SOCIEDAD › MEMORIA GRAFICA DE LA ARGENTINA

Un día en el AGN

 Por Soledad Vallejos

Sobre la mesa de trabajo hay un sobre de papel para guardar negativos y tiene un membrete: “Subsecretaría de Informaciones. Dirección General de Prensa. División fotografía”. Hoy está en un escritorio del Archivo General de la Nación (AGN). Sobrevive desde la época en que Raúl Alejandro Apold regía los destinos de esa oficina y ahora es patrimonio histórico, como la imagen que llegó en su interior, y que en el presente, en este octavo piso de Alem al 200, está en proceso de revisión y puesta a punto para, luego, ser digitalizada. Seis pisos más abajo, unas cuatro personas pasan el rato ante computadoras en las que pueden ver qué imágenes aparecen atesoradas bajo ciertas palabras clave, o por años en particular. Saben que una vez que den con lo que buscan, con identificar el archivo, alcanza para pedir una copia en soporte digital, que está arancelada (3 pesos cada foto), pero es posible y rápida de obtener. Emilia, una de las responsables de atención al público, dice que reciben unas 200 visitas por mes, que son “estudiantes, constructores, documentalistas y muchos arquitectos, porque vienen a buscar fotos de lugares específicos de la ciudad para hacer trabajos de restauración”.

El AGN resguarda, entre otras cosas, la memoria fotográfica de Argentina, en un departamento específico que en los últimos tres años atravesó un proceso de digitalización masivo. ¿Por qué? Porque tenía fondos preciosos cuya manipulación podía terminar por perjudicarlos de manera irreversible. El sociólogo Juan Pablo Zabala, que dirige la institución, detalla algunos archivos cuyas imágenes forman parte de la memoria histórica social. Habla del archivo Witcomb (el estudio fotográfico que retrató el cambio del siglo XIX al XX y también buena parte del XX), “que en su mayoría son retratos y tarjetas de visita y están en placas de vidrio”. El fondo, además, incluye las fotografías tomadas por Cristiano Junior, el portugués que vendió su estudio pionero a los Witcomb y que antes había retratado a Lucio V. Mansilla, Domingo Faustino Sarmiento y otras celebridades, pero también tuvo la alocada idea de recorrer el país a fines del siglo XIX para dejar “álbumes de vistas y costumbres” de Argentina.

Zabala sigue enumerando: “El archivo fotográfico de la revista Caras y Caretas, de diarios como Crítica, Noticias Gráficas, Tiempo Argentino, Alerta. También hay fondos proporcionados por el Estado, como las fotografías de (el director de Fotografía de Presidencia de la Nación) Víctor Bugge, y los fondos de la Secretaría de Prensa y Difusión con sus variantes a lo largo de los años”. A todo eso, además, se sumaron colecciones privadas. Actualmente, de las cerca de 400 mil fotografías preservadas por el AGN, unas 320 mil se pueden consultar digitalizadas.

“Un archivo siempre tiene la tensión acceso-conservación. Y esa tensión es irresoluble”, explica el sociólogo Zabala, a la hora de razonar sobre la necesidad de que archivos históricos preserven materiales, pero sin cerrar la posibilidad de circulación. A la hora de debatir esos límites, la posibilidad técnica de digitalizar imágenes permitió aflojar las restricciones y ampliar el acceso en un mismo movimiento. Por un lado, las fotos pueden consultarse sin necesidad de ser manipuladas materialmente, con lo que se ahorra un desgaste antes inevitable. Por otro, al ser un archivo digital conectado a una red de computadoras, también pueden ser consultadas por varias personas al mismo tiempo; la idea de sacar turno para ver una foto ya no existe.

“Ante la urgencia, siempre hay que digitalizar”, dice Zabala, quien refiere la necesidad de rescatar aun antes de poder evaluar porque, de otro modo, la dilación podría traducirse en una pérdida. En el AGN todavía quedan materiales por digitalizar, pero, explica el director, está proyectado que sean terminados todos los fondos para fines de este año. En el camino, por otra parte, se hizo un reordenamiento temático, aprovechando que también puede facilitarse el acceso desde el criterio de consulta. “Es como reconstruir conceptualmente los ficheros. Antes, se seguía el criterio archivístico de guardar según el origen del fondo. Ahora, nosotros no queremos perder esa información que existe, pero sí aplicar las posibilidades de la base de datos. Entonces sumamos la posibilidad de buscar por nombre, algo que antes era mucho más complejo”.

Emilia no duda un segundo si tiene que decir cuál es el hit de las búsquedas: “peronismo, Eva, Perón. Siempre”. En los últimos tiempos, también se registraron muchas consultas de transportes. Pero hay algo así como recurrencias de temporada: poco antes de las fechas patrias, no faltan las consultas relacionadas. Un clásico permanente, sin sobresaltos pero con regularidad, es también el pedido de imágenes del Buenos Aires antiguo, cuanto más principios del siglo XX, mejor.

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Imagen: Sandra Cartasso
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