PSICOLOGíA › ESTUDIOS SOBRE LAS CITAS POR INTERNET

Amores on line

Diversas investigaciones examinan qué características particulares tienen los encuentros a partir de servicios de citas on line y, también, lo que pueden enseñarnos sobre cómo los seres humanos, desde siempre, buscan entablar relaciones.

 Por Pere Estupinyà *

Los portales de encuentro se han convertido en una industria multimillonaria, decenas de millones de personas se registran en servicios de citas on line. Son grandes cifras, pero la antropóloga Helen Fisher (investigadora en la Universidad Rutgers y dos veces expositora en las conferencias TED) señala que en realidad no es un cambio de paradigma tan grande como pensamos. Según ella, es obvio que Internet representa una gran ventaja para minorías o personas mayores porque les permite acceder a muchísimos más candidatos de los que podrían encontrar en su entorno, pero en realidad, tras esa fase inicial el factor definitivo continúa siendo la química que aparezca o no durante el cara a cara, y nuestros cerebros continúan enamorándose igual ahora que como lo hacían miles de años atrás. Además, esto de tener algunos datos básicos de un desconocido antes de quedar con él no es tan diferente de la cita convencional con el compañero de trabajo o con alguien recomendado por una amiga. Helen Fisher opina que “en todas las citas iniciales, desde siempre, se ha seguido un patrón de encontrarse a tomar algo contando con cierta información previa, venga de Internet o de un conocido en común; lo realmente extraño, en todo caso, es establecer una relación con un completo desconocido en un bar”.

Con tantas opciones donde elegir, los portales de citas on line son una herramienta interesante para analizar preferencias en la búsqueda de pareja, y algo que se está constatando es nuestra exacerbada predilección por similitudes en ciertos rasgos determinados. A la hora de buscar pareja, los investigadores diferencian entre las preferencias verticales y las preferencias horizontales. Las preferencias verticales serían factores como el nivel de ingresos, ocupación o volumen corporal, que estadísticamente no suelen representar un problema en caso de ser bastante diferentes. Las preferencias horizontales serían aquellas en las que en general sí se busca similitud, como creencias religiosas, ciertos aspectos culturales, edad, raza o altura. Pero la principal revelación de los estudios que han analizado citas por Internet es que, cuando disponemos de muchísimos más candidatos potenciales y criterios de búsqueda de los que tenemos cuando entramos una noche en un bar, mostramos una tendencia a la similitud mucho más marcada de lo que podríamos pensar.

Uno de los efectos más curiosos sobre la búsqueda de pareja es que sentimos atracción especial por personas con un rango de belleza que consideramos similar al nuestro. Varios experimentos han demostrado que el efecto es menor en hombres, que suelen tener preferencia por chicas cuanto más guapas mejor, pero que en general las mujeres buscan hombres más o menos atractivos en función de la percepción que tengan de su propia belleza. La consecuencia es que al final suele establecerse una correlación entre el atractivo físico de ambos miembros de la pareja.

Ahora bien, ¿eso significa que cuando alguien se fija en un chico o chica “del montón” en una fiesta se produce un caso de disonancia cognitiva? Es decir, ¿el cerebro le engaña diciéndole que esa persona es más guapa de lo que en realidad es? Varios autores han sugerido que el cerebro nos miente para hacernos felices y que aceptemos salir con personas objetivamente menos atractivas; sin embargo, un estudio de la Universidad de Columbia titulado If I’m not hot, are you hot or not? (“Si no soy atractivo, ¿tú eres atractivo o no?”) en el que se realizaron entrevistas a miembros de un portal de citas on line, concluyó que no, que en la mayoría de las personas no existe tal autoengaño, y que tanto hombres como mujeres admiten que sus parejas no son las más atractivas y las seleccionaron en función de su propio grado de belleza.

Quiero esos zapatos

Internet revoluciona los primeros pasos del dating, pero no los siguientes. Supongamos, si una tarde estamos paseando y, sin objetivo definido, entramos en una zapatería que nos llama la atención, es posible que distingamos varios zapatos que nos gusten. Pero el día que salgamos de casa con la imagen muy concreta de un zapato en la cabeza, seguramente iremos de tienda en tienda sin encontrar ninguno que satisfaga nuestras expectativas. Eso mismo puede ocurrir al buscar pareja en los portales de citas on line, según los autores de la revisión Online Dating: A Critical Analysis From the Perspective of Psychological Science, publicada en 2012 en la revista de la Association for Psychological Science. Los investigadores llaman a este fenómeno relationshopping, y consiste en conectarse a un portal de encuentros on line, ir pasando y analizando perfiles como si fueran productos de compra, y terminar con la sensación de que no nos gusta ninguno. Especialmente en el caso de las chicas, es muy común que todos los candidatos les parezcan iguales o raritos y que ninguno despierte su interés.

No hay duda de que Internet y los portales de citas on line son muy exitosos y han sido revolucionarios, especialmente para las minorías y personas con gustos o aficiones atípicas, pero esta sensación de vulgaridad y el bloqueo por tener demasiadas opciones es uno de sus peligros.

Otro es la homogamia que conllevan: varios estudios han demostrado que los usuarios suelen buscar personas que sean muy parecidas a ellos en gustos, características, aficiones, orientación política u objetivos vitales. Aunque esto pueda parecer positivo, pues permite llegar a usuarios que en teoría encajarán muy bien con nosotros, los autores de la revisión sugieren que exagerar esta homogamia bloquea el aliciente de la complementariedad y la chispa de descubrir novedades en un futuro compañero. De hecho, una de las conclusiones más relevantes del estudio es que los algoritmos utilizados por diferentes portales de citas para proponernos directamente personas que encajen con nuestro perfil, en realidad no sirven para nada. Coincidir en aficiones o expectativas no contribuye necesariamente al éxito de la potencial relación. Entre otras cosas, porque otro de los peligros identificados por la revisión es que los usuarios no son del todo sinceros al describirse en sus perfiles.

Un estudio seleccionó al azar a ochenta usuarios de citas on line para comparar la edad, el peso y la altura declarada con sus medidas reales y concluyó que ocho de cada diez usuarios habían alterado alguno de los valores. El 60 por ciento mintió acerca de su peso, el 48 por ciento sobre su altura y el 19 por ciento modificó su edad (los investigadores advierten que la muestra era de gente relativamente joven y que en mayores esta última cifra podría ser más alta). Otra investigación, de la Universidad de Duke, comparó las medidas de 21.745 usuarios con la media nacional de personas con características similares y descubrió que las chicas de entre 20-29 años que buscaban pareja por Internet pesaban 2,5 kilos menos que la media, las de 50-59 años 10 kilos menos, y los chicos eran 3,5 centímetros más altos. La interpretación de estos resultados fue obvia: la gente no es del todo sincera cuando se describe en Internet, y esto, según los autores, es contraproducente, ya que se vuelve en su contra en el momento del cara a cara. La manera inteligente de proceder es justo la contraria: aunque pueda implicar menos candidatos iniciales, deberíamos buscar la sorpresa positiva en lugar de negativa. Es como salir del cine más o menos satisfecho en función de si acudimos a ver la película sin esperar una gran obra o con expectativas muy elevadas. Lo mismo ocurre con la asimetría de información en Internet: exagerar lo positivo y ocultar lo negativo es en realidad una pérdida de tiempo para ambos.

Los autores también observaron que el intercambio de mensajes es positivo pero que, en exceso, termina disminuyendo el interés, y que lo mejor es limitar el número de perfiles que se van a contemplar, no ir con ideas muy predeterminadas, no descartar candidatos por detalles menores, ser sincero en nuestra descripción pero destacar algo que pueda distinguirnos del resto, no tardar mucho en quedar una vez se ha establecido comunicación prometedora y no hacer ni caso de aquellos con quien el portal aconseje contactar.

Pero, más allá de estas sugerencias genéricas, que pueden ser más o menos acertadas para casos concretos, la discusión académica de fondo es si realmente los contactos virtuales han supuesto una revolución en la manera como las personas encuentran pareja. Los datos sugieren que sí.

Ya entre 2007 y 2009, el 22 por ciento de las parejas heterosexuales formadas en Estados Unidos se habían conocido por Internet, lo cual representa la segunda forma más común de encuentro, superada sólo por conocerse mediante amistades. Por otro lado, la percepción de escepticismo que había hace unos años ha mejorado rápidamente y, ya en 2006, el 44 por ciento de personas opinaban que Internet era una muy buena manera de encontrar pareja.

* Texto extractado de S=Ex2. La ciencia del sexo (ed. Debate).

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Imagen: Corbis
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