SOCIEDAD › EL SECUESTRO EXPRESS DE JUAN JOSE SERRIZUELA

Un negociador de 17 años

El mundillo del fútbol volvió a ser blanco de un “operativo” secuestro. El jugador de Lanús Juan José Serrizuela fue raptado en la noche del miércoles cuando estaba por ingresar a su casa de Don Bosco, en Quilmes, junto a su cuñado. Luego de “dar vueltas” durante más de una hora por el partido bonaerense de Avellaneda, fue liberado, tras el pago de un rescate que, según fuentes policiales, habría rondado los 10.000 pesos. “Me amenazaban con que me iban a pegar dos tiros en las piernas para cortarme la carrera”, contó el futbolista a Página/12. Ahora, la DDI de Quilmes lleva adelante la investigación, aunque aún no han encontrado rastros de los delincuentes.
El hecho se produjo cerca de las 21.30 cuando el jugador bajaba de su auto marca Audi para ingresar a su casa, ubicada en Gordillo 117. “Llegaba del entrenamiento con mi cuñado, y cuando bajaba nos agarraron tres personas y nos subieron a una camioneta, mientras otro se llevaba mi auto”, que una hora más tarde de finalizar el secuestro, ya se encontraba en poder de la policía de Quilmes. “Encima, cuando llegábamos, mis hijos –de 2 y 4 años– abrieron la puerta para recibirme, junto a mi esposa” embarazada de nueve meses, que tiene programado su parto para el próximo sábado. Según Serrizuela, había “una tercera persona que estaba en moto, pero no estoy seguro de que estaba con los secuestradores”.
Los delincuentes siguieron al futbolista, de 27 años, durante varias cuadras. Sin embargo, cree que fue secuestrado al azar, ya que los delincuentes se dieron cuenta de que era un futbolista cuando ya se había iniciado el secuestro. Una vez que estaban arriba de la camioneta, “nos apuntaban con un arma en la cabeza y nos obligaban a mirar para abajo para no ver sus caras”. De todos modos, Serrizuela reveló que “eran jóvenes, tenían entre 25 y 30 años”. Los delincuentes “pasearon” al jugador y a su cuñado por las céntricas avenidas Mitre y Belgrano, en Avellaneda. “Fue muy feo porque no sabía qué iban a hacer.”
El jugador dijo que se cruzaron con varias patrullas policiales, aunque consideró que “fue mejor” que ningún policía advirtiera lo que sucedía, ya que los delincuentes estaban muy nerviosos y violentos. Serrizuela había tenido custodia el año pasado, cuando el secuestro a futbolistas “se puso de moda”. Es que, además, había recibido información sobre la posibilidad de que sus hijos fueran secuestrados. Pero luego viajó a España por razones laborales y a su vuelta, en noviembre del año pasado, no volvió a contratar seguridad.
Los llamados desde la camioneta a la casa de los Serrizuela se repetían una y otra vez. Los secuestradores querían que la esposa pagase el rescate, pero el jugador no dudó: “Ni loco”, les dijo. El sobrino del futbolista, de 17 años, tomó el lugar de negociador y pagó el rescate.
“Insistían en que pagara porque si no me decían que me iban a pegar dos tiros en las piernas. Pero yo sufría más por mi señora y mis hijos. Nosotros estábamos tranquilos, pero no sabía qué podían hacer”, resumió.
El episodio llegó a su fin cuando el sobrino pagó el rescate en el supermercado Carrefour de Avellaneda. “Me decían quedate en Wilde, después fui a un Coto, y al final fui al Carrefour, donde me subieron a un auto y pagué el rescate”, explicó el sobrino. Serrizuela fue liberado junto a su cuñado en el partido de Avellaneda, cerca de la autopista Buenos Aires-La Plata. “Pero recién respiré cuando vi que mi mujer y mis hijos estaban bien”, contó.

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