lo que no se escucha, lo real que enamoró a su novio). La voz es para su amante lo que la teta debería ser para su hijo; pero no hay trueque.

La película se aventura no sólo en la problemática de la infertilidad (y del comercio que los laboratorios hacen de ella), sino en la impotencia, en los avatares pulsionales del narcisismo que transforma el semen en una mera secreción imperativa del órgano, y con ello un autoerotismo que relega al coito y que, lejos de enfatizar el deseo, lo transforma en un frenesí. Un embarazo puede ser a veces la metáfora de una enfermedad, donde el sujeto olvida el encuentro con el otro, que le permitiría enlazarse a su deseo.

Pero los protagonistas de la película aceptan seguir siendo neuróticos, reencontrándose en un goce más estético y menos mortífero. El título de la obra puede hacernos reflexionar sobre aquello que la filosofía proclamó en última instancia: el sentido de la existencia en la aceptación de que todos los días puedan ser alabados.

* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “¿Qué hacer con la falta?”.

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