PSICOLOGíA › NUEVOS MALESTARES DE LAS MUJERES

“Laberintos de cristal”

 Por Mabel Burin *

El concepto de “laberintos de cristal” ilustra la experiencia que las mujeres reiteran en los relatos de sus trayectorias laborales. Es una noción más bien descriptiva, que muestra los itinerarios de mujeres jóvenes que tienen una triple carga de trabajo: el trabajo productivo, el trabajo reproductivo –especialmente con la maternidad– y el trabajo de cuidados, si tienen que ocuparse de familiares enfermos, discapacitados, etcétera. Habría aun una cuarta carga, la del trabajo comunitario, cuando se ven involucradas en actividades extraescolares de sus hijos o en establecer lazos con la comunidad barrial, parroquial, educativa, en la participación política. Esta descripción fue utilizada en el Informe Regional sobre Desarrollo Humano del Instituto de Desarrollo Humano (Costa Rica, 2010) y citada por Michelle Bachelet (“Laberintos de cristal”, diario El País de Madrid, 22 de julio de 2010), para comentar las dificultades con que se encuentran las mujeres en su lucha por la igualdad.

En nuestra escucha de los nuevos malestares de las mujeres, hemos hallado que perciben sus itinerarios laborales al estilo de un laberinto de cristal, donde la figuración del laberinto aparece como un espacio con varios puntos de entrada y de salida –a diferencia de los laberintos clásicos descriptos por diversas mitologías–, en tanto que la imagen de cristal se debe a que perciben sus paredes como transparentes: a través de las paredes del laberinto pueden ver otras mujeres que, como ellas, circulan por el laberinto buscando variados caminos para seguir avanzando. Este sería uno de los rasgos diferenciales del techo de cristal, que presupone una escala laboral unidireccional, con una cima a alcanzar como punto exitoso de llegada. El laberinto de cristal pone el acento en las trayectorias que se van haciendo, con sus marchas y contramarchas, más que en una búsqueda de un punto definitivo de llegada.

En estas marchas y contramarchas, avances y retrocesos que las mujeres describen en sus itinerarios laborales, hemos encontrado dos tipos de desarrollos afectivos. Por una parte, el sentimiento de confusión, la persistencia de estados de perplejidad e interrogantes al estilo de “¿cómo me fui perdiendo en todos los caminos que emprendí?”. La clave de esta experiencia es la ambigüedad, que implica indefiniciones y dudas, acompañada de un doloroso registro de parálisis en sus capacidades de iniciativa y toma de decisiones. Se destacan también estados depresivos, con sus clásicos componentes de autorreproches, inutilidad, autoculpabilización, sentimiento de haber perdido una valiosa guía laboral, teñido de tristeza y desesperanza, con sus implicaciones que apuntan a la detención en su desarrollo laboral.

El sentimiento de ambigüedad hacia sus carreras laborales ya ha sido desarrollado por Cristina Borderías (“Identidad femenina y recomposición del trabajo”, en El futuro del trabajo, comp. de A. Rodríguez, B. Goñi y G. Maguregi), al describir los conflictos en la identidad femenina con relación a la inserción laboral. Esta autora destaca, en la experiencia femenina, la categoría de análisis de la ambigüedad, relacionada con la doble presencia, es decir, el desempeño simultáneo en el ámbito privado de la esfera familiar y en el ámbito público del trabajo.

Borderías utiliza la noción de ambigüedad en un nivel descriptivo, pero hemos encontrado que algunos de sus componentes emocionales implican una complejidad que merece investigarse. El conflicto es identitario, se refiere a la identidad de género y responde a la pregunta por el ser: “¿quién soy como mujer en este desarrollo laboral?”. Esto es así porque las mujeres suelen insertarse en carreras laborales con una fuerte impronta de la cultura masculinizada; ellas expresan serias dificultades para reconocerse en tanto mujeres, por ejemplo en su vestimenta habitual, en sus estilos comunicacionales, en los horarios de trabajo requeridos.

Un resultado frecuente de la experiencia de ambigüedad es el conflicto de ambivalencia: las mujeres se sienten atraídas por esos lugares de trabajo pero rechazan los modos de desarrollo de las carreras laborales bajo esas condiciones. En el conflicto de ambivalencia, la pregunta no es por el ser, sino por el hacer: “¿cómo hago para sostener un trabajo que a la vez me atrae y me provoca rechazo?”. En ésta coexisten emociones contradictorias, lo cual puede dar lugar a estallidos emocionales dolorosos, que a menudo se expresan como trastornos psicosomáticos.

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