SOCIEDAD › LAS CONSECUENCIAS DE UN DESCUBRIMIENTO SOBRE CELULAS MADRE

El final para un negocio redondo

Fue un hito: científicos obtuvieron células madre sin embriones. Las perspectivas que se abren y los negocios que se terminan.

 Por Pedro Lipcovich

El hecho de lograr “células madre” a partir de células comunes de la piel –concretado por dos equipos científicos en Japón y Estados Unidos– permitirá, entre otras cosas, socavar uno de los “preocupantes negocios” que, según observó un investigador argentino, crecen alrededor de las stem cells: el negocio de quienes ofrecen preservar células del cordón umbilical de recién nacidos, que en un hipotético futuro podrían servirles para reparar órganos dañados. A partir de la flamante técnica, podrían conseguirse células madre de cualquier persona, en cualquier etapa de su vida y, por provenir de su propio organismo, no generarían rechazo en eventuales tratamientos. Pero esos tratamientos, por ahora, no son más que eso: eventuales, situados en un futuro incierto. Las perspectivas que abren las stem cells son fabulosas –“fabricar” tejidos del páncreas y curar la diabetes; “fabricar” tejido nervioso y paliar el Alzheimer; reconstruir órganos enteros–, pero todavía no existe en el mundo ningún tratamiento que las utilice, aunque sí médicos que los ofrecen. Entretanto, se estima que la posibilidad de utilizar células adultas hará innecesario recurrir a embriones humanos para obtener las células madre y esto –aunque lo celebren George Bush y Benedicto XVI– es bueno.

El nuevo método fue anunciado simultáneamente por un equipo norteamericano –dirigido por James Thomson, de la Universidad de Wisconsin–, que publicó su hallazgo en la revista Science, y uno japonés –dirigido por Shinya Yamanaka, de la Universidad de Kioto–, que publicó en la revista Cell.

El equipo japonés obtuvo stem cells a partir de células cutáneas de una mujer de 36 años y también a partir de células de tejido conectivo de un hombre de 69. En ambos casos, utilizaron virus para “infectar” el ADN con un total de cuatro genes que intervienen en la diferenciación celular.

Omar Coso –profesor en la Facultad de Ciencias Exactas e investigador del Conicet– lo explicó así: “Todas las células del organismo tienen exactamente el mismo material genético, pero en las de la retina, por ejemplo, sólo funciona un subconjunto de genes que es distinto al que funciona en una célula del hígado. Esta diferenciación se ha obtenido a partir de un estado indiferenciado, en las primeras etapas del embrión, donde cada célula es ‘totipotencial’, puede transformarse en cualquiera de las células especializadas del organismo adulto. Y, para promover esta diferenciación, hay genes específicos que se ‘encienden’ sólo en determinadas etapas de la vida, sólo a fin de dar el envión necesario para que la célula se diferencie”.

Al inyectar cuatro de esos genes, normalmente inactivos en una célula ya diferenciada, los científicos de Kioto hicieron retroceder el reloj biológico. El equipo norteamericano utilizó otros genes –también incorporados mediante virus– y los aplicó sobre células más tempranas, obtenidas de piel de feto y del prepucio de un recién nacido. También lograron hacerlas retroceder a las primeras etapas del desarrollo embrionario. “Estas células hacen todo aquello que hacen las células embrionarias y esto cambiará las cosas por completo”, se alborozó Thomson.

En caso de que, finalmente, se ponga a punto la aplicación de técnicas para obtener tejidos humanos a partir de stem cells, utilizar células del propio sujeto adulto permitiría que esos tejidos tuvieran su misma composición genética, lo cual eliminaría la posibilidad de que su sistema inmune los rechazara.

George W. Bush está “muy contento”, según dijeron ayer sus asesores. El presidente de Estados Unidos se opone a la utilización de embriones humanos (sobrantes en las técnicas de fertilización asistida) para obtener células madre y restringió la financiación federal para esas investigaciones. También Ignacio Carrasco, canciller de la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano, estimó “positiva e importante” la posibilidad de obtenerlas sin destruir embriones. Pero Thomson, más bien que celebrar estos elogios, replicó que “la polémica política ha retrasado avances significativos en los últimos cinco años”. El investigador había sido pionero en el desarrollo de las primeras líneas de stem cells humanas a partir de embriones.

En Buenos Aires, el investigador Coso comentó: “Cada vez más a menudo, conocidos míos que están por tener un hijo se acercan a preguntarme: ‘¿Te parece, cuando nazca, preservar células madre del cordón umbilical, por si las llega a necesitar?’. Es que se ha desarrollado un negocio que no requiere mucha inversión: un departamento, unos tanques de nitrógeno líquido, y te cobran mensualmente por preservar una muestra biológica que jamás va a ser usada”. Hoy, cuando se han obtenido stem cells a partir de la piel de un hombre de 69 años, ese negocio pierde sustento. “Los negocios que crecen alrededor de este tema son preocupantes –advirtió–: las células madre no son una panacea y todavía no tienen aplicación práctica.”

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Las células madre fueron obtenidas de piel humana sin necesidad de utilizar embriones.
 
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