SOCIEDAD › UN LUGAR PARA DROGARSE AL AIRE LIBRE EN LOS ’80

Primer intento de cambiar la visión

 Por Emilio Ruchansky

A fines de los años ochenta, en Zurich existía un punto de encuentro donde los consumidores de heroína se contactaban con sus dealers y se pinchaban. No era ningún galpón cerrado ni oculto. Era una plaza llamada Platz Plitz, que luego sería rebautizada como “Needle-Park” (el parque de las agujas), y quedaba a pocos pasos de la estación central de trenes y de la city financiera. Las autoridades, políticas y policiales, permitieron que el parque fuera usado por los consumidores, pese a su transitada ubicación. En poco tiempo, el gobierno armó una estructura socio-sanitaria en una casilla ubicada allí, donde los médicos se turnaban en guardias para atender casos de sobredosis y los usuarios accedían a chequeos médicos básicos, además de contención psicológica y asistencia social.

“Estas escenas abiertas causaron un gran impacto. Por primera vez, mucha gente tomó contacto con otras realidades, extremas a veces, porque existían altos índices de contagio de VIH por compartir jeringas. En ese lugar se daban jeringas estériles, fue pionero en la práctica de reducción de daños. Pero con el tiempo se fue desvirtuando. Primero porque empezaron a llegar usuarios de otras partes de Suiza y luego de otros países de Europa. Y no sólo a drogarse, sino también a comprar heroína ahí porque era de buena calidad, por lo que muchas veces se la llevaban. Esto también generó problemas entre los dealers y finalmente con la policía”, explicó Nelson Feldman, que trajo al país un libro que recorre esta historia, se llama El parque de agujas zuriqués y contiene las ilustraciones que se publican en esta página.

El parque tuvo picos de masividad, llegaron a concurrir alrededor de 3 mil personas, y la heroína no era muy cara, en comparación con lo que pasaba en otros países. Este hecho, más la tolerancia policial, permitió que muchos usuarios fueran de lugares vecinos a autoabastecerse. Aparecieron campamentos estables de usuarios en el parque, quienes pasaban varios días allí. El desborde generó decenas de muertes por sobredosis hasta que el lugar se cerró en 1992. Luego de varios intentos por recuperarlo, los heroinómanos se trasladaron a la estación Letten, a pocos metros del parque. Allí permanecieron tres años más, hasta 1995, cuando fueron nuevamente desalojados por la policía. “Lo interesante de esta experiencia fue la visibilidad que tomó el tema, lo urgente que era contener esta situación. Las salas de consumo fueron una respuesta a esta realidad, una respuesta mucho más integral”, aseguró Feldman.

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