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Apremios que son torturas

“Me pusieron en el cuartito, ahí me agarraron cuatro o cinco policías –declaró Carlos José en su denuncia ante la fiscalía 3–. Estaban uniformados, todos me pegaron, me hicieron poner de espaldas contra la pared; yo tenía las manos esposadas; uno se puso de frente y me pegaba con un palo corto de goma, me pegaba en el estómago; yo me quería morir del dolor, cuando me agachaba por el golpe los otros que estaban de cada lado mío me agarraban de las orejas y me hacían poner derecho y me daban cachetazos en la cara. Tengo toda la cara y las orejas golpeadas. El policía que me pegaba con el palito era más petiso que yo, flaquito de piel blanca, uno de los que me pegaban que se había puesto a la izquierda mío era más alto, como de 1,80, robusto, de piel morena, de pelo oscuro, y era el único que tenía un chaleco antibalas; otro de los que me pegaban se puso a mi derecha, es de mi altura, delgado de piel blanca, tenía la campera del uniforme abierta, y me decía: ‘Somos un par así que te vamos a pegar toda la noche si no nos decís dónde está el fierro’. Los puedo reconocer si los vuelvo a ver o me muestran fotos, también había otros dos o tres (...) pasaban, me pegaban trompadas o patadas en cualquier lugar del cuerpo y se iban, esos daban vueltas, los otros estaban fijos, por ahí me tiraron al piso y uno me puso en la cabeza una bolsa de plástico de ésas de supermercados, de mandados, y me hacía ahogar (...)”.

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