SOCIEDAD › SU CHARLA SE MUDO A CONSTITUCION Y ESTA VEZ NO HUBO INCIDENTES

Gomperts pudo hablar

Por Carlos Rodríguez

Esta vez no se repitió la guerra del Teatro General San Martín, donde un grupo de católicos amenazantes –parece impropio llamarlos militantes a secas– repartieron golpes a diestra y siniestra, con la imagen de Jesús como bandera. La médica holandesa Rebecca Gomperts pudo exponer en paz, con voz pausada, sus ideas a favor de la legalización del aborto. Habló ante una sala llena, pero no en el San Martín, ya que el gobierno porteño, en una decisión muy criticada por las asistentes a la charla, decidió que se cambiara el escenario previsto, en pleno corazón de Buenos Aires, por un lugar más alejado y menos ruidoso, el Centro Cultural del Sur, en Caseros 1750 del barrio de Constitución. En la apertura de su exposición, en un castellano por momentos complicado, Gomperts lamentó los incidentes del viernes, de los que hizo responsables “a un pequeño grupo de fanáticos que nos impidió el derecho humano de la libre expresión”.
Los ejes políticos del encuentro habían sido fijados, previamente, por la legisladora porteña Noemí Olivetto, de Autodeterminación y Libertad, quien cuestionó “el cinismo muy grande que demuestra la dirigencia política argentina, tanto de derecha como de izquierda” cuando se trata de analizar el tema del aborto y su legalización. En una de sus primeras frases, tomando en cuenta su experiencia europea, la invitada recordó que “es mucho el poder que tiene esta gente que no quiere reconocer el derecho de las mujeres a decirle no a un embarazo no deseado”.
Gomperts precisó que en Holanda se practican por año 30 mil abortos legales, pagados por el gobierno, y resaltó que la legalidad hizo disminuir en forma rotunda el número de muertes por operaciones ilegales. “Los casos de muerte disminuyeron a uno cada 500 mil casos.” Por eso puntualizó que “el aborto ilegal es mucho más peligroso”, dato que puso en duda la afirmación de los detractores que dicen estar “a favor de la vida” y que no toman en cuenta las muertes que se producen a partir de la industria clandestina que generan los embarazos no deseados.
La médica holandesa insistió en que los miembros de Women on Waves (Mujeres sobre las Olas), la organización no gubernamental a la que ella pertenece, sólo provocan abortos utilizando una droga que no está legalizada en la Argentina y que se llama Mifepristone. Gomperts explicó que la droga puede ser utilizada “en forma segura y eficaz” hasta las nueve semanas de embarazo, aunque en Holanda el gobierno estableció un límite máximo de seis semanas y media. Rebecca dijo que lo ideal es que la droga sea suministrada en un hospital, bajo control médico, para que no haya complicaciones de ningún tipo.
Recordó que cuando llevaron a Polonia la campaña en favor de la legalización del aborto, fue “la propia Iglesia Católica” la que brindó su apoyo a “grupos violentos, como los que actuaron acá”, en alusión a lo ocurrido el viernes. De todos modos, señaló como un éxito que después de la campaña realizada “un 65 por ciento de la población se haya declarado a favor del aborto legal, cuando antes sólo se llegaba al 44 por ciento de adhesión”. Para la médica holandesa, el peor camino es silenciar el debate porque “cuando se habla del tema cambia la percepción pública, mientras que ocurre lo contrario cuando nadie habla y el tema es tabú”.
Al hacer una comparación con las movilizaciones contrarias ocurridas en la Argentina, recordó que fue todavía más dura la campaña en Portugal, “donde el Ministerio de Defensa llegó a decir que estaba en peligro la seguridad del Estado”. La llegada del barco donde pueden realizarse los abortos, fuera de las aguas jurisdiccionales del país de turno, provocó en Portugal que enviaran como “bienvenida” dos navíos de guerra que le cerraron el paso. Sobre la posibilidad de que la nave llegue el año próximo a la Argentina, dijo que depende de cuestiones económicas. Como cierre, impulsó el debate y la campaña por la legalización, porque eso sirve “para que la opinión pública cambie para poder cambiar la ley”. Afuera, por si volvían los iracundos “custodios” de Dios, la calle estaba llena de policías con palos, escudos y móviles.

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